POLÍTICA DE LA DEMOCRACIA

La democracia en Europa

La legitimidad democrática está en peligro en Europa. Aunque ya existe un mercado común y para muchos países una moneda única, sigue siendo un misterio cuál será el modelo político que se adopte en la Unión Europea. Es por ello que se hace indispensable un gran debate constitucional. Esto no significa que la mejor opción sea el federalismo, sino más bien que Europa, posiblemente, se encuentra en una fase de invención de una nueva forma política: una asociación de estados soberanos, que no pretende disponer de poder coercitivo para actuar directamente sobre los individuos a la manera de los Estados-nación.

Para comprender este proceso es necesario conocer la historia. Durante siglos en Europa se pensó que un territorio muy grande sólo podía ser gobernado despóticamente. Montesquieu sostenía que toda comunidad dotada de autonomía dependía de la virtud cívica, que requería la participación total de los ciudadanos en la toma de decisiones. Por eso concluía que esto sólo era posible en un territorio pequeño. Sin embargo también dijo que la existencia de un gobierno “moderado” en todo aquello que tuviera el tamaño de un Estado-nación (con separación de poderes) dependía de que las aristocracias conservaran cierto papel en el gobierno local, para evitar la concentración de poder en el Gobierno Central.

Aunque en Francia esto no se practicó durante el gobierno de Luis XIV, Inglaterra mantenía esta estructura, al tener representación de la aristocracia en la Cámara de los Lores y en la Cámara de los Comunes. Por eso Montesquieu defendió este modelo de libertad política, la “libertad aristocrática”, ya que sólo mediante la asociación se logra la división del poder.

Sin embargo, el despotismo se abrió camino gracias al resentimiento creciente ante formas de privilegio social que pervivían en la Europa posfeudal. Este resentimiento ha condicionado la creación de los Estados-nación europeos.

Los planteamientos de Montesquieu no son del todo útiles en nuestra época porque daban por sentado que la separación de poderes era, sobre todo, el medio para reforzar la estructura aristocrática de la sociedad. Ahora ya no existe aristocracia. ¿Cuál es el modo de combatir la centralización del poder?

Después de la dictadura de Napoleón, que adoptaba la forma de un imperio continental, algunos franceses como Tocqueville comenzaron a interesarse por el federalismo norteamericano, que representaba una forma de Estado capaz de fomentar la libertad política y la dispersión del poder en ausencia de una aristocracia, a una escala casi continental. De esta manera, lo que empezó como un modelo para reformar un Estado terminó siendo un planteamiento de unión de la vieja Europa, sobre todo después de las dos grandes guerras.

La democracia en América Latina

En los últimos treinta años América Latina ha experimentado la transición y la consolidación democrática. Se han producido grandes avances para garantizar el derecho universal al voto, elecciones libres y transparentes y el acceso y la permanencia en el poder de los cargos elegidos; sin embargo, estos elementos no son suficientes para garantizar la solidez de los regímenes democráticos. Los acontecimientos recientes de Honduras son emblemáticos del riesgo de un retroceso autoritario y cómo éste puede materializarse de manera repentina.

La democracia en América Latina presenta elementos de debilidad relacionados con la incapacidad del Estado de extender los derechos humanos fundamentales a toda la población, requisito fundamental para convertir a los habitantes de un estado en ciudadanos a todo efecto y para garantizar la cohesión social, la participación, el sentido de pertenencia de la población hacia el Estado y el apoyo estable de la población a esa democracia, es decir, como elemento legitimador.

Pese a las diferencias entre todos los países de América Latina, algunas características comunes explican la debilidad democrática; la desigualdad es la más relevante, pues los mayores niveles de concentración de la riqueza mundial se encuentran en esa región. Las implicaciones son muy relevantes, pues la desigualdad que caracteriza a los países latinoamericanos se relaciona con la subsistencia de bolsas de pobreza e indigencia que chocan con los valores medios de riqueza de los países, siendo la mayoría de ellos de renta media y, en algunos casos, alta.

Se trata de una pobreza y de una desigualdad multidimensionales, que a la escasez económica agregan la falta de acceso a las necesidades y a los servicios básicos, la falta de oportunidad, la exclusión social y la discriminación. La discriminación social afecta a una pluralidad de grupos sociales (pobres, indígenas, campesinos, mujeres), creando así una masa enorme de excluidos.

