LA JUVENTUD Y LA SEXUALIDAD

Juventud y la Sexualidad.

Un análisis de la cuestión de la educación y la sexualidad debe partir de reconocer que las infancias, y fundamentalmente las juventudes y adolescencias han sido los sujetos privilegiados a la hora de delinear acciones y estrategias de prevención y educación sexual.

Son pocos los abordajes que definen al adulto como sujeto de la educación sexual 20, en general se lo interpela como padre, o como responsable de la educación y sexualidad del niño. Tampoco es frecuente la apelación al adulto como sujeto que participa y se educa en colectivos organizados, ya sea que se trate de organizaciones sociales, vecinales, movimientos, grupos comunitarios, etc. En general, se recurre a estas organizaciones o instituciones, como ámbitos de llegada a los niños y jóvenes, y no como espacios específicos de participación y formación de los adultos que las con forman.

La centralidad de las infancias y adolescencias como sujetos de la educación sexual, nos lleva a considerar su lugar en la escuela, institución que ha sido por largo tiempo el dispositivo privilegiado desde las políticas de Estado para asegurar la socialización e instrucción de todos los niños de una determinada edad, y garantizar a través de su accionar (más o menos explícitamente) la transmisión y apropiación de los discursos acerca de las relaciones entre feminidad y masculinidad, la inculcación de ciertos valores y premisas morales, prohibiciones y prescripciones.

A su vez, es posible pensar que la escuela, y el tratamiento particular de la sexualidad que en ella se realizó, cumplió históricamente un papel fundamental y de largo alcance, no solo en los niños, sino que apuntó también a la socialización y el disciplinamiento de las familias y los grupos sociales, favoreciendo la inculcación de hábitos y costumbres, expectativas y comportamientos, brindándoles herramientas para actuar más allá de la escuela y formar parte del tejido social, comportándose como verdaderos “ciudadanos”. De lo que se trataba era de incidir sobre una población en “general” (en nuestros orígenes, mayoritariamente inmigrante) que veía bruscamente cambiadas sus condiciones de vida, sus parámetros y hábitos higiénicos, alimenticios, de relación sexual y social.

Nos ocuparemos, por tanto, de las formas de entender la sexualidad, la juventud, los cuerpos infantiles, etc. que se han configurado, en simultáneo, con la consolidación de los procesos de escolarización.

La Juventud Actual.

El muchacho joven, por un sentido simplemente natural, aspira con facilidad a los más grandes y nobles ideales. Por eso en todo movimiento renovador o en todo movimiento revolucionario, e incluso de ideas equivocadas, la juventud siempre tiene una participación mayor. Por razones biológicas y por razones sociales; cuando la gente es mayor no se puede comprometer de la misma manera a la hora de ir a poner unas bombas, en el caso malo digamos, o de hacer una propaganda o de enfrentarse en el campo de batalla; pues normalmente no son los mayores con sus achaques los que lo hacen, sino que son los jóvenes; y así, todas las revoluciones, las cruzadas, las grandes batallas y empresas las ha protagonizado casi siempre el elemento joven dirigido casi siempre por alguien más veterano porque eso es importante, pero a veces por gente muy joven.

Ahora bien, por el contrario. También el joven tiene unas dificultades de falta de perseverancia, de falta de recursos, de falta de medios, de estructura psíquica más inestable, más frágil que la de una persona adulta, como es natural. Y aquí es donde quiere incidir el enemigo de nuestra Civilización, el enemigo de nuestra Cultura, el enemigo de nuestra Religión y de nuestra Patria, para orientar a la juventud de manera equivocada.

El Papel de la Juventud en la Sociedad.

En los últimos años la juventud ha ido obteniendo una participación más amplia en la sociedad, esto se debe a los problemas que ha tenido la sociedad y que involucran a la juventud, el caso más importante es el de la educación.

Los jóvenes empezaron a tener una mayor participación, cuando comenzaron a exigir una mejor educación esto trajo consigo una manifestación estudiantil con la cual se le logro dar lar importancia a los jóvenes que tanto se necesitaba.

