LA ÉTICA

UNA FUNDAMENTACIÓN DE LA ÉTICA REALISTA

La ética como investigación acerca del tipo de vida que es mejor para el hombre, es el planteamiento común a casi toda la filosofía griega y con algunas transformaciones, a muchos de los filósofos medievales: San Agustín, Santo Tomas de Aquino, etc. Después de haberse perdido progresivamente desde el siglo XIV, a partir de la mitad del XX volvió a surgir con profundidad, en parte en la llamada ética de la virtud o ética de las virtudes.

El problema se centra en la determinación, desde un punto de vista práctico, del bien de la vida humana considerada en su totalidad como un modo de vida que se realiza en las virtudes, fundamento de las normas que deben regular las acciones morales.

La ética como indagación de la ley moral que ha de ser observada. Aquí la atención se centra sobre el bien o mal de la acción singular comparándola con lo que la ley moral manda o prohíbe. De este modo, el saber ético gira entre dos polos: el polo normativo de la ley, de la obligación, del deber; y el polo de la libertad, de la conciencia moral, de la autonomía personal; mientras que el papel del sujeto consiste únicamente en obedecer.

Es una figura que nace en el siglo XIV con Escoto y Ockham y que mas tarde se desarrolla y diversifica al menos en dos direcciones: la de la teología moral católica pos tridentina, como moral casuistica, y la (del ámbito de la Ilustración, como ética secularizada de la ley: iusnaturalismo racionalista y ética del deber de Kant.

La filosofía moral como búsqueda y fundamentación de las reglas para la convivencia y colaboración social. Se trata de una figura de la que se puede señalar como origen a Hobbes, quien en medio de los conflictos propios de su época y la idea pesimista de las fuerzas que mueven al hombre, aconseja abandonar la reflexión por alcanzar el sumo bien y dedicarse, por su mayor utilidad, a evitar el sumo mal: la violencia, la guerra.

La ética como explicación naturalista del comportamiento humano. Aunque con diferencias en la aceptación, podríamos señalar a Hume como su representante clásico. Según su pensamiento, la conducta humana podría explicarse con un método semejante al de la física de Newton, sin tener que recurrir a entidades sobrenaturales o a principios trascendentales. Cabrían  aquí muchas corrientes modernas que tratan de explicar el comportamiento moral desde una visión psicológica -el psicoanálisis- o antropológica.

La ética como saber ordenado a la producción de una buena situación vital para el individuo o para la sociedad. Esta representada por varias corrientes utilitaristas y por aquellas emparentadas con lo que hoy conocemos como consecuencialismo y proporcionalismo. Para ellos, el bien es anterior y tiene primacía sobre lo justo, que en cada caso dependerá de la mayor o menor cantidad de mal que produzca.

El único fundamento posible para la moral esta en el calculo entre placer y dolor, intereses o preferencias. Su preocupación se centra en los actos y las normas, no en el bien de la vida humana considerada como un todo, y su concepto de felicidad es más bien subjetivo y hedonista.

La experiencia moral y la ética filosófica:

La constitución de la ética, como la de cualquier otro saber, versa sobre su punto de partida. Todo pensar filosófico debe tener como previo el ejercicio de alguna actividad cognoscitiva de carácter no filosófico, prerreflexivo o espontáneo, y la ética no es la excepción. Por tanto, la ética como estudio filosófico de la vid moral presupone la existencia de la vida moral; al decir de Millán-Puelles, todo pensar filosófico es una operación refleja, de segundo nivel.

Millán-Puelles considera necesario hacer tres observaciones que permiten entrever la complejidad de lo que se entiende por conocimiento ético espontáneo: la primera es que no se tienen que dar, como condiciones de posibilidad de la ética filosófica, tantas intelecciones de carácter no filosófico cuantos sean los conceptos integrados en esa ética. En general, no sólo cuando se refiere a asuntos morales, también ocurre en otras ciencias,  la capacidad para introducir conceptos o nociones, y por su mediación, juicios y raciocinios, para los que no hay lugar en la actitud mental prefilosófica, pero que son indispensables para poder ordenar y explicar los conocimientos pre científicos que le sirven como punto de partida.

La segunda es que las nociones sobreañadidas al conocimiento ético espontáneo se obtienen por razonamientos que tienen una doble base: por una parte, los principios morales primordiales, ya presentes en el conocimiento ético espontáneo y, por otra, los datos o materiales de índole general, que suministra la experiencia de la conducta humana.

La experiencia moral tiene la forma de una intuición de carácter intelectivo. Algunas veces esas intuiciones se refieren a valores que son captados inmediatamente y, en otros casos, a valores que para ser captados exigen un cierto razonamiento no siempre fácil de hacer, especialmente porque esas vivencias no son puramente sentimentales, por muy poco cultivado que sea el sujeto. Todo hombre es capaz de hacerse cargo de la diferencia existente entre un valor y el sentimiento respectivo.

Si por experiencia moral, entendemos una experiencia pre filosófica, al alcance, en principio, de cualquier hombre, será preciso que reconozcamos que en su parte mayor y más fundamental o radical, se refiere a valores inmediatamente aprehendidos en vivencias dotadas de una impregnación sentimental más o menos intensa.