DERECHO AFRICANO

Todas las sociedades han creado, a lo largo de su historia, un conjunto de principios, leyes y tabús para regular las relaciones humanas entre sus miembros.

Desde la creación de los estados modernos africanos, en todos ellos se crearon instituciones judiciales similares a las existentes en sus antiguas metrópolis, aunque respetando, en algunos casos, algunas instituciones tradicionales.

Hay infinidad de variaciones en estas instituciones tradicionales, según los factores históricos, religiosos, sociales, … que hayan influido en su desarrollo.

Así, son muy diferentes las instituciones de los pueblos ganaderos de las de agricultores o cazadores y recolectores; las heredadas de los antiguos Estados centralizados (muy similares a las instituciones judiciales contemporaneas), de aquellas desarrolladas en pueblos que tuvieron estructuras descentralizadas.
Suelen tener características diferentes las normas legales en las sociedades matrilineales y patrilineales. En las primeras, la autoridad familiar, la descendencia, la herencia, siguen la linea materna; en tanto que en la sociedades patrilineales siguen la linea paterna. Aunque en la mayoría de las sociedades africanas, la familia ha tenido una jerarquía estricta de autoridad según la cual los varones han gobernado, en la sociedades patrilineales, el marido, o en su caso el hombre de más edad, es la principal autoridad familiar; en cambio, en las matrilineales, generalmente será el hermano mayor de la esposa la autoridad familiar.

Y esto rige para todos los asuntos legales familiares. En la sociedad matrilinel, será la familia de la esposa quien decida el reparto de su herencia y será ella la destinataria de todos los bienes de la familia. En caso de que la autoridad de una comunidad tenga un carácter hereditario, a la muerte de un jefe, su descendiente será nombrado de entre los hijos varones de su madre, de su hermana mayor, etc.

En cuanto a las penas impuestas, depende de la gravedad de los delitos y, en general, suelen ser considerados como los más graves los delitos de brujería , asesinato y robo.

En muchos casos, una persona que es culpada por brujería no tenía ninguna oportunidad de defenderse ni de reparar el mal causado y , a menudo, su destino era la muerte o el destierro. En muy pocas sociedades han existido mecanismos o rituales para neutralizar el poder de la brujería y lograr que la persona recuperara su reputación.

A veces, la familia de una persona culpable de asesinato, era castigada a que fuera muerta un miembro de la misma, de edad similar a la del asesinado, como compensación a la familia del difunto.

A parte de estas condenas físicas, el ostracismo de la comunidad ha sido el castigo más severo. Quien es castigado de esta manera supone que no podrá compartir la vida de la comunidad. Y en el caso habitual de que la sanción fuera impuesta a la familia, esta no recibirá más visitas, se le negará el saludo, no se les comprará ni venderá ningún tipo de artículo.

Otro delito considerado grave es el del robo. Así, por ejemplo, son considerados como delitos de los más graves, el robo de ñame (yuca) en una propiedad ajena, en el pueblo Igbo; o el robo del pescado que contiene una trampa puesta por otra persona, entre los Ogoni y Kalabari.

En los casos de una grave ofensa o deshonra contra la comunidad (un asesinato, incesto, …), muchos pueblos africanos consideran que esa mancha moral tiene que ser limpiada o expiada por expertos, mediante rituales especiales para aplacar a los seres espirituales y a los espíritus de los antepasados por entender que también han sido ofendidos.

Hasta que la expiación se haga, la comunidad entera (y no sólo los individuos culpables), se encontrarán en peligro y con grave riesgo de sufrir algún desastre.

En algunas sociedades, el adulterio es castigado con severidad. Así, en los pueblos del suroeste de Angola por ejemplo, entre los nyaneka, kuvale, kuanyama y otros, el adúltero debe hacer frente al ekoi o multa consistente en dos cabezas de ganado vacuno o más dependiendo de la duración de la relación adúltera. Quien no tiene ganado debe pagar en otros bienes por un valor similar. Se suele justificar el castigo únicamente impuesto a los hombres, por considerar que suelen ser éstos los que toman la iniciativa en los casos de adulterio y porque las mujeres no suelen contar con bienes importantes para poder pagar el ekoi.

Se conocen muchos casos en los que maridos con problemas financieros han animado a sus esposas para que cometan adulterio y poder cobrar el ekoi.

Se irán aportando diferentes trabajos sobre estas leyes, su aplicación, sobre las formas de administrar la justicia, etc. en temas tan diversos como la propiedad, la famila, la administración etc.que diferentes sociedades africanas han tenido en el pasado o tienen en la actualidad.