EL GOBIERNO Y LA ECONOMIA

¿Cómo influyen los gobiernos en la economía?

Los gobiernos disponen de tres grandes instrumentos de control:

Los Impuestos, que sirven para reducir el gasto privado y permitir así el gasto público. (Ejemplo, un viaje a la playa, por automóvil, se aplican impuesto de caminos y puentes que permite mantener y construir nuevas carreteras, además de puentes).

Los Gastos, que inducen a las empresas o a los trabajadores a producir ciertos bienes o servicios. (como la protección policial, o la recolección de basura.)
La Regularización, o control que llevan a los individuos a realizar determinadas actividades económicas o a desistir de realizarlas. (como normas de seguridad de una empresa, o a la contaminación que puede emitir una empresa)

Las Funciones Del Estado En realidad son cuatro funciones:

1. El Marco Jurídico.- Fija las reglas del mercado. Se refiere a las normas sobre los contratos, las obligaciones de los sindicatos y los empresarios. (ejemplo, en el siglo XIX las empresas no eran responsables de los trabajadores que se enfermaban por trabajar sino hasta el siglo XX, el sistema jurídico ha mejorado haciendo que las empresas sean legalmente responsables de sus actos y productos)

2. La Asignación.- Se trata del aspecto microeconómico de la política, concentrado en el que y el como de la vida económica. (por ejemplo, El precio de la tortilla, ya que algunas veces el gobierno toma decisiones de la oferta y la demanda)

3. La Redistribución De La Renta.- la toma de decisiones del gobierno puede ser sumamente eficiente pero da lugar al mismo tiempo a una distribución de la renta muy desigual o injusta. (ejemplo El precio del kilowatt de la energía eléctrica varia dependiendo de la zona)

4. La Estabilización Macroeconómica.- Prácticamente los gobiernos tratan de combatir el desempleo crónico, el estancamiento económico y una rápida inflación de precios, pero también trata de fomentar la aceleración del crecimiento

¿Por qué no dejarlo todo a las fuerzas del mercado? Para empezar, conviene recordar que los mercados y los gobiernos pueden –y de hecho lo hacen– trabajar juntos. Para que los mercados funcionen de forma efectiva, hay que asegurar el cumplimiento de los tratos y hay que desalentar el fraude. Sin un sistema legal gubernamental que garantice los derechos de propiedad y vele por el cumplimiento de los contratos, la organización corporativa y el intercambio comercial en los mercados sería prácticamente imposible. Anarquía y mercado libre no son sinónimos.

Pero, además de arbitrar las transacciones privadas, el gobierno tiene otras funciones. Los mercados que se dejan solos, a veces producen resultados ineficientes. Por ejemplo, los mercados transmiten información de forma eficaz y proporcionan los incentivos adecuados sólo cuando los vendedores compiten con suficiente intensidad para hacer bajar los precios hasta el coste.

Pero, en determinadas circunstancias, las empresas pueden obstaculizar las fuerzas de la competencia poniéndose de acuerdo para mantener los precios elevados, o fusionándose, hasta el punto en que las decisiones individuales sobre la producción afectan sustancialmente a los precios. Las leyes constituyen el instrumento de la política pública para evitar esta colusión anticompetitiva y las fusiones. La actuación pública complementa las fuerzas del mercado apoyando las condiciones que favorecen la competencia. Un importante segundo medio de fomentar la competencia en los mercados es la reducción de las barreras comerciales y otras distorsiones que desalientan la entrada de proveedores extranjeros de bienes y servicios. El gobierno también puede tener un papel cuando las grandes compañías tienen ventajas de coste que desalientan la entrada de otras compañías y, de esta forma, hacen imposible la competencia sostenida. Por ejemplo, en estas circunstancias, el gobierno puede regular directamente los precios como un sustituto de las fuerzas del mercado.

Los mercados también producen resultados ineficientes cuando los precios que acuerdan los compradores y los vendedores no tienen en cuenta los beneficios ni los costes que afectan a terceros. El resultado se llama externalidad, y un ejemplo del mismo sería, según un libro de texto, la contaminación del aire. Definir y hacer cumplir los derechos de propiedad para el uso de aire limpio tendría un coste prohibitivo. Por lo tanto, si no es haciendo pagar a los contaminadores un impuesto compensatorio, comprando permisos de emisión, logrando obediencia a través de regulaciones o enfrentándose a las responsabilidades impuestas por una ley medioambiental o de perjuicios indemnizables, no se tiene en cuenta el coste de la contaminación que producen.

