EL SISTEMA ECONÓMICO CAPITALISTA

Nuestro propósito es prepararnos para la singladura del estudio y análisis, la comprensión a fin de cuentas, de la globalización económica, haciendo acopio de los pertrechos y suministros que vamos a precisar para  sortear los previsibles escollos, para no quedar varados y perplejos ante las dificulta­ des de entidad que se nos presenten. Por eso, hemos echado al macuto brújula, astrolabio y navegación por satélite, deteniéndonos en cuestiones tan áridas como las relativas al método. Por eso, ahora, nos hacemos una pregunta elemental, pero terriblemente esclarecedora: ¿qué es lo que realmente se globaliza cuando se globaliza la economía? Porque va a ser precisamente eso lo que tendremos que estudiar.

Es así que, si coherentes con la opción metodológica genéricamente adoptada y de la mano de los autores clásicos de la economía en nuestro campo específico, entendernos la realidad económica como un sistema, tendremos que ocuparnos de los rasgos específicos de éste, de sus componentes, de sus relaciones, de los momentos que sistemáticamente recorre en su funcionamiento, de las singularidades que segrega su comportamiento, de la lógica que lo rige. Porque serán esos componentes, esas relaciones, esos momentos, esas singularidades, esa lógica los que se globalicen.

CIERTA CONCEPCIÓN DE LA ECONOMÍA

¿Por qué apoyarnos en el pensamiento clásico? ¿Qué elementos de los fundadores sirven para fertilizar la reflexión económica sobre una realidad tan profundamente diferente de la que ellos tuvieron oportunidad de contemplar? Porque es obvio que, entre aquella economía de pequeñas empresas, en la que empezaba a generalizarse la utilización de maquinaria en las fábricas inglesas, con un proletariado depauperado y un gran imperio colonial y la economía actual marcada por la globalización, la revolución tecnológica, el auge de los servicios y las transnacionales gigantescas, la explosión demográfica y la articulación de abundancia y pobreza a escala mundial, pocas similitudes pueden establecerse.

Sin embargo, hay rasgos relevantes que justifican la elección. Se señalan algunos:

  1. El objetivo es descubrir las leyes de funcionamiento y reproducción de las actividades relacionadas con la producción , distribución y consumo de la riqueza; no algo elusivo, como escasez y fines alternativos; ni tampoco la simple descripción de situaciones o comportamientos; se supone que hay una lógica con capacidad para regular todo el proceso y que no es una lógica evidente, perceptible de forma inmediata para cualquier observador atento; es una lógica fuerte, dotada de leyes, que no transitan necesariamente por la armonía, ni conducen al equilibrio.
  2. Es una concepción que presupone el carácter histórico del objeto de estudio; una realidad que se sabe de qué evolución ‘procede, de qué conflictos ha nacido, qué intereses la atraviesan y qué tendencias se apuntan en su seno; sin que sea posible convertirla en un proceso mecánico y previsible, aunque haya que reconocer que algunos de los autores clásicos, espoleados por el des­ cubrimiento de las leyes subyacentes, creyeron posible convertirse en demiurgos, dominadores de las fuerzas que conforman el futuro; no será en esta pretensión errónea en la que busquemos, por nuestra parte, inspiración.
  3. Una realidad, constitutivamente dinámica, es decir, una realidad cuya esencia es la evolución y el cambio, no la mera reproducción de lo existente; economía en la que, por tanto, la dimensión temporal no es algo que pueda añadirse para enriquecer el cuadro inicial, sino algo sin lo que el cuadro no existiría; enfoque que, en consecuencia, pone límites severos a lo que pueda avanzarse utilizando simples análisis estáticos, a los que eventualmente podrá recurrirse, pero sabiendo que no sólo son simplificadores, sino que en esa simplificación prescinden de rasgos esenciales.
  4. Estudio de aspectos del mundo real que son inexcusablemente sociales, es decir, no sólo provenientes de la acción del hombre, sino de la acción del hombre en sociedad , relacionándose con otros hombres, formando grupos por los intereses compartidos, las funciones realizadas o la posición detentada respecto a factores relevant es, para lo que es objeto de estudio; dimensión social en la que los individuos ni se extinguen ni desaparecen, pero que tampoco es reducible a su adición; una dimensión que tiene entidad propia y en cuanto tal debe ser estudiada.
  5. Grupos entre los que destacan las clases sociales, delimitadas por su posición en la producción de la riqueza, por su distinta situación en la distribución del ingreso, por la diferente utilización del que llegan a percibir, por su relación, en fin con el excedente, esa parte del producto social que la sociedad no necesita aplicar al mantenimiento de su nivel de consumo y de su capacidad reproductiva; excedente de cuya cuantía y utilización va a depender la capacidad de crecimiento, las leyes específicas de cada forma de organizar la economía.
  6. Actividad económica que se concreta en su tiempo, y en el nuestro, en la que es propia del capitalismo, una forma singular de producir, distribuir y consumir, forma que necesita de ciertos ingredientes, necesarios para llegar a ser y poder reproducirse; sistema económico que proviene de una evolución

