Contexto inmediato

Relevancia del Contexto Inmediato

Situación de comunicación

A lo largo de la historia de la educación, la escuela, como institución social, ha ido fortaleciendo sus vínculos con la comunicación, de manera cada vez más propositiva, ganándose conciencia del carácter participativo e interactivo de ambos procesos, hasta el punto de que, en la actualidad, diversas tendencias pedagógicas identifican el proceso educativo con el establecimiento del diálogo entre sus participantes.

El examen de las concepciones más modernas de la enseñanza muestra cómo el proceso docente se desarrolla a partir de la interacción entre profesor y alumno y en el grupo de estudiantes. Se ha esclarecido que los procesos de enseñanza y aprendizaje no se reducen a situaciones diádicas docente discente, (aunque estas están presentes y son muy importantes), sino que es necesario tener en cuenta, además, la red de relaciones con los iguales, ya que son estos vínculos los que forman el contexto en que tiene lugar  el aprendizaje. Es así que surgen nuevas variantes de aprendizaje como son: el llamado aprendizaje grupal, cooperativo, interaprendizaje, aprendizaje como actividad conjunta del profesor y los alumnos, etc.

Filloux (2003), ha investigado la naturaleza comunicativa del grupo escolar, concluyendo que: “No hay duda de que una clase es por excelencia un lugar de comunicación. El campo pedagógico se define por la relación del maestro y del alumno con un saber, que de diversas formas posibles es comunicado, o se comunica. La clase, que especifica este campo en su dimensión de grupo, tiene pues, como función esencial, ser el sustrato de una correlación del saber, bajo la forma de transmisión, de aportación de información, de investigación activa, es decir, de procesos de comunicaciones.

De lo anterior se deduce que estimular la interacción entre los miembros del grupo escolar arrojará positivas influencias sobre el aprendizaje, siendo ésta más favorable si lo que se enseña es una lengua extranjera: cuanto mayor sea la comunicación en un grupo, más se reforzará su vida interna, sus posibilidades de acción y de lograr los fines que se propongan. Una clase tendrá más vitalidad mientras mayor sea la interacción entre sus miembros.

En el aula, las  relaciones interpersonales permean el proceso docente y le imprimen características específicas. La personalidad del maestro es muy importante en la enseñanza de lenguas extranjeras ya que éste debe brindar confianza hacia ese nuevo mundo, hasta estos momentos desconocido para ellos, y las relaciones que mantiene con sus alumnos mediatizan la organización del proceso docente, la utilización de métodos y formas de enseñanza, el control de la disciplina, las formas de evaluación del aprendizaje entre otros.

La educación como proceso comunicativo, como diálogo entre maestro y alumno supone no sólo cambios en la concepción y organización del proceso docente, sino también en los papeles que tradicionalmente se les ha asignado a educadores y a educandos, sin que desaparezca la autoridad moral y científico-técnica del docente, lo que se opone a la noción del profesor exclusivamente como “facilitador” del aprendizaje.

La comprensión por el docente que imparte una lengua extranjera de la importancia de la clase como un proceso de interacción y diálogo y la organización de sus clases sobre la base de esa concepción tiene importantes repercusiones en el proceso docente, en la formación de los estudiantes y en el dominio de la lengua.

La autora reflexiona que un proceso realmente educativo y, no meramente instructivo, acontece cuando las relaciones entre profesor y alumno no son exclusivamente de transmisión de información, sino de intercambio, de interacción e influencia mutua, cuando se instituye una apropiada percepción y comprensión entre los protagonistas del hecho educativo.

Estudios socio psicológicos han expuesto que, para que la educación sea efectiva, es preciso estimular en los educandos actitudes positivas hacia aquello en lo que es preciso educarlos. Estas actitudes no se transmiten por el mero discurso del profesor, sino a través de la actividad que los propios alumnos llevan a cabo y de las relaciones de comunicación que establecen entre ellos y con sus profesores.

 

Se puede afirmar que la comunicación es un proceso de esencial importancia en toda la actividad humana, la institución educativa no escapa a ello. El maestro, las estructuras directivas de la institución educacional y todas las personas que se vinculan con el estudiante en la escuela lo hacen a través de la comunicación.

