LA EXPERIENCIA MORAL Y LA ÉTICA FILOSÓFICA

La constitución de la ética, como la de cualquier otro saber, versa sobre su punto de partida. Todo pensar filosófico debe tener como previo el ejercicio de alguna actividad cognoscitiva de carácter no filosófico, prerreflexivo o espontáneo, y la ética no es la excepción. Por tanto, la ética como estudio filosófico de la vid moral presupone la existencia de la vida moral; al decir de Millán-Puelles, todo pensar filosófico es una operación refleja, de segundo nivel.

Diversos autores consideran necesario hacer tres observaciones que permiten entrever la complejidad de lo que se entiende por conocimiento ético espontáneo: la primera es que no se tienen que dar, como condiciones de posibilidad de la ética filosófica, tantas intelecciones de carácter no filosófico cuantos sean los conceptos integrados en esa ética. En general, no sólo cuando se refiere a asuntos morales, también ocurre en otras ciencias,  la capacidad para introducir conceptos o nociones, y por su mediación, juicios y raciocinios, para los que no hay lugar en la actitud mental prefilosófica, pero que son indispensables para poder ordenar y explicar los conocimientos pre científicos que le sirven como punto de partida.

La segunda es que las nociones sobreañadidas al conocimiento ético espontáneo se obtienen por razonamientos que tienen una doble base: por una parte, los principios morales primordiales, ya presentes en el conocimiento ético espontáneo y, por otra, los datos o materiales de índole general, que suministra la experiencia de la conducta humana.

La experiencia moral tiene la forma de una intuición de carácter intelectivo. Algunas veces esas intuiciones se refieren a valores que son captados inmediatamente y, en otros casos, a valores que para ser captados exigen un cierto razonamiento no siempre fácil de hacer, especialmente porque esas vivencias no son puramente sentimentales, por muy poco cultivado que sea el sujeto. Todo hombre es capaz de hacerse cargo de la diferencia existente entre un valor y el sentimiento respectivo.

Si por experiencia moral, entendemos una experiencia pre filosófica, al alcance, en principio, de cualquier hombre, será preciso que reconozcamos que en su parte mayor y más fundamental o radical, se refiere a valores inmediatamente aprehendidos en vivencias dotadas de una impregnación sentimental más o menos intensa.