La desigualdad afecta también, de manera directa, a las dinámicas políticas y la posibilidad de acceso al poder por la población. De hecho, la concentración de la riqueza y del poder implica el uso de instrumentos que permiten a los grupos privilegiados reproducir el statu quo. Esos instrumentos están representados principalmente por la violencia y la corrupción, fenómenos que alcanzan niveles elevadísimos en la región.

La inseguridad social es una de las mayores preocupaciones de la población latinoamericana, que además desconfía de la capacidad del Estado de desempeñar su función clave de protección.

Por otro lado, la corrupción debilita la cohesión social y reduce la posibilidad de construir un pacto social sólido entre la población. La desigualdad, a través de múltiples canales, impide la creación y consolidación de una base social bastante amplia capaz de sustentar el desarrollo de democracias sólidas y efectivas.

En las siguientes líneas, se tratarán algunos de estos temas, pues el objetivo de este artículo es evidenciar como, sin una acción decidida sobre las desigualdades, la democracia en América Latina tiene un destino muy incierto.

La transición a la democracia

De 2005 a 2007 en muchos países de América Latina se celebraron elecciones democráticas, que contribuyeron en gran medida al mayor avance económico de las últimas décadas en la región.

Los resultados de la publicación anual de 2009 de Freedom House enseñan que 25 de las 35 naciones están clasificadas como libres, nueve son “parcialmente libres” y sólo Cuba está clasificada como “no libre” (Freedom House, 2009).

La clasificación de “libre” se refiere a un régimen electoral de tipo democrático donde el derecho al voto es universal, el acceso a las principales posiciones del gobierno se logra mediante elecciones, que son a la vez competitivas e institucionalizadas, y existen durante y entre esas elecciones diversas libertades políticas, tales como las de asociación, expresión, movimiento y de disponibilidad de información no monopolizada por el Estado o por un agente privado (O’Donnell, 2004).

Sin embargo, es posible distinguir entre un régimen democrático en sentido formal y una democracia de tipo integral. La segunda, más allá de una dimensión meramente electoral, se relaciona con su capacidad de incluir grupos sociales diferentes, de garantizar la libertad y el respeto de los derechos de toda la población, así como la posibilidad real de participar en la política de su país. Esas son las bases que a nosotras nos interesan, pues resultan fundamentales para el desarrollo sostenible de la humanidad.

La democracia en los Estados Unidos

La Declaración de Independencia de los Estados Unidos, es el documento con el que proclama que todos los hombres han sido creados iguales y que están dotados de un derecho inalienable a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, por lo que se han mantenido “unidos e indivisibles” aún bajo las peores de circunstancias.  Este instrumento incorpora en su seno los anhelos y esperanzas de todos su ciudadanos.  Es imposible en un breve escrito manifestar el impacto o contenido de esta Declaración de derechos y libertades, por lo que quiere recomendar a todos los que tengan la posibilidad de tomarse el tiempo para leerla.

Su composición social es una mezcla de inmigrantes de todas partes del mundo, incluso América Latina, que en un momento dado y por alguna causa u otra han sido recibidos con los brazos abiertos en esa gran nación.

Su sistema democrático ha sido amenazado en numerosas ocasiones y esto continuará pues es parte de la evolución y el desarrollo socio-político.  Pero para ellos es un reto el conquistar, sobreponerse y potencializar los problemas que surjan en el ámbito nacional o internacional.  Creen firmemente en la disciplina, obedecen la ley y lo que es aún más importante están concientes de sus responsabilidades como ciudadanos en un sistema democrático.

Cuando oigo las críticas, fundamentadas o no, que nuestra sociedad constantemente promulga a los cuatro vientos en contra de los Estados Unidos de Norte América, me avergüenzo que no tengamos la simple capacidad de auto evaluación, que seamos tan ignorantes.  En muchas ocasiones,  llegando a la estupidez de no ver la viga tan grande en nuestro ojo pero si ver la insignificante paja en el ajeno.

Nadie ha dicho jamás, y mucho menos los estadounidenses,  que en los Estados Unidos no han habido problemas serios.  Es obvio que los problemas son parte de cualquier proceso.  Pero ojo, mucho ojo, ellos enfrentan y conquistan sus problemas democráticamente tomando las medidas de una manera lineal y congruente, a diferencia de otros países.