«feudalismo . Pero en el caso de la economía moderna, la omisión de este término identificativo básico se da por hecho, nunca se señala, y por encima de todo, no se considera en sf mismo como un elemento importante de la visión que subyace al grueso de la investigación principal (Heilbroner y Milberg, 1995: 20).

CAPITALISMO Y ECONOMÍA DE MERCADO

Consideramos al sistema económico como un entramado de procesos y relaciones que, a partir de unos componentes característicos y una lógica específica, desembocan, período tras período, en un determinado producto social.

Capitalismo o sistema económico capitalista (SEC) no son formas peyorativas o insidiosas de denominar a la pura y aséptica economía de mercado.

Puesto que este medio de coordinación es tan visible, tan vital y tan animado, al capitalismo a menudo se le llama «Sistema de mercado», pero la designación es muy deficiente siempre que ignore los subyacentes orígenes sociopolíticos de las actividades que el mercado debe coordinar y guiar; y la amplia variación en la naturaleza y amplitud de los mercados en casos particulares. Los mercados son un adjunto necesario para un orden construido en la acumulación de capital. pero no son suficientes para constituir dicho sistema (Heilbroner y Milberg, 1995: 140).

Si no podemos utilizar indistintamente, como conceptos intercambiables, mercado y SEC, necesitamos caracterizarlos con más precisión para poder diferenciarlos. Polanyi (1944) nos proporciona un lúcido hilo conductor para entender lo que significa el mercado, al menos la concepción de mercado de que vamos a valernos.

Los mercados como mecanismo social de distribución de productos existen desde tiempo inmemorial, articulados y, a la vez, subordinados a otros sistemas basados en la reciprocidad, la redistribución o la actividad hogareña; la existencia y extensión, luego, del trueque (intercambio de un bien contra otro bien) en los mercados locales primitivos y similar proceso de circulación mercantil simple (intercambio de bienes mediado por dinero) en los mercados locales y regionales de la Edad Media e inicio de la Edad Moderna, sólo fueron posibles por la existencia física de mercados; evolución en la que subrepticiamente surge la mercancía, un bien con valor de uso de la división y del trabajo privado independiente, destinado a ser consumido por otro distinto de quien lo produce, al que llega a través de un acto de cambio; entre esta situación y la de una economía de mercado media un salto cualitativo que se plasma en la generalización de la circulación de mercancías, ciclo ininterrumpido de movimiento de mercancías, en el que, curiosamente, el dinero cambia de posición y de mediador del intercambio se convierte en objetivo del mismo (obtención de un diferencial como objetivo de la circulación); la economía así organizada (la economía de mercado) pasa libres, propietarios privados de riqueza productiva y mercado.

A partir de ahí empieza su desempeño, esa actividad cuya comprensión ha ocupado a todas las escuelas de pensamiento económico que han intentado entender la economía real y no construir una entelequia. En este apartado no trato de condensar la teoría económica del capitalismo. Sería absurdo. El propósito es mucho más limitado. Sólo pretendo explicitar los componentes, las relaciones y las dinámicas sistémicas que tiene que tomar en cuenta, y con las que tiene que enfrentarse, cualquier enfoque que aspire a entender la forma de funcionar de una economía capitalista.

Hay, sin embargo, un punto esencial en el que el enfoque clásico nos resulta insuficiente: los clásicos cambian el centro de gravedad del discurso eco­ nómico y lo colocan en un ámbito social, desvinculado del mundo físico, ignorando así una dimensión esencial de la actividad económica: su carácter transformador del entorno físico y su inescapable sometimiento a sus leyes. Al atribuir el origen de todo valor al trabajo humano se ven abocados a dar un rango menor dentro de su esquema explicativo a los sistemas que regulan la naturaleza. Debemos ser conscientes de ello: pagan un altísimo precio por la lectura del proceso económico capitalista en términos sociales y de valor derivado del trabajo. Inducen una verdadera amputación del proceso real. Pero logran, a cambio, una profundización fascinante en la comprensión de la lógica de funcionamiento del capitalismo. Nuestra apuesta es intentar superar lo que su formulación tiene de visión unilateral sin llegar a descartar­ la, reintegrándola a un discurso que reincorpore la dimensión física

CONCEPTO DE SISTEMA ECONÓMICO

Como ocurre con casi todos los conceptos con una cierta complejidad en economía, se han dado muchas definiciones sobre sistema económico y la comunidad científica no se ha puesto de acuerdo aún sobre cuál es la más adecuada. No obstante, creemos que no es difícil entender, siquiera de forma descriptiva, qué queremos decir cuando hablamos de sistemas económicos.

