ETAPAS DE DESARROLLO ECONÓMICO DE LA SOCIEDAD DOMINICANA

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La colonia excluida y la economía de subsistencia (1600-1916)

Procederemos en primer lugar, a identificar la etapa de desarrollo que vive Republica Dominicana, para poder comprender posteriormente el sentido de nuestras políticas sociales.

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XVII, XVIII y XIX, economía social y políticamente, estos tres siglos exhiben una homogeneidad considerable, pudiendo el país acomodarse a cambios apreciables sin necesidad de modificar radicalmente sus instituciones.

  1. Escribiendo ha mediado de los mil novecientos treinta, Chardon se admiraba del hecho de que la población rural, todavía sobre el 85% del total nacional, produjese prácticamente todo lo que era su gasto corriente ordinario, menos lumbre y jabón: economía de subsistencia.
  2. Sociológicamente, las relaciones laborales tienden a ser las propias del sistema de hatos ganaderos, en el cual peones y dueños de tierra convivían en estrecho contacto y las actividades económicas se centraban en el cultivo de viandas y plátanos junto a los bohíos y en la caza en montería de cerdos salvajes para el consumo de su carne y de su grasa.
  3. Políticamente, el Estado estaba lejos de la mayor parte de la población. Los gastos públicos se centraban en el pago mencionado de la burocracia civil y eclesiástica. La educación, cuando la había, se financiaba municipalmente con impuestos locales pagados por los ganaderos.

La herencia más importante para la comprensión de las políticas sociales públicas, incluso las actuales,  parecen ser la falta de moral impositiva de los potenciales contribuyentes, el clientelismo de la política, el notable poder los presidentes y la red familiar con su moral dual.

La apertura externa y el consumismo (desde la primera ocupación norteamericana): La arritmia histórica dominicana.

El posterior influjo de la creciente normativa internacional originada en las relaciones con la OEA, el FMI, el BID, el BM, la OMC y ahora el CAFTA-RD; pero también, por otro lado, con la entrada de divisas y bienes en proporciones desconocidas.

Resumiendo: tenemos que aceptar que con la apertura al exterior se inaugura una nueva etapa de desarrollo dominicano caracterizada por una creciente normativa económica y administrativa externa, por una apreciable dependencia financiera externa del Gobierno, por un consumismo extremo y por el ansia colectiva de llegar a él cuanto antes, por  pobreza, por deterioro ambiental y por una política de gastos públicos antiarritmica, sin no obstante haberse superado radicalmente los problemas de evasión tributaria o de clientelismo político de caudillos, más propios de la economía de subsistencia. Sobre el marco de este “tipo ideal” de desarrollo hay que examinar nuestras políticas publicas sociales.

LAS POLÍTICAS SOCIALES DOMINICANAS

Distintas políticas sociales después de 1960

En los tres tipos señalados de gobierno, el gasto público en servicios sociales generales, educación y salud ha sido bajo en comparación con todos los otros países latinoamericanos. El gasto en educación como porcentaje del PIB fue en el periodo 1999-2001 inferior al promedio regional en un 44, y el de salud, en un 31.5%.

Resultados de las políticas sociales dominicanas

República Dominicana ha tenido un buen éxito económico, según denota el PIB por persona, que subió de US$4,870 (medio en poder de compra del dólar norteamericano) en 1995 a US$6,640 en el 2002, todavía inferior en un 15% al promedio de los países de América Latina y el Caribe: US$7,723.

El costo de las notables mejorías de los indicadores de salud y de educación, a  pesar de los bajos gastos públicos en esos renglones, lo llevo el sector privado. El gasto privado en salud en términos del porcentaje del PIB llego a 3.9% en el 2001, mucho más alto que el gastos del sector público: 2.2%. En educación, en los años de 1999 a 2001, el gasto público fue de 2.4%.

El incremento del gasto  privado en salud y educación conlleva dos consecuencias fiscales para el Estado: la aceptación de impuestos adicionales imprescindibles para mejorar el gasto social público se hace más difícil (lo que no niega otros factores importantes, como la tradicional evasión de impuestos y la resistencia de los partidos de la oposición); y se hace cuesta arriba el financiamiento con excepción del campo de la salud de la seguridad social, incluso por capitalización individual, lo que es sin duda indicio de un atraso social muy significativo.

ECONOMÍA DE LA EDUCACIÓN

  1. ¿Calidad o cobertura educativa?

Las metas de políticas educacionales en países en desarrollo se orientan más a la cobertura que a la calidad del sistema educativo. Esta tendencia es compresible, porque es mucho más fácil medir la  cobertura que la calidad.

Medidas de calidad por resultados

Dos son las más frecuentes indicadores externos de calidad educativa: los resultados de pruebas nacionales o internacionales sobre conocimientos logrados y el gasto promedio por estudiante.

