ÉTICA SOCRÁTICA Y MORAL CRISTIANA

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Para entender la ciencia moral, seguramente lo mejor es aludir a seres humanos que se han ocupado de ella y estuvieron dotados de un fuerte sentido moral. Como advierte Aristóteles, la moral no se aprende en los libros, sino en los hombres buenos, porque la realidad moral es justamente el hombre bueno, y para conocer la realidad conviene acudir donde se encuentra.

De acuerdo con lo que parece indicar el sentido común, lo peor es ser apaleado, pues al que apalea no le pasa nada, salvo el esfuerzo físico que requiere hacerlo. La peor consecuencia de un acto injusto recae en quien lo comete.

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Esta aseveración se ha de sentar incluso en el caso del asesinato. afecta más negativamente al ser humano cometer el asesinato que ser víctima de él. Lo mismo pasa con los actos buenos. Si el asesinato degrada a quien lo comete, ejercer el acto bueno hace al hombre virtuoso. Cuando el hombre actúa con bondad, su misma índole adquiere un carácter intrínseco de bondad, que llamamos normalmente virtud.

Se entiende,  que la gran aspiración griega primitiva sea mantenerse vivo en la posteridad según la fama. Ser virtuoso es acrecentarse como viviente, de manera que ese crecimiento libere al hombre de la pasividad del Hades. De este modo, el aprecio griego por la virtud es elevado hasta el plano propiamente moral.

Para Sócrates la inmortalidad del alma exige que ésta tras la muerte no carezca de actividad.

Se debe sostener que la moral no constriñe, sino que permite al hombre aumentar su libertad. En efecto, ser causa sibi comporta fortalecer suficientemente las propias capacidades. El feedback de la acción en la facultad es la virtud. Las dos facultades superiores del alma, la inteligencia y la voluntad, no son dotaciones fijas. Por eso son más que naturaleza. El hombre no es sólo un ser que tiene principios operativos, pues sus facultades son realimentables.

Puede decirse que hay dos versiones de la noción de potencia. Los modernos suelen poner la potencia antes que el acto, lo que conduce a su interpretación infinitista: el dinamismo humano es infinito.

Podría pensarse incluso que la sentencia socrática que estamos comentando fue debida a la acción del Espíritu Santo, que sopla donde quiere, y no se limita al pueblo de Israel. En efecto, si un hombre puede llegar a advertir que es menos malo ser asesinado que ser asesino, es decir, que los actos afectan intrínsecamente al hombre, nota que el hombre se premia o se castiga intrínsecamente.

Como dice San Agustín, el castigo de un ánimo desordenado es su propio desorden, y el castigo de quien ha cometido el mal es que se hace malo. Según un viejo refrán castellano, “Dios castiga sin piedra ni palo”.

Platón retoma el asunto hasta el extremo de sostener que de los actos malos surge el sentido de la culpa. En último extremo, el hombre se sabe responsable de sus actos. Si el punto de vista del juez permite emitir un juicio externo con el cual se imputa un acto a un agente, existe también un juicio interno en el que uno es juez de sí mismo. Así pues, ser malo significa ser menos, desrealizarse.

LA DIMENSIÓN ÉTICA DEL CRISTIANISMO

El factor que frena la crisis moral de la sociedad actual es la Iglesia Católica. La revelación cristiana es una fuente de la moral que considera lo alcanzado por los griegos de una manera más seria e intensa. Según esto, con sus acciones, el hombre se juega su vida respecto de Dios, es decir, hacerse mejor significa parecerse más a Dios, actuar de acuerdo con el propio carácter de imagen suya, mientras que en otro caso se hace mentira y merece el juicio condenatorio de Dios que declara: no te conozco.

Esta sentencia divina sólo puede decirse al hombre que ha borrado en sí la imagen divina. En cambio, Sócrates hablaba del alma referida únicamente a sí misma, es decir, en orden a su supervivencia activa. En este sentido es importante la sentencia de San Agustín: saber que eres inmortal no es bastante, pues la inmortalidad puede tener sentido positivo y también negativo.

La teoría de la evolución es insuficiente para la antropología, aunque tiene que ver con una dimensión del hombre. Es claro que el hombre está en una relación muy estrecha con el resto de la creación, y además que procede el universo material por estar hecho de barro.

Antes del pecado de origen, la acción práctica de Adán y Eva, más que corregible, era correcta. La primera de estas acciones es descrita en la Biblia como “poner nombre a las cosas”. Es obvio que las cosas no pueden nombrarse a sí mismas. En definitiva, la acción primaria es el lenguaje, y también la más perfeccionadora entre las humanas. Paralelamente, lo peor que desde el punto de vista de la acción puede suceder es la corrupción del lenguaje.

Sin base ontológica la moral, es mera moralina. Quizá la equivocación más grande que se ha cometido es admitir como propia la ciencia del bien y del mal, que no corresponde al hombre sino a Dios.

Según advierte Santo Tomás de Aquino, el pecado original es la razón misma del pecado. En efecto cuando aparece la idea del mal, que solo acontece porque uno se ha apoderado de la ciencia del bien y del mal, aparece ante todo la mentira, es decir, estimar que hay algo, lo cual es falso, porque nada de lo que Dios ha hecho es malo.

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