EL ORIGEN DE LA BANCA Y LOS PRIMEROS BANCOS DEL PAÍS

El primer banco que se estableció en el país fue el Banco Nacional de Santo Domingo, as mediados del año 1869, en virtud de una concepción otorgada por el presidente Báez a favor de la firma de Nueva York denominada Prince & Hollester. Su objetivo primordial consistía en disfrutar del privilegio de la emisión de billetes nacionales, con la obligación de convertir estos en monedas de oro y plata.

Después de este año se autorizo a varias personas la instalación de instituciones bancarias que no llegaron a prosperar y entre ellas podemos citar en 1874 a los Señores G. O. Gravis y M. B. Cunha Reis.

En el periodo en que renacía la influencia francesa fue que el presidente Heureaux otorgo una concepción de fecha 26 de Julio de 1889, por un periodo de 560 años, a la sociedad de Credito Mibiliar (Credit Mobilier de Francia), con sede en Paris, para establecerle segundo banco dominicano que se denomino también banco nacional de Santo Domingo. Esta importante institución, con un capital inicial de US2,000,000.00, funciono con regularidad desde sus inicios de operaciones en noviembre de 1889 hasta 1893. Más luego se produjeron incidentes que motivaron la desaparición del banco francés, el cual fue reemplazo por un banco americano.

El Banco Nacional de Santo Domingo fue poco a poco declinando y ya para el año 1914 el Señor santiago Michelena quedo asignado depositario de los fondos del estado. Luego comenzaron sus operaciones en el país las agencias de bancos extranjeros, las cuales ejercieron todas las actividades propias de la banca comercial. Fue el 5 de Febrero de 1917 la International banking Corporation, subsidiaria del nacional City Bank y posteriormente en 1920 The Bank of Nova Scotia.

El primero de enero del 1926 el Nacional City Bank, que mediante su subsidiaria en el país la International Bank Corporation había estado manejando los fondos del estado desde su instalación en el país, suplantando de esta manera al Señor Santiago Michelena, quedo definitivamente establecido en la Republica Dominicana hasta el 24 de Octubre del 1941, cuando esta entidad Bancaria fue vendida al Gobierno Dominicano, para convertirse en lo que es hoy el Banco de Reservas de la Republica Dominicana.

Cuatro años más tarde, en virtud de la Ley No. 9087 de fecha primero de Junio de 1945, se creo el banco Agrícola e Hipotecario actualmente denominado Banco Agrícola de la Republica Dominicana, que vino a constituir la primera experiencia en materia de instituciones especializadas para promover el desarrollo económico.

Para el año 1947 época en que se produce la reforma del sistema monetario bancario, los bancos que funcionaban eran el Banco Central, creado ese año, el Banco de Reservas, The Royal Bank of Canadá, The Bank of Nova Scotia y el Banco Agrícola de la Republica Dominicana.

LA CARTA DE CREDITO

Es un instrumento de pago, sujeto a regulaciones internacionales, mediante el cual un banco (Banco Emisor) obrando por solicitud y conformidad con las instrucciones de un cliente (ordenante) debe hacer un pago a un tercero (beneficiario) contra la entrega de los documentos exigidos, siempre y cuando se cumplan los términos y condiciones de crédito.

En otras palabras, es un compromiso escrito asumido por un banco de efectuar el pago al vendedor a su solicitud y de acuerdo con las instrucciones del comprador hasta la suma de dinero indicada, dentro de determinado tiempo y contra entrega de los documentos indicados. Este instrumento es uno de los documentos más sencillos en su forma y de los más complejos en cuanto a su contenido. Llamada también “Crédito Comercial”, “Crédito Documentario”, y en algunas ocasiones simplemente crédito.

Origen de la Carta de Crédito:

La evolución comercial nos evidencia los esfuerzos tendientes a mejorar las condiciones de la sociedad hacia su perfección, más que una reflexión histórica, también se podría denotar la evolución de una forma de actuar específica como el Crédito Documentario, sus errores, conveniencias y ventajas.