Ello conduce a unos niveles excesivos de emisiones no deseables –una externalidad negativa. Las externalidades también pueden ser positivas, confiriendo beneficios en lugar de imponer unos costes a terceros. Por ejemplo, las vacunas no sólo protegen de las enfermedades contagiosas a quienes las reciben, sino que evitan su propagación al resto de la población. Un ejemplo importante de un bien público con efectos positivos es la investigación científica básica, cuyos beneficios pueden exceder con creces a los obtenidos por la compañía o institución que lleva a cabo la investigación.

En estos casos, la ayuda federal acorde con objetivos seleccionados puede ser positiva. Las inversiones en transporte e infraestructura de comunicaciones son otro buen ejemplo. Las numerosas iniciativas recientes, como los programas del Departamento de Transportes para proporcionar y financiar con apalancamiento carreteras públicas y privadas de peaje, pueden generar amplios beneficios a través de la promoción del desarrollo económico regional.

Las asimetrías de la información, en las que una de las partes de una transacción sabe más que las demás, también pueden socavar la eficiencia del mercado. Los seguros de enfermedad ofrecen un ejemplo instructivo. Si los consumidores de seguros de enfermedad conocen mejor que los proveedores las posibilidades de ponerse enfermo en un año determinado, solamente contratarán los seguros quienes saben que tienen más probabilidades de ponerse enfermos. A medida que aumentan las primas para reflejar el mayor riesgo de los compradores de un seguro, los más sanos de entre ellos –para los que el coste del seguro excede ahora sus necesidades previstas de salud– desaparecen del mercado. Este proceso de selección adversa se puede repetir hasta el punto en que el mercado se colapsa.

Una razón por la que el gobierno, y no los aseguradores privados, proporciona asistencia sanitaria para los mayores a través de Medicare, es que los mayores pueden tener más conocimiento en relación con el estado de su salud que cualquier asegurador privado, dando lugar a un problema de selección adversa. Mantener un grupo de riesgo que incluya a toda la población elimina el problema.
Finalmente, el estándar de eficiencia no es la única base para juzgar el rendimiento de una economía. Probablemente, la acusación más frecuente que se ha hecho contra los mercados es que pueden dar lugar a una significativa desigualdad de oportunidades y de resultados. Los impuestos progresivos sobre la renta, la educación pública gratuita así como numerosos programas de transferencia –todos ellos actos del gobierno– palian una parte de la desigualdad existente en nuestra economía basada en el mercado.

Las leyes de derechos civiles prohíben la discriminación que las fuerzas del mercado quizá no conseguirían eliminar. Además, como los mercados están conducidos para la persecución de los intereses personales, y no para los colectivos, las transacciones del mercado quizá no podrán apoyar totalmente nuestros valores sociales compartidos. Las prohibiciones del trabajo infantil, las leyes para preservar los hábitats de las especies en peligro de extinción y el apoyo público a las artes son ejemplos de maneras de actuar con las que los gobiernos quieren preservar e impulsar nuestros valores sociales más importantes.

Esta lista de limitaciones potenciales del mercado no pretende ser exhaustiva.Y, naturalmente, los mercados pueden responder, y lo hacen, a estas y otras imperfecciones por sí solos. Si un mercado no es competitivo, las empresas pueden entrar en él o los compradores pueden poner en marcha la producción interna en lugar de seguir tratando con un monopolista.

Los mercados pueden internalizar las externalidades en aquellos casos en que es posible definir los derechos de propiedad o bien cuando se pueden llevar al interior de la misma organización a todos aquéllos que perciben beneficios y soportan los costes. En algunos casos, las agencias de garantías y pruebas independientes pueden mitigar la selección adversa y otros problemas resultantes de la información imperfecta.

La persecución de metas diferentes a la eficiencia, como, por ejemplo, aligerar la desigual distribución de la riqueza, es de extrema importancia.

El papel del gobierno en México

El Cambio de las Definiciones más Fundamentales

A lo largo de las ultimas décadas, ha venido avanzando un proceso de integración económica que está involucrando, con mayor o menor velocidad, a todas las naciones del mundo. Hoy en día la prioridad para casi la totalidad de los gobiernos, incluyendo aquellos que habían permanecido profundamente aislados de los grandes flujos de comercio como la Unión Soviética, China y los países de Europa del Este- es su inserción en el mercado mundial, puesto que es esta la única manera de asegurar el crecimiento sano de su economía. Por esta razón, en la actualidad existe la tendencia a defender cada vez más, los intereses nacionales en términos de menor intervención estatal en la economía aun en las áreas anteriormente consideradas como estratégicas-, mayor cooperación económica y movilidad de flujos de capital y de trabajo. Con el transcurso del tiempo, la lógica del mercado y la globalización de los procesos productivos probablemente vendrán a derrumbar las barreras ideológicas -al menos en lo que a la actividad económica se refiere- entre los diversos gobiernos y tipos de sistema político, tal como esta ocurriendo actualmente con los países del bloque socialista, y el entorno mundial se caracterizara cada vez más por la internacionalización, no solo económica sino también política.