Tanto como una “participación” de los jóvenes en la sociedad es el simple hecho que los jóvenes están involucrados en ella ya que muchos de ellos trabajan, estudian y tiene ideas lo suficiente mente buenas como para considerarlas la pregunta es el ¿por qué no?, a mi parecer el hecho más significativo de que la juventud no es muy considerada por la sociedad es el hecho de que la juventud esta educándose eso a futuro le permitirá emitir una opinión ya que no solo basta con conocer un tema sino también el hecho de tener una educación lo suficientemente buena como para saber emitirla.

Juventud Universitaria.

El reconocimiento del papel crucial que la Universidad puede y debe desempeñar en la construcción de la igualdad y la prevención de violencia de género es hoy generalizado en nuestra sociedad, que suele destacar la necesidad del cambio generacional desde la educación y la formación especializada como dos herramientas fundamentales para conseguirlo. Pero llevar a la práctica este principio es más difícil de lo que suele suponerse. No basta con que la Universidad no sea sexista, sino que exige contrarrestar influencias que proceden del resto de la sociedad, erradicando un modelo ancestral de relación, que tiende a reproducirse de una generación a la siguiente a través de mecanismos fuertemente arraigados.

En función de esta dificultad puede explicarse que junto a los grandes avances hacia la igualdad producidos en los últimos años, especialmente entre la juventud, siga existiendo una importante resistencia al cambio, que es preciso detectar con rigor y precisión para poder así poner los medios que contribuyan a su superación.

La Infidelidad en la Adolescencia.

El tema de la infidelidad en la adolescencia se torna más complejo puesto que para que se produzca esta traición en el amor tienen que haber dos condiciones básicas: la primera, tiene que haberse dado una clara y consciente promesa de fidelidad previamente; la segunda, la persona tiene que estar en su total sano juicio y ser dueña absoluta de sus actos y voluntades para que la traición sea considerada como tal.

Pues bien, en el caso de la adolescencia estos dos requisitos no siempre son comprendidos ni se pueden sostener fácilmente puesto que el joven adolescente no puede prometer algo que todavía le cuesta mucho cumplir. Y es que se encuentra en una etapa de cambios, investigación y aprendizaje de distintas emociones entre ellas la del cambio de pareja o la de los vínculos livianos y frágiles.

Es una etapa en la que los adolescentes atraviesan grandes fluctuaciones de sus estados de ánimo e impulsos incontrolables muchas veces debido a los cambios biológicos. Estos normalmente hacen que ellos desborden los límites y no puedan mantener la palabra dada ni con ellos mismos. Por ello, al hablar de infidelidad adolescente lo haremos siempre con la prudencia y mesura con que estamos hablando, es decir de un ser cuyo cuerpo, emociones y psiquismo está en etapa de cambio y no siempre en condiciones de hacer este tipo de vínculos estables.

La adolescencia, es un periodo de transición, una etapa del crecimiento que marca el final de la niñez y la llegada de la adultez. Para muchos jóvenes la adolescencia es un periodo de incertidumbre e incluso de desesperación; para otros, es una etapa de amistades eternas, de aflojamiento de ligaduras con los padres y de sueños acerca del futuro. Pero en todos ellos, el tema del amor y de los vínculos de pareja están atravesado permanentemente por fluctuaciones entre el amor y la venganza, entre los celos y la seducción, mostrando así una incapacidad de considerar firmeza en sus decisiones.

Un adolescente que inicia su despertar sexual puede estar aprendiendo el modo y la manera de relacionarse con su pareja. Y podría suceder que en ese aprendizaje él o ella no sepa manejar bien su curiosidad por otro chico o la fascinación que puede sentir al sentirse deseado o deseada por otros adolescentes. Esto lo puede llevar a hacer un manejo confuso en su relación y caer en esto que los adultos llamamos infidelidad.

Es una etapa de transición, ya que es la línea divisoria entre la seguridad de la niñez y el mundo desconocido del adulto. En cierto sentido la adolescencia es un periodo de transición donde unas veces sintiéndose aun niño, el joven se traiciona a sí mismo actuando como adulto, y sintiéndose ya adulto, siente el urgente fuego de volver a ser niño traicionando al adulto que estaba empezando a nacer en él.