La falta de afecto, de aceptación, de calidez y de diálogo en las relaciones establecidas constituyen amenazas potenciales para el logro de una formación integralmente sana de la personalidad, acorde con los principios de la moral socialista, lo cual se convierte en un factor digno de atención frente a la real revolución de los procesos comunicativos que impone el desarrollo cibernético en el mundo de hoy, donde la realidad virtual, las redes de comunicación sin barreras espaciales ponen cada vez más en peligro la permanencia de las formas de comunicación directa en el micronivel ( Lomov,1998) y la existencia del canal extraverbal en la comunicación como fuente de expresión y transmisión genuina del mensaje afectivo.

Es por ello, que la comunicación profesor- estudiante en el entorno de un aula, donde se imparte una lengua extranjera, cobra una dimensión fundamental y debe constituir una función predominante en las escuelas donde ésta sea impartida, ya que ésta constituye el vehículo de la enseñanza y al mismo tiempo es posible incidir educativamente sobre el estudiante en un ambiente participativo. La creación y preservación de una cultura comunicativa comportamental es lo ideal en las instituciones educacionales.

Los actos habla

Se considera que el origen de la pragmática moderna fueron las teorías de los actos de habla  de J. L. Austin, que vieron la luz en varias conferencias en Harvard en 1955 y se recogieron  póstumamente en 1962 en el libro How to Do Things with Words (“Cómo hacer cosas con  palabras”). Su teoría parte de la crítica de las concepciones filosóficas anteriores cuya doctrina  postulaba que los enunciados podrían distinguirse como verdaderos o falsos y por lo tanto, la  única misión de estos era confirmar hechos en términos de veracidad. Este autor defendió la  existencia de dos tipos de enunciados: los asertivos o constatativos y los performativos. Los  primeros son aquellos sobre los que los filósofos habían estado teorizando anteriormente en  términos de vericondicionalidad mientras que los enunciados performativos (designados por  verbos como jurar, prometer, garantizar…) se describían en términos de “felicidad” en oposición  al de veracidad. Es decir, teniendo en cuenta si la acción expresada por el enunciado puede ser  llevada a cabo o no, los enunciados pasarán a valorarse como afortunados (felices) y  desafortunados (infelices).

El problema planteado por los actos de habla indirectos es el de cómo es posible que cuando  el hablante dice algo, quiere decir eso y algo más. El significado de un enunciado emitido por el  hablante debe también ser descifrado por el oyente, y por eso los expertos han estudiado cómo es  posible que el oyente entienda el acto de habla indirecto cuando la oración que oye y entiende  significa otra cosa diferente.

Competencia discursiva

La competencia en comunicación lingüística se trabaja de manera directa a partir del aprendizaje de lenguas extranjeras. El conocimiento de diversos idiomas enfrenta a los alumnos y alumnas a otras formas de estructurar la realidad desde un punto de vista lingüístico y sociocultural. Las estrategias, conocimientos y actitudes que partiendo del estudio de la lengua materna y de la primera lengua extranjera contribuyen a la adquisición de esta competencia, son de igual forma relevantes a la hora de aprender un segundo idioma.

El aprendizaje de lenguas extranjeras propicia la convivencia, pues el lenguaje es, ineludiblemente, el transmisor de los conceptos, pensamientos y emociones que conforman las distintas realidades. A través del estudio de una segunda lengua extranjera se pretende continuar ampliando el horizonte de los alumnos y alumnas para que puedan interactuar de manera eficaz en un entorno cada vez más multicultural. Por otra parte, disponer de una herramienta como el conocimiento de idiomas favorece el uso de las tecnologías de la información y la comunicación en tiempo y contexto reales. Siguiendo las directrices del Marco de referencia europeo para el aprendizaje, la enseñanza y la evaluación de lenguas, la comunicación es el objetivo primordial de su enseñanza, y de ahí que las habilidades comunicativas recogidas en el bloque I, «Escuchar, hablar y conversar», y en el bloque II, «Leer y escribir» cobran en esta materia una relevancia fundamental al incluir los procedimientos necesarios para relacionar los conceptos adquiridos con su aplicación en actividades de comunicación.