El proceso de globalización de la economía mundial esta modificando las instituciones que conforman al sistema político de cada país, lo cual obliga a replantear el concepto tradicional de la soberanía. El concepto de soberanía nace precisamente como una característica del Estado nacional, respondiendo a una exigencia política especifica: la unificación y concentración del poder en una sola instancia. El Estado nacional -producto de las luchas entre el rey, el imperio, la iglesia y los señores feudales- se diferencia del Estado medieval por detentar el monopolio de la fuerza y la potestad absoluta de crear las leyes.

Es decir, es un Estado soberano en el sentido de que detenta el poder -legal y coercible- en forma exclusiva y no esta subordinado a ninguna otra instancia interna o externa. Con el transcurso del tiempo, sin embargo, el gobierno como centro único de poder se fue debilitando. Primero, por la democratización de la política interna que hizo de la unidad del Estado un proceso inacabado y sujeto a la renovación continua del pacto social. Después, por la crisis del Estado benefactor, con la que se demostró la incapacidad de los gobiernos y aparatos burocráticos para dirigir con éxito los procesos económicos, haciendo manifiesta la necesidad de utilizar los mecanismos de mercado para organizar la economía de un país y sus relaciones económicas internacionales.

No obstante, lo que verdaderamente esta modificando la naturaleza de los sistemas políticos tradicionales y al concepto mismo del Estado y, por lo tanto, la forma de concebir la soberanía, es la nueva dinámica del mercado mundial. El establecimiento de comunidades y alianzas económicas entre países, el incremento de los flujos internacionales de capital, la creciente globalización de los procesos productivos y comerciales, la internacionalización de la fuerza del trabajo y de la información, implican procesos políticos y económicos que no son controlados por el tradicional Estado soberano. Esta creciente interdependencia ha venido a limitar la posibilidad de que los gobiernos definan sus políticas económicas autónomamente y sin tomar en cuenta los imperativos económicos internacionales.

Así, nuevas estructuras económicas y políticas están emergiendo, mientras que las antiguas se están transformando. Existe, sin embargo, un elemento del poder soberano que no ha cambiado desde que surgió el Estado moderno, y este es la facultad de crear las leyes y detentar el monopolio de los instrumentos legales de violencia. Los alcances de dicho poder son los que se van transformando. El concepto de soberanía esta unido a la teoría del Estado y de las relaciones internacionales, de ahí que cuando la naturaleza del Estado y el contexto de la política mundial cambian, necesariamente el concepto cambia también de soberanía.

Para el México de hoy, el debate en torno a la soberanía es fundamental no solo porque la interpelación económica con Estados Unidos es mayor en varios niveles: comercial, financiero, de inversiones, de circulación creciente, de fuerza de trabajo-, sino también y sobre todo porque en estos momentos, un acuerdo comercial con los vecinos del norte representa en cierto grado para México la manera de asegurar el crecimiento sano de la economía, el flujo de capitales y la puerta al mercado mundial y, a través de estos, garantizar el bienestar de su población. Este tema es crucial porque ahí se conjugan no solo los factores económicos con los políticos, sino también los que tienen que ver con la identidad, la forma de gobierno, el nacionalismo y todos los valores que los sustentan.

Las Tendencias Económicas y Comerciales

El contexto global en el que ha venido operando la economía mexicana y en el que habrá de hacerlo, necesariamente de manera creciente, es el momento de un proceso histórico que, en sus etapas mas recientes, data del final de la Segunda Guerra mundiales por ello importante repasar brevemente las tendencias económicas y comerciales que han tenido vigencia a partir de l945, e incluso intentar proyectarlas a los anos por venir.

Seis tendencias sobresalientes caracterizan y liderean el cambio que esta teniendo y lugar en el mundo en los últimos años:

1. El extraordinario crecimiento del comercio internacional y la internacionalización de las economías.
2. El resurgimiento de Japón y Alemania como potencias económicas y el impresionante desarrollo de países como Corea del Sur, Taiwan, Hong Kong y Singapur.
3. La globalización en los procesos de producción y comercialización.
4. La conformación de tres grandes bloques comerciales: Norteamérica, Europa y el de los países asiáticos de la Cuenca del Pacifico.
5. Las transformaciones en los países de Europa del Este y la desaparición de la Unión Soviética.
6. El replanteamiento del papel del gobierno en relación a los procesos económicos.

