INFORME MC BRIDE

INTRODUCCIÓN

Ante ello, es necesario recordar que en 1980 el irlandés Sean MacBride, fundador de Amnistía Internacional y premio Lenin y Nobel de la paz, preparó la propuesta denominada Informe MacBride con el fin de estudiar los principales problemas de la comunicación y que fue aceptado por consenso en la Conferencia General de la UNESCO, en Belgrado. Durante el proceso de gestación del Informe MacBride, la UNESCO fue escenario de fuertes tensiones entre países partidarios y detractores por intentar promover políticas nacionales de comunicación, hasta el extremo de convertirse en un factor clave para comprender la posterior salida de los Estados Unidos y el Reino Unido de la UNESCO. Estas posiciones se aglutinaron en relación a dos conceptos antagónicos durante décadas y continúan hasta la actualidad: Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC) v.s Libre Flujo de la Información (free flow of information). Examinando la vigencia de los planteamientos formulados hace 25 años por el Informe MacBride; hoy podemos decir al principio del siglo XXI, que dichos postulados no se han satisfecho y siguen siendo plenamente vigentes para la agenda política, cultural e informativa de la sociedad del nuevo milenio, especialmente, cuando hoy se discute en Ginebra y el Túnez, en la UNESCO el proyecto de elaboración de la nueva Sociedad de la Información. En consecuencia, su marco y visión comunicativa de la sociedad, en la mayor cantidad de los rubros propuestos siguen pendientes de construirse y deberá ser una directriz central que tendrán que rescatar el corazón de los proyectos de cultura y comunicación contemporáneos para construir naciones y comunidades humanas más equilibradas.

INFORME MC BRIDE

El Informe McBride, también conocido “Un solo mundo, voces múltiples”, es un documento emitido por la Unesco en 1980 y surgido en el centro de los debates intelectuales sobre el desequilibrio entre el Norte y el Sur en el contexto internacional de los medios de comunicación.

Este informe fue el resultado de la reivindicación de un Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC) por parte de los países no alineados desde mediados de los años 70. Quería conseguir sistemas de comunicación más justos en los que incluir a los países en vías de desarrollo y demostraba cómo el desequilibrio en materia de información a favor del Norte amenazaba tanto la singularidad como la diversidad de las culturas del Sur.

El contexto en el que surgió el Informe McBride se caracterizaba por estar inmerso en el ambiente bipolar de la Guerra Fría y el avance de la ideología neoliberal. La ONU adoptaba como propia la teoría de la modernización que consideraba que la diseminación del conocimiento y las tecnologías de los países del Norte repercutiría directamente en el desarrollo de los países del Sur. Estos postulados fueron cuestionados en los años 70 por la teoría de la dependencia que consideraba que el modelo de comunicación “desarrollado” generaba dependencia, mientras que el subdesarrollo de la periferia era un requisito necesario para el desarrollo del centro hegemónico.

La idea central del Informe McBride, que comenzó a gestarse en la reunión de la Unesco celebrada en Nairobi en 1976, era la democratización de la comunicación. En esta Conferencia se creó una comisión presidida por el irlandés Sean McBride dirigida a crear este documento. Cuatro años más tarde se aprobó el Informe McBride donde se abordaban los retos que presentaba a escala mundial el proceso de concentración empresarial de los medios y las industrias editoriales y audiovisuales, así como la adopción de las nuevas tecnologías de la comunicación y el control de los flujos informativos y los contenidos culturales. Además, se estableció la necesidad de corregir la desigualdad y los desequilibrios en términos de comunicación, información y cultura, entre un mundo rico e influyente y un mundo pobre e irrelevante.

