Agentes de Prensa

Un grupo de profesionales que dan forma a las opiniones sobre las empresas y sus actividades. Estos profesionales, además de su función básica como agentes de prensa, personalizan los comunicados de prensa para hacer llegar el mensaje específico que ha sido diseñado para alcanzar la meta previamente fijada.

¿Qué vende un agente de prensa?

Las diferencias entre Publicidad y Prensa que se destacan en los espacios publicitarios pueden ser comprados como una mercancía o un servicio cualquiera. El anunciante adquiere un lugar para poner su aviso, bien definido en cuanto a contenido, fechas de difusión, extensión, ubicación y frecuencia. No ocurre lo mismo con la Gestión de Prensa: los medios pueden complacer al agente o ignorar sus pedidos. Si acceden, pueden publicar lo solicitado cuándo, dónde y en la forma que elijan. Ante tanta incertidumbre, pareciera que cualquier empresa mediana podría encargar a un empleado enviar información a los medios, como quien tira anzuelos al río en busca de pique. Quienes hacen eso cosechan, generalmente, resultados pobres.

En efecto, el periodista sabe que determinado agente de prensa habla su mismo lenguaje y conoce sus necesidades profesionales. No confiará en otro hasta que, con el tiempo, demuestre su idoneidad. Un buen relacionista jamás difundirá una noticia inexacta, “envenenada” o groseramente exagerada. Aunque su actividad es pagada por un cliente, el campo en el que siembra es el espacio periodístico. Sabe bien que un error de conducta en ese aspecto podría dejarlo fuera de juego. He aquí, entonces, la primera virtud que “vende” un relacionista: su buen dialogo con los comunicadores.

Desde luego, esa confianza se construye a través de un largo conocimiento previo, abonado por impecables operaciones que enriquecen al medio en su faz informativa. En base a esa relación profesional cultivada durante años, de acuerdo con la naturaleza de la noticia que se le pide difundir, y tras computar resultados históricos de gestiones similares, el agente puede estimar qué proporción tendrá de respuestas positivas en cada operación, y es difícil que se equivoque. Asimismo, la idoneidad del relacionista para satisfacer simultáneamente las necesidades del medio y las aspiraciones de su cliente, termina por hacerse conocida, lo que consolida y tiende a ampliar su cartera de clientes. En consecuencia, otra virtud que “vende” el relacionista es su trayectoria confiable.

Algunos usuarios nuevos de servicios de Prensa, acostumbrados a evaluaciones acotadas y mensurables, tienden a solicitar a sus agentes compromisos minuciosos de respuesta. En base a las virtudes más arriba citadas, el relacionista de Prensa puede garantizar resultados tanto como pueden hacerlo un médico, un domador, un creativo publicitario o un director técnico de fútbol, por sólo mencionar unas pocas profesiones cuyo éxito depende tanto de la habilidad y el talento como de factores externos menos previsibles.

La Ética en las Relaciones Públicas

La ética es la parte de la Filosofía, que trata de la moral y de las obligaciones del hombre. Es la ciencia que de manera rigurosa orienta las actuaciones del individuo para el logro de fines elevados, mediante la recta razón inspirada de la moralidad.

Todo profesional tiene la obligación de considerar los ideales y funciones de su profesión; tiene obligación de considerar el resultado posible de cualquier acción propuesta; tiene obligación de abstenerse de aquellas actividades que quiten mérito a la sana supervivencia de la profesión.

El Relacionador Público como el encargado de crear y mantener las buenas relaciones entre los miembros de la organización, y entre la organización y los demás sectores de la opinión pública, a fin de proyectar una buena imagen de la organización, debe estar siempre sujeto al cumplimiento de las normas éticas y morales para que esa imagen sea siempre favorable.

Desde el momento de su inclinada disposición hacia la profesión de relaciones públicas, el individuo debe mostrar un elevado índice de moralidad, pues se trata de una carrera en la cual se justifica una vocación hacia la verdad, el trabajo y el decoro. Pues quien toma la decisión de hacerse compromisario de contribuir a la formación de la opinión publica no puede tener menos sentido ético lo que tiene que:

  • Presentar los hechos con honradez y sin omisiones.
  • Sacar conclusiones objetivas de los hechos expuestos, basándolas en el peso de la obediencia y en el concepto bien meditado del mayor bien.
  • El Relacionador Público debe estar motivado por un interés personal.
  • Debe comprender que no es infalible y debe permitir que se oiga la voz de aquellos que están en desacuerdo con él, en la columna de las cartas del público y por otros medio apropiados.
  • Debe revisar sus propias conclusiones y corregirlas si encuentra que se basan en conceptos erróneos previos.
  • Deber retener el valor de sostener sus convicciones bien fundadas y nunca escribir nada contrario a su conciencia.
  • Deben respetarse las opiniones individuales bien meditadas.
  • Debe apoyar a sus colegas cuando estos defiendan las normas más altas de la Integridad Profesional.

A nuestro juicio y en lo que concierne al aspecto ético del Relacionador Público, diez deberes le son ineludibles en su carrera. Los cuales son:

  • Decir siempre la verdad.
  • Usar un lenguaje decente y depurado.
  • Ser justo e imparcial.
  • Colocar el interés social por encima del particular.
  • Servir con diligencia y optimismo.
  • Conducirse honorablemente en todos sus actos.
  • Actuar independientemente, conforme a sus ideas de bien.
  • Ser sincero y responsable.
  • Mejorar su cultura leyendo buenas obras.

De un Relacionador Público capaz, decente y activo, se pueden esperar los mejores servicios a la sociedad. Las características de una concreta ubicación del Relacionador Público en el plano de la decencia, lo hacen admirable y será motivo para hacerse influyente y darle realce a la empresa donde realiza su trabajo.

La creación de las ideas morales por el relacionador, deben constituir una garantía para todos. Es importante que su obra merezca aprecio del presente y resista el juicio del futuro, sin que afecte su prestigio jamás.
No serían verdaderos representantes de los intereses sociales quienes conduzcan la opinión pública por caminos extraviados o tiendan nebulosas para impedir la visualidad de metas constructivas.