Sin embargo, es sabido que un adolescente enamorado, que se siente querido y con una adecuada autoestima prefiere terminar la relación con su pareja, antes de iniciar la segunda. La infidelidad como tal, se ve más en adolescentes con mucha inseguridad de su feminidad y masculinidad, así como en su capacidad para amar y ser amados, y muchas veces buscan reasegurarlas con muchas parejas, siendo al final un recurso que no los ayuda en nada. Más es la sensación de inadecuación y soledad que los acompaña.

Podríamos decir que en un primer momento, y sólo en un primer momento, la infidelidad a esta edad puede ser considerada como “normal y exploratoria”, pero la tendencia natural es experimentar una relación plena.

Igualmente, es importante señalar que la infidelidad deja en el adolescente un sentimiento de haber fallado, no poder cerrar ni concluir cosas. Por otro lado, cuando un joven no puede terminar una relación para iniciar otra puede estar enmascarando una seria dificultad para enfrentar la soledad y el hecho de manejar adecuadamente las separaciones. Si bien es cierto también que, aparentemente, esta conducta le da un prestigio frente a los pares del grupo, no evita la soledad y el sentimiento de vacío que inevitablemente le invade, asociado a muchos sentimientos de culpa.

El Noviazgo.

El noviazgo es una relación amorosa mantenida entre dos personas con o sin intención de casarse y sin convivir. Las personas que mantienen un noviazgo se llaman novios/as.

Historia.

Antes del siglo XX no existía el noviazgo, no había ningún estado de «transición» entre la soltería y el matrimonio. Se llamaba novio/a al recién casado2 y por extensión al participante de la ceremonia de casamiento, incluso antes de concluida la ceremonia.

A principios del siglo XX, era el varón quien tomaba la decisión de conocer a una mujer soltera, la cual típicamente vivía en su casa paterna. El interesado se presentaba frente a los padres y, si estos lo autorizaban, podía conversar con la joven. Esta visita consistía en una charla a cierta distancia bajo supervisión de los padres y en casa de estos. De la continuidad y exclusividad de las visitas se entendía la cercanía del matrimonio.

El noviazgo, como una relación con una duración considerable, aparece en los años 1920 y 1930 en Estados Unidos y Europa y durante la primera mitad del siglo XX, estaba fuertemente vinculado al matrimonio. En esta época, el novio/a tiene las características de lo que hoy conocemos como «prometido/a». Estas son las características del noviazgo que consideran algunas religiones, como el catolicismo. Con el acceso al automóvil por parte de las nuevas clases medias de esos países, el noviazgo pasó de tener lugar en la casa y de ser supervisada por la familia de la mujer, a tener lugar en el auto del varón y a centrarse en actividades (bailar, ir al cine, etc) pagadas con el dinero del varón ya que no era usual que las mujeres trabajaran.

El noviazgo que más se practica hoy en día aparece en los años 60 de la mano de la revolución sexual, especialmente los métodos anticonceptivos. Así fue desapareciendo la idea de la relación con el matrimonio.

Características actuales

Una definición del noviazgo tal y como se entiende actualmente en la sociedad occidental de Latinoamérica puede ser:

«…una relación social explícitamente acordada entre dos personas para acompañarse en las actividades recreativas y sociales, y en la cual se expresan sentimientos amorosos y emocionales a través de la palabra y los contactos corporales».

Para describir las relaciones de pareja actuales, Luis Miguel Lazo López, identifica dos modelos, uno que llama tradicional, relacionado con el amor romántico, la fidelidad, la lealtad, el compromiso y el noviazgo y otro que llama liberador, relacionado con relaciones temporales, casuales y centradas en la búsqueda del placer donde prima la autonomía y la ruptura del orden tradicional. Dado que, según Anthony Giddens, la vida moderna presenta continuidades y discontinuidades, la continuidad hace posible la coexistencia de ambos modelos en el imaginario de los jóvenes, aunque, en el mencionado estudio, situado en un ciudad de más de 300 mil habitantes, el autor detecta que el discurso liberador es hegemónico.