Muchos autores concluyen que la calidad de la enseñanza tiene menos que ver con el gasto promedio por estudiante que con la institución educativa: privada, religiosa, oficial.

  1. La clave de la calidad educativa

Los resultados dicen muchos sobre la calidad de la educación. La dificultad principal contra la aceptación acrítica de estudios econométricos de esta índole es bien conocida: suponen iguales o bien definidas las variables estudiadas e ignoran otras que bien pueden ser importantes. Un ejemplo de mala igualdad de variables es la preparación de los maestros medida en títulos de habilitación. Una licenciatura lograda a tiempo muy  parcial, con clases los viernes y los sábados después de una jornada laboral normal, no puede igualarse con otra obtenida por estudiantes de tiempo completo de lunes a lunes. Calificaciones de exámenes estandarizados difieren cuando los estudiantes están bien alimentados estandarizados difieren cuando los estudiantes están bien alimentados y cuando dependen del desayuno o merienda escolar. Ni maestros ni estudiantes son iguales.

EDUCACIÓN PARA EL EMPLEO

Empleo mal retribuido

El ritmo tecnológico que impone la globalidad para todos los bienes y servicios transables implica un deterioro continuo, a veces hasta aniquilador, de técnicas y conocimientos adquiridos por la empleomanía en sus años de escuela y de formación profesional. Ningún médico, ingeniero o tecnólogo puede sobrevivir con éxito sin tener que enriquecer su capital acumulando de conocimientos y técnicas o, en casos cada vez más frecuentes, sin cambiar de especialidad o profesión.

Educación para un empleo futuro incierto

 En tal sociedad, la educación tiene que  preparar a la persona para el cambio obligado de profesión u oficio. Hasta ahora se ha puesto la esperanza en una educación continua a través de Internet, que ofrece información abundante sobre los cambios sectoriales y sobre nuevos productos, nuevos procedimientos, experimentos realizados y hasta sobre nuevas teorías.

Si el conocimiento es el principal factor de producción y la política económica debe orientarse a la formación de capital humano, la pregunta acerca del papel que juega la universidad en ello es inevitable. Para responderla, se tomara como base algunas concepciones filosóficas relativas al objetivo de las universidades.

  1. Concepciones filosóficas sobre la formación de capital humano en la universidad

La experiencia enseño a los políticos y educadores que la concepción universitaria populista como certificadora de calidad no  podía ofrecer lo que de ella se pudo soñar: dar empleo “decentemente pagado” a los titulados. El número de egresados superar con mucho el de esos empleos. Dar títulos que creen exigencias de empleo equivale a multiplicar la frustración social.

Crisis del ciclo vital familia-escuela-trabajo

Elementos importantes de nuestro tiempo son la abundancia y sofisticación de muchos bienes creados por una tecnología orientada al mercado en un mundo consumista y la exigencia de mejores rendimientos de calidad en el empleo. La eclosión de su dinamismo incontenible modificara nuestra clásica concepción del ciclo “eterno” del crecimiento individual: pasar de la familia a la escuela, de esta al empleo y de este a una nueva familia. En ese ciclo, la escuela se considera para lograr un empleo aceptable, y este, para comenzar una nueva familia.

Más bien que mal, la escuela sigue siendo la fase siguiente a la familia: el alto por ciento de niños y jóvenes que asisten a la escuela no admite cuestionamiento. Más difícil es probar que la escuela prepara para un buen empleo cuando este se mide en dinero. La duda nade de dos tipos de consideración: la existencia de formas no del todo socialmente aceptables de ganar buen dinero que no tienen mucho que ver con la escuela y el muy bajo nivel de los salarios reales.

Empleos socialmente inaceptables

Sin conexiones con una sociedad externa más pudiente, la rentabilidad de ocupaciones como la prostitución, de muy larga data en la historia de la humanidad, seria en general baja y tal vez no pondría en duda la utilidad económica de la escuela. Al menos eso sugieren lecturas de literatura y hasta de historia en las que sus practicantes aparecen mezclados con otros pobres sin descollar económicamente de la masa y siendo evaluados negativamente. En esos casos los empleos socialmente inaceptables para la cultura dominante son sencillamente un modo feo de supervivencia y no un gran riesgo para la utilidad económica de la escuela.

Las academias de beisbol, ni pecan contra la moralidad, ni niegan la necesidad de una educación básica “inclusive la ofrecen”,  para apartan a muchos niños pobres del clásico y someten a sus madres a gastos de casi fortuita realización.

El hecho de que este tipo de empleos sea socialmente inaceptable no puede cegarnos de tal modo que los consideramos solo como reñidos en grados diversos con la dignidad humana.

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