El proceso de transformación de la estructura económica mundial ha estado acompañado por nuevas concepciones y cambios en lo que se refiere al papel del gobierno en la economía. Asimismo, las transformaciones que están sufriendo algunos países, en especial los del Este europeo, también están acompañados por nuevas posturas con respecto a la intervención gubernamental en el proceso económico. Ante esto, una pregunta fundamental a la que continuamente se enfrentan diferentes países se refiere a que tanto la intervención gubernamental promueve el crecimiento y la competitividad de la industria nacional.

El debate sobre el papel del gobierno en la economía se ha fundamentado básicamente en dos posturas. Por un lado, los que afirman que el sistema de precios no es suficiente para hacer eficiente a la economía y que, por lo tanto, es necesario que el gobierno intervenga para planear, coordinar y controlar el sistema económico y superar las deficiencias del libre mercado. Esta posición pugna porque el gobierno, haciendo uso de su autoridad, intervenga directamente en el libre funcionamiento de las fuerzas del mercado con el fin de conseguir determinados objetivos, y se apoya en el hecho de que ningún desarrollo económico importante en Europa o Asia durante los últimos 40 anos, se ha sustraído totalmente de la intervención gubernamental.

Por otro lado, hay quienes que mantienen una postura ortodoxa y sostienen un modelo que tiende a que permanezca una intervención del gobierno moderada, pero muy significativa, en la economía. Esta postura se fundamenta en el aprovechamiento de las fuerzas de la competencia para coordinar los procesos económicos, y en el reconocimiento de que el gobierno solo debe participar en aquellos procesos de regulación macroeconomía que apoyen la creación de condiciones, propicias para el desarrollo económico, y en aquellas áreas que complementan la acción de los sectores privados. En esta perspectiva, la responsabilidad del gobierno no es la de producir, sino la de crear las condiciones para que los privados inviertan y produzcan, a la vez que el gobierno se reserva la función de regulación.

La intervención gubernamental es sujeto de enorme e interminable debate. Para algunos observadores, esta constituyo durante un largo periodo un factor determinante de la evolución y el desarrollo de las economías nacionales. Para otros, tuvo un efecto nocivo sobre el desarrollo. En los países industrializados, dicha intervención se fundamento en las propuestas con base en las cuales el gobierno, además de responder a diversas demandas sociales, tenia que participar directamente en la economía para corregir las fallas económicas de mercado. En algunos países, como Japón, a esta intervención se le atribuyen efectos prodigiosos -aunque no todos hayan sido producto de la acción del gobierno-, en tanto que en otros, el efecto fue la virtual destrucción de la economía, como sucedió en Inglaterra.

En muchos países en desarrollo la tendencia al intervencionismo fue mucho mas fuerte, y le daba al gobierno un papel preponderante en su industrialización y en su eventual desarrollo. La mayoría de los gobiernos de los países en desarrollo trataron de instrumentar estrategias económicas que negaban la posibilidad de que las reglas del mercado funcionaran para ellos. No solo dudaban de que el mecanismo de mercado pudiera conducir la economía hacia el desarrollo, sino que negaban las posibilidades de que el comercio internacional tuviera algo que ofrecerles, en términos de crecimiento. De esta manera, además de la intervención gubernamental para planear y controlar la economía, se instrumentaron políticas proteccionistas acompañadas por un enorme aparato gubernamental. México fue claramente un prototipo de esta escuela.

En términos históricos, la postura antiintervencionista acabo ganando por el estruendoso fracaso de las políticas de intervención gubernamental, al que se sumo la crisis de los países de planificación central. La postura intervencionista enfrento serios problemas a partir de la década de los setenta, que culminaron con la crisis de deuda de los ochenta. Por una parte, los países desarrollados tuvieron que enfrentar el estancamiento económico, la inflación, el desempleo y la necesidad de ajustar sus economías.

Por la otra, los países en desarrollo, sobre todo en América Latina, han sufrido una larga etapa de deterioro económico, recesión, inflación y problemas de endeudamiento, producto de la excesiva intervención gubernamental. Consecuentemente ha sido necesario para todos ellos replantear la intervención gubernamental, como motor de desarrollo y crecimiento económico.

La tendencia reciente a nivel internacional esta constituida por un conjunto de reformas, dirigidas a modificar la intervención gubernamental y a abandonar la planeación central, en favor de una economía basada en principios de mercado. Los países desarrollados han experimentado un proceso en el que la participación del gobierno en la economía ha tomado diferentes rumbos; destacan los nuevos limites que se imponen entre lo publico y lo privado, los cuales subyacen, por ejemplo, a las medidas de privatización de las empresas paraestatales.