El Informe McBride exigía pluralismo y diversidad; proclamaba que la libertad de información no podía reducirse a la libertad del mercado informativo; confirmaba la injusticia en la circulación de la información a nivel global; e indicaba las estrategias necesarias para solucionar la situación, como era una mayor intervención del Estado en el sistema comunicativo internacional para que las potencias con más poder dejaran de intervenir en las naciones del Sur, pertenecientes al denominado Tercer Mundo. Estas medidas no fueron aceptadas por algunos países, como Gran Bretaña o EE.UU. Ambos abandonaron la Unesco porque entendían que los preceptos del informe suponían modificar políticas nacionales de comunicación e introducir límites a la libre circulación de productos culturales, lo que entraba en conflicto con sus intereses y con los de las empresas de comunicación allí establecidas.

El documento recibió muchas críticas, por lo que la Unesco abandonó el debate y aceptó la idea de que los flujos transfronterizos de información eran una necesidad impuesta por el mercado internacional y la propia realidad mundial. Se aceptó una especie de “darwinismo” en el campo de la comunicación donde vencían aquellos que habían logrado constituir grupos emisores dominantes y que, por tanto, habían conquistado el derecho a emitir. El NOMIC desapareció de las reflexiones y el problema del desequilibrio Norte-Sur no se volvió a plantear durante la década de los 80.

La cuestión volvió a la actualidad a comienzos de los años 90 con motivo de las discusiones del GATT (actual OMC). Esto se debía a que la posición de los europeos frente al dominio de EE.UU. se aproximó bastante a la de los países del Sur. Así pudo verse como algunos conservadores hablaban de “imperialismo cultural norteamericano”, de la misma forma que alguien de extrema izquierda lo hubiera hecho diez años antes. En definitiva, se recordaba que ese imperialismo podía constatarse realmente, pues si en 1980 se observaba que cuatro de cada cinco mensajes emitidos por el mundo provenían de EE.UU., en 1990 era visible que los programas audiovisuales también provenían fundamentalmente de este país. En la actualidad, algunos enfoques del Informe McBride mantienen su vigencia.

En cuanto a los contextos en los que surgió el Informe McBride y los que caracterizaron el panorama posterior se pueden observar las características del modelo social, económico y político, así como la geopolítica y el contexto cultural y comunicativo.

informe

La comunicación de tipo estrictamente vertical caracteriza a las sociedades que se basan en un sistema de estratificación social rígido, jerárquico y selectista. Los sistemas de información muy centralizados y rigurosamente controlados de circulación vertical, dirigida de arriba abajo, están admirablemente adaptados a las sociedades que reprimen la disensión y la discrepancia con respecto a la política oficial y a los que imponen unos modos de comportamiento.

En las sociedades adelantadas, la circulación vertical produce un volumen considerable de información. Pero esta información suele ofrecerse sin discernimiento, sólo va dirigida a un público preciso y definido y no ha sido concebida en función de exigencias y necesidades humanas.

CONCLUSIÓN

Dentro de los muchos planteamientos que formuló hace más de dos décadas el Informe MacBride, destacan, entre otros, por su importancia vertebral para ser retomados en la actualidad, particularmente después de que los Estados Unidos se volvió a incorporar a la UNESCO el 1 de octubre de 2003; los siguientes 5 aspectos: La unidireccionalidad de la comunicación, la concentración vertical y horizontal, la trasnacionalización, la alineación informativa y la democratización de la misma.

En cuanto a la unidireccionalidad de la comunicación, el Informe MacBride, señaló que “la comunicación es un intercambio permanente entre interlocutores iguales o al menos recíprocamente responsables. La comunicación basada en un intercambio y un diálogo libres, no solamente es más auténtica y más humana, sino que además constituye una mejor salvaguarda de la armonía social”.

Sin embargo, también existe la circulación de la información que es vertical en lugar de horizontal y se efectúa, en parte, en una sola dirección, de arriba abajo. Esta concepción de la comunicación tiende a eclipsar el objetivo, igualmente importante que consiste en fomentar el acceso y la participación del público. En éste modelo el hombre y la mujer corrientes se sienten excluidos y piensan que la destreza y el material profesional son condiciones indispensables para la comunicación.