Podemos hacer constar las razones detalladas que hacen que esta nación mantenga un sistema democrático sólido y a su unión intacta.  Pero fundamentalmente se basa en los principios de descentralización gubernamental, un sistema cerrado y justo de leyes, parámetros, regulaciones, educación en los valores democráticos y un absoluto respeto por la gran mayoría de los ciudadanos, en lo que se refiere a la constitución estadounidense entre otros innumerables factores que el espacio no nos permite mencionar.

Cuando miramos hacia dentro y si tenemos una onza de sinceridad debemos admitir que en América Latina tenemos sociedades desorganizadas, fragmentadas, con altos índices de corrupción y pobreza, de ignorancia y desinformación.  Esto es una situación que cualquier persona que realmente deseé libertad, prosperidad y democracia no puede ignorar ni mantenerse inerte bajo una realidad tan evidente.

La democracia es el producto del equilibrio social entre los derechos y deberes de los estados y sociedades.  Al existir o producirse desequilibrios este sistema socio-político cae en un estado de peligro.

La democracia en el Caribe

En el Caribe han hecho grandes progresos en la recuperación y consolidación de la democracia. Pero los ciudadanos están desilusionados con la capacidad de los gobiernos para resolver los problemas económicos, sociales y de seguridad. El último Informe de Desarrollo Humano para América Latina confirma que América Latina sigue siendo la región más desigual del mundo. El fracaso de los gobiernos para traducir el crecimiento económico en un aumento de los niveles de vida de la mayoría hace vulnerable a la democracia en la región y puede afectar su sostenibilidad en el largo plazo.

En la Región, IDEA ha trabajado en democracia y desarrollo a través de investigación y diálogo sobre el análisis del impacto del sistema político en el desarrollo. IDEA cree que los partidos políticos y sus representantes elegidos en los parlamentos son especialmente cruciales en el panorama de la rendición de cuentas, ya que pueden ser tanto instrumentos democráticos que hagan que los gobiernos rindan cuentas como también agentes de la rendición de cuentas que respondan a las demandas de los electores a través del ciclo electoral. Con este entendimiento, IDEA está apoyando la investigación y el diálogo sobre el papel de los partidos políticos programáticos en el desarrollo. Además, IDEA ha publicado junto con el Instituto de Desarrollo de Ultramar – el informe Política de pensamiento: Think Tanks y de Partidos Políticos de América Latina.

El programa de IDEA en Bolivia ha puesto especial énfasis en la importancia de los diálogos democráticos con respecto a la relación entre las industrias extractivas y la reducción de la pobreza, trabajando para apoyar el desarrollo de una visión compartida para la gestión de los ingresos de los recursos naturales.

En Perú, IDEA viene trabajando desde 2010 en los derechos de los pueblos indígenas a la participación y la representación, y ha estado promoviendo oportunidades interculturales para el diálogo y la cooperación técnica, especialmente en relación con el derecho a la consulta previa, consagrada en el Convenio 169 de la OIT. La consulta previa es considerada una herramienta para el diálogo democrático, basada en el respeto intercultural, cuyo objetivo es llegar a un consenso sobre el tipo de desarrollo aceptable en cada localidad.

En este contexto, y a petición del presidente peruano, Ollanta Humala, IDEA ayuda en el debate y la preparación de la legislación que reglamenta la consulta previa. IDEA organizó talleres y mesas redondas en comunidades indígenas en las regiones amazónicas (participaron18 grupos étnicos) y prestó cooperación técnica al Ministerio de Cultura, el organismo gubernamental a cargo. Posteriormente, IDEA apoyó al Ministerio de Cultura y el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) en la revisión de la llamada “cuota nativa”. Como resultado, el JNE amplió la cuota para beneficiar a más comunidades indígenas en Perú.

La experiencia comparativa brindada por IDEA Internacional fue considerada especialmente útil, ya que permitió perfeccionar la legislación reglamentadora. A petición del Ministerio de Cultura, IDEA está contribuyendo a la preparación de la primera serie de consultas previas en Perú y está coordinando el desarrollo de una metodología para el aprendizaje intercultural diseñado para una audiencia en que la palabra escrita no se utiliza ampliamente, como la awajún.