Por otro lado, Verónica Vázquez García y Roberto Castro, cuyo estudio está situado en el medio rural, afirman que, si bien ha habido cambios en cuanto a la espontaneidad, la duración y la cantidad de relaciones, se mantienen patrones desiguales de poder entre los géneros tales como presiones sexuales hacia las mujeres, sentido de propiedad sobre el cuerpo de las mujeres, control de los desplazamientos y salidas de las mujeres e imposición masculina de la decisión de unirse.10 Todos estos, elementos que nada tienen que ver con un modelo liberador; más bien están vinculados al carácter de prevalencia masculina de los noviazgos del pasado.

Las características del noviazgo y otras relaciones de pareja actuales, pueden ser extraídas de un estudio de campo realizado por José María Romo Martínez. El cual se llevó a cabo sobre jóvenes estudiantes universitarios de ambos sexos con edades entre 18 y 26 años.

Cantidad de relaciones: la mayoría de los entrevistados ha tenido por lo menos una relación en noviazgo, las cuales han durado de 10 meses a más de 4 años de duración. Algunos no ha tenido ninguna y otros más de 10.
Intensidad. Algunos se refieren a sus relaciones en buenos términos con añoranza y ensueño, otros, en cambio, las valoran como desastrosas, tempestuosas cargadas de celos, de sentimientos posesivos y de las cuales siguen dolidos.

Duración: Se registraron relaciones de noviazgo de corta duración, de apenas un par de semanas o meses hasta relaciones de 4 o 5 años. Hay casos en que se combinaban relaciones breves con extensas de manera consecutiva o simultánea.

Formalidad: Hay relaciones de pareja llamadas «serias» o «formales», para lo cual es necesario expresar una especie de pacto de exclusividad y continuidad y que la relación sea pública, especialmente frente a las familias. Por otro lado, existen relaciones de amistad o informales relacionadas con la sexualidad o el contacto físico. Muchos valoran fuertemente las relaciones formales. En cuanto a las relaciones informales, para unos parecieran ser más atractivas, mientras que otros no las descartan.

Sexualidad: Hay algunos que ven el sexo como importante en la pareja. Otros ven bien la práctica de relaciones sexuales pero con reservas, como las que tiene que ver con el cuidado ante las enfermedades de trasmisión sexual embarazo, o bien, siempre y cuando haya amor de por medio. Y otros que el noviazgo ha de ser casto para la preparación al matrimonio, ya que es un periodo de prueba.

Matrimonio Gay.

Tan solo 3 días después de la aprobación de la ley y uno después de su publicación en el Boletín Oficial del Estado los homosexuales podían legalizar su unión con los mismos derechos que las parejas heterosexuales, incluida la adopción, convirtiéndose de esta forma en el cuarto país del mundo en permitir las bodas entre homosexuales después de Holanda, Bélgica y Canadá.

Este reconocimiento, al que se comprometió José Luis Rodríguez Zapatero nada más llegar al Gobierno y que además era una de sus promesas electorales, fué recibido con entusiasmo por las los colectivos de gays y lesbianas pues supone la culminación de una batalla que llevaban años librando y que obtuvo sus primeros frutos con los registros de parejas de hecho, que comenzaron a funcionar en algunos ayuntamientos y comunidades autónomas a mediados de los 90 y en los que podían inscribirse tanto parejas heterosexuales como homosexuales.

El Gobierno Socialista, en octubre de 2004, aprobó la primera redacción del anteproyecto de matrimonio homosexual. El 17 de marzo de 2005 comenzó la tramitación en el Congreso del proyecto de ley por el que se modificaba el Código Civil, y fue aprobado por el pleno de la Cámara el 21 de abril en medio de las críticas por parte de la Iglesia, incluido un llamamiento desde el Vaticano animando a los funcionarios a negarse a casar a personas del mismo sexo. La polémica se avivó en junio con la celebración de una gran manifestación de rechazo en Madrid (el día 18), convocada por el Foro Español de la Familia.

En Republica Dominicana, se visualizan en las calles parte de esta unión, aunque legalmente no se experimenten estos tipos de matrimonio.