Quizás la definición más completa sigue siendo la aportada por J. L. Sampedro que es la única que vamos a recoger de momento:

Sistema económico es el conjunto de relaciones estructurales básicas, técnicas e institucionales, que caracterizan la organización económica total de una sociedad y determinan el sentido general de sus decisiones fundamentales, así como los cauces predominante s de su actividad.

Es decir, se trataría de:

Un conjunto de relaciones estructurales, en definitiva una estructura donde coexisten e interactúan todo tipo de relaciones, especialmente dividida en técnicas e institucionales o sociales, es decir, la característica de interdependencia debe estar presente.

Estas relaciones se refieren a una organización económica global, no sectorial o regional, que tiene sus propios mecanismos de autocontrol. Es decir, puede determinar y controlar ella misma su propia evolución.

Por último, la determinación de su evolución viene dada por las mismas relaciones estructurales básicas de su organización, que además definen los cauces predominantes a través de los cuales se realiza su actividad.

En definitiva, se trata de distintas formas de organizar la satisfacción de las necesidades, deseos y aspiraciones de una sociedad, según unas relaciones que funda­ mentalmente podemos clasificar en técnicas (en sentido amplio), porque ellas de­ terminan las posibilidades (no es lo mismo una sociedad que utiliza unas técnicas basadas en energía eléctrica que una cuya tecnología está basada en energía animal o muscular únicamente), y en institucionales (también en sentido amplio), actitudes, valores, comportamiento , organización; en definitiva, todos los aspectos culturales que determinan el tipo de organización de la sociedad que influye poderosamente en la forma de organización económica y, por tanto, en el sistema económico.

GÉNESIS Y  DESARROLLO  DEL SISTEMA CAPITALISTA

El capitalismo como sistema económico diferenciado surge con la revolución comercial, fruto de la evolución que se había producido a lo largo de los últimos siglos de la Edad Media y apoyado en el incremento asombroso del comercio durante el siglo XVI. No obstante, podemos descubrir indicios de este régimen en la Babilonia y Siria antiguas, así como en las grandes ciudades del oriente alejandrino y del Imperio Romano. Además, las ciudades mahometanas de Asia, África y España, así como los centros mercantiles bizantinos, lograron una cierta aproximación a él.

No obstante, el espíritu de la búsqueda individual del máximo beneficio económico y de la iniciativa privada sin restricciones (salvo las impuestas por la libre competencia regulada en el mercado) del sistema capitalista, necesitaba una mayor acumulación de capital, que sólo fue posible con las grandes fortunas amasadas gracias al comercio al final de la Edad Media y muy especialmente durante el siglo XVI. Este gran desarrollo del comercio y el incremento de los metales preciosos transcurrieron parejos, además, al desarrollo del sistema financiero propiciado por las enormes necesidades financieras s de los Estados en rápido crecimiento, así como de las empresas con una dimensión cada vez mayor.

La cambiante concepción de la naturaleza del capital, la lucha por la libertad de negocio, la desamortización de la Iglesia, la aparición de una economía monetaria, la despersonalización de las fuerzas e instrumentos de los negocios, el incremento de la población dispuesta a trabajar por un sueldo, fueron otras tantas causas de esta evolución.

Los siglos XVI y xv 11 conocieron un capitalismo que podríamos llamar primitivo y que coexistía en gran medida con el sistema feudal. El capitalismo propiamente dicho, perfeccionado y desarrollado, no aparece hasta finales del siglo xvm en Eu­ ropa básicamente. Entonces se hicieron más claras las características de la economía capitalista, y los rasgos adicionales adquiridos durante ese tiempo pudieron ser enumerados. La vida económica se había racionalizado por completo en busca de mayores beneficios.

El papel moneda, los bancos de crédito, la producción de carácter especulativo y sus consecuencias, las crisis, hicieron su aparición. El empresario se apoderó del control de la demanda. Las compras a distancia tuvieron lugar de acuerdo con muestras y tipos. El capitalismo se extendió a todos los campos de la vida económica: a la agricultura, al comercio al por menor y hasta a los talleres locales de los artesanos. La posición estratégica en la vida económica fue pasando de la (orgánica) industria textil a la (inorgánica) industria metalúrgica. Una clase tra­ bajadora hereditaria hizo su aparición.