Las políticas que han instrumentado los países desarrollados tienen el fin de estimular el crecimiento económico apoyándose en los principios de libre mercado, y se dirigen al establecimiento de medidas, destinadas a aumentar la rentabilidad de las empresas. En general, todos han tenido éxito al reducir la inflación y reactivar el crecimiento de sus economías, mediante de medidas macroeconómicas, aunque ninguno ha logrado reducir sustancialmente los egresos gubernamentales. En la década de los setenta, Inglaterra actuó decididamente en el replanteamiento del tamaño del gobierno y su grado de intervención en la economía, para permitir una mayor competencia que redundara en incrementos de la productividad.

Esta tarea consistió en definir las áreas en las que el gobierno debía actuar -áreas de interés público-, y las medidas para promover la actividad privada. Por su parte, y después del desplome de la estrategia inicial del socialismo francés en 1983, Francia se encaminó a un proceso con el cual reconocía que la actividad privada era la que iba a determinar sus niveles de vida, y el papel que este país ocuparía en el mundo.

Los países en desarrollo también se han encaminado a reformar la participación del gobierno en la economía. Las políticas de liberalización comercial son un ejemplo de la reducción de controles gubernamentales y de la ineficacia de este tipo de intervención, para lograr mayores niveles de desarrollo y un crecimiento económico sostenido. Instituciones como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional están ahora promoviendo la instrumentación de políticas liberales con las cuales reorientar la participación gubernamental en las economías de los países en desarrollo. Incluso las profundas transformaciones de los países del Este europeo, representan la instrumentación de políticas de liberalización de sus mercados, dirigidas a superar el atraso económico, elevar su competitividad y eventualmente participar en el comercio internacional. Estas medidas implican el reconocimiento de las fuerzas del mercado como motor de desarrollo, y un giro en la participación gubernamental en los procesos económicos.

La interdependencia entre las naciones, a través del creciente intercambio comercial, esta modificando el papel del gobierno en la economía. Las regulaciones y los controles que obstaculizan el comercio son ahora insostenibles si un país desea participar en el proceso de globalización económica. Por ejemplo, la Comunidad Económica Europea ha previsto la liberalización de las adquisiciones del gobierno,abriéndolas a los mercados internacionales, a pesar de que con anterioridad las compras gubernamentales habían constituido una forma de promoción de la industria nacional.

Por su parte, en los países asiáticos, los gobiernos han logrado promover la actividad económica con gran eficacia, orientándola hacia los mercados externos y aprovechando ventajas competitivas o creándolas a partir de cero. Países como Corea del Sur, Taiwan, Singapur y Hong Kong, han experimentado un desarrollo industrial acelerado en conjunción con gobiernos que participan como agentes proactivos del crecimiento y de la elevación del bienestar de su población. En Corea del Sur, por ejemplo, el papel del gobierno trasciende con gran amplitud al simple establecimiento de las reglas del juego económico. El gobierno es un participante activo que influye en todas las decisiones y en la eficiencia del sector privado, a través de medidas encaminadas a reducir los costos de la toma de decisiones, como por ejemplo las medidas tendientes a diseminar la información.

La experiencia de los países asiáticos que han logrado altos niveles de desarrollo y crecimiento económico junto con un alto nivel de participación gubernamental, así como la dificultad de los países desarrollados para reducir sus niveles de gasto publico, manifiestan la importancia de la participación gubernamental en la economía y la dificultad de que el gobierno abandone su papel en el desarrollo económico. La pregunta a la que ahora se enfrentan todos los países no se refiere a cuestionar si el gobierno debe o no intervenir en los procesos económicos, sino a definir los términos cualitativos que deben normar la naturaleza de dicha intervención.

El nuevo papel del gobierno en la economía, junto con las transformaciones en la estructura económica global -que han modificado el panorama mundial con respecto al que había prevalecido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial- están siendo acompañadas por nuevas características en la estructura del comercio internacional. México ha avanzado substancialmente para adaptarse al nuevo contexto internacional, y de hecho ha cubierto gran parte de los costos que representa el ajuste y la apertura económica.

El proceso de reestructuración económica constituye precisamente una respuesta a la globalización y a la necesidad de transformar el papel económico del gobierno. Sin embargo, estos cambios no son suficientes para responder a la nueva estructura de comercio que se esta conformando a nivel mundial. Los procesos de integración económica, la formación de bloques comerciales y la posibilidad de una creciente tendencia proteccionista a nivel mundial, constituyen el marco en el que México esta buscando ahora nuevos caminos que den profundidad al proceso de reestructuración económica.