El comercio es tan antiguo como las sociedad misma, y contemporáneamente también lo es el Derecho, desde las Leyes Marítimas de Rosas 300 años a C., o por los indicios de la existencia de títulos de crédito en Babilonia 3.000 años a. C., o por las semejanzas de las Cartas de Crédito en el antiguo Egipto con las de hoy día.

En la época feudal en virtud de las actividades económicas de aquel entonces, se producía un excedente económico, fruto del trabajo que no se reinvertía en un proceso creador de nuevas formas de producción. En esos feudos en virtud de tal excedente se intercambiaban los insumos y bienes, algunos por tierra y otros por mar cuando era posible. Este intercambio era objeto de pillaje, robo y piratería, lo que dificultaba el normal desenvolvimiento del comercio.

En los inicios del año 1.255, existía la llamada Carta de Cambio, nombre este que deviene de la actividad comercial donde un comerciante remitía una carta a otro comerciante, sea de la plaza o de distinta plaza, ordenándole el pago de una cantidad de dinero en contraprestación a una deuda pendiente o con la promesa de efectuar la misma operación pero en sentido inverso compensando acreencias.

Hasta ese momento las compras de mercancía en el extranjero no estaban lo suficientemente garantizadas por lo que su uso se restringió a aquellos casos en los que existía una relación constante de negocios entre dos casas comerciales que operaban normalmente sobre la base de una Cuenta Corriente o de Crédito.

Algunos autores clásicos coinciden en sus obras que la Carta de Crédito Documentada comenzó a utilizarse a mediados del siglo XIX, e incluso su creación fue imputada a los Merchant Bankers en el siglo XVII, ya que se decía era una forma de pago y fórmula documentaria de financiación.

Al inicio de la Primera Guerra Mundial el progreso de industrialización se incrementó por lo que igualmente aumentó la utilización de las Cartas de Crédito. Los Estados Unidos tomaron el liderazgo en la utilización al desplazarse el mercado de Londres a New York, perfeccionando la Carta de Crédito a la par, los europeos aliados utilizaban el mismo sistema para sus intercambios internacionales optando cada uno por las normas que distintamente regían cada caso.

La Carta de Crédito prevista hoy día en nuestro Código de Comercio en los Artículos 495 al 502 corresponde a lo que se ha conocido como las Cartas de Crédito de Viajeros o conocidas en el idioma inglés como “travellers letters of credit”, las cuales han sido suplantadas por las tarjetas de crédito y los cheques viajeros.
Toda Carta de Crédito tiene su origen en un contrato de compra-venta de mercancías (aunque puede originarse en la prestación de servicios).

En resumen las cartas de crédito son una promesa de un banco o instituto de crédito de pagar una cierta suma de dinero; se paga contra la presentación de documentos que certifican un hecho o acto jurídico; su plazo para hacer uso de la Carta de Crédito debe estar pre-establecido. Vencido el plazo, el beneficiario de la Carta de Crédito no puede girar sobre esta; debe ser emitido por un banco comercial.

Funciones de la Carta de Crédito:

La Carta de Crédito tiene como función garantizar las compraventas a distancia no sólo dentro de un país, sino también con el objeto de exportar mercancía a comerciantes ubicados en otros países. Por eso, debemos partir del supuesto primario como lo es la existencia de un contrato de compraventa.

Esta primera relación, aunque usual, no siempre es una compraventa, por medio de la Carta de Crédito se han garantizado otras actividades tales como garantía de una licitación, para un proyecto de construcción que abre algún gobierno y en garantía del cumplimiento se emite una Carta de Crédito por un determinado valor.
Igualmente la Carta de Crédito tiene como función garantizar las obligaciones de los proveedores de los grandes proyectos, así como también para respaldar la emisión de papeles comerciales, e incluso es un instrumento útil para desmontar trampas legales.

En una oportunidad, se suministraron Cartas de Crédito a manera de fianza para poder sacar a una persona de una cárcel del Medio Oriente, y para la liberación de prisioneros de Cuba después de la invasión del Presidente Kennedy a la Bahía de Cochinos en 1.962.

EL CHEQUE ORIGEN Y EVOLUCIÓN

El cheque es uno