¿HACIA QUÉ SISTEMA VAMOS? ALGUNAS IDEAS PARA LA REFLEXIÓN

Podíamos haber estudiado aquí otros intentos de organización económica especialmente protagonizados por los países llamados del Tercer Mundo o no alineados; no obstante, en realidad a escala económica cada uno de ellos ha optado por un sistema eminentemente capitalista o socialista, aunque con diferencias importantes debido a su menor desarrollo económico o por la mezcla que muchos de ellos especialmente los más pobres-tienen como sistemas precapitalistas.

El grupo como tal existe y está diferenciado con el «primer» y «segundo mundo», pero no por el sistema económico o forma de organización precisamente, sino por sus nivele s de desarrollo y sus altos índices de pobreza. Serán estudiados como uno de los grandes problemas de la humanidad (por no decir el más grande) en la parte tercera, y como zonas concretas en la cuarta.

En el momento actual tenemos que partir de la realidad de que sólo existe un sistema económico imperante en la economía mundial. Ese sistema –capitalista es el heredero no sólo de los sistemas económico anteriores a los que sustituyó por evolución, sino también -¿por primera vez en la historia? de su teórico sucesor, dado que surgió para evitar sus errores y fallos. Ademá s, después de la crisis de los setenta-ochenta, corno ya hemos dicho, existe una clara tendencia hacia posiciones más liberales, o neoliberal es, hacia el desmantelamiento del Estado de Bienestar; es decir, la aparente victoria del sistema y la crisis han hecho que se retroceda hacia concepciones claramente decimonónicas, neoliberales, que comienzan a producir sus efectos perniciosos.

Este sistema aparece en la actualidad como un gran sistema dual en el ámbito mundial, donde a una zona (la más pequeña) con un alto nivel de vida y de despilfarro, se le contrapone otra (la más extensa) de niveles de vida muy bajos y economía poco desarrollada. Nos encontramos con un sistema que ha trasladado los graves problemas que padecían en el siglo XIX, resueltos en los niveles nacionales de las sociedades más desarrolladas, a niveles .internacionales.

Parece claro, por tanto, que se hace necesario una nueva evolución para resolver esas graves injusticias y problemas de indigencia exportados a otros países, a través de una mayor solidaridad y control a estos niveles. Será necesario crear los mecanismos del Estado de Bienestar esta vez a niveles mundiales con un «Gobierno Mundial» que controle las graves injusticias que se producen y que se encargue de redistribuir la renta de una forma más eficaz.

Quizá para ello sea de nuevo necesario la actividad de los movimientos socia­ listas o/y otras corrientes que pongan de manifiesto los nuevos problemas plantea­ dos; ecologistas, por ejemplo, que están ejerciendo una gran presión no sólo a es­ cala nacional, sino también internacional (recordaremos el papel del Foro Global, sesión paralela a la de Río celebrada en junio de 1992), ellos también renovados para evitar alguno de sus errores fundamentales.

Quizá uno de los mayores errores del sistema socialista fue eliminar (o casi eliminar) el mercado como elemento importante de su organización económica (hoy, sin embargo, se habla cada vez más de socialismo de mercado). Hay que recordar que el mercado no es «invento» del sistema capitalista, sino que existe desde los tiempos más primitivo s, desde que comienzan las primeras divisiones del trabajo más allá de la familia o tribu. Por tanto, parece que el mercado en sus diversas forma s es uno de los elementos más estables de la organización económica a lo largo de la historia y no hay razones para pensar que no siga siendo así. Otra cosa, sin duda, es la forma en que se realiza ese mercado (los grados de monopolización de la oferta o la falta de una información veraz, por ejemplo).

Por otro lado, un sistema alternativo -socialista o no- no puede l imitarse, como se ha venido diciendo recientemente, a «corregir » las desviaciones del sistema dominante en este caso capitalista-; a apuntalar un sistema a través de «par­ ches» que lo mantienen aunque no sea ya eficaz. Es más fecundo poner de manifiesto las carencias, los problemas del sistema y las posibles vías de evolución del mismo para que se resuelvan esas carencias.

Sería necesario volver a la consideración de que lo que es importante no es mantener un sistema determinado (normalmente por motivos ideológicos), sino resolver los problemas que tiene planteados la humanidad de la mejor forma posible. Lógicamente, para no ser ingenuos, aquí chocamos con un obstáculo ¿insalvable?: el re­ parto del poder. Para cambiar las cosas, no sólo se tiene que tener los instrumentos, incluso la-razón, sino también, y quizá sobre todo, el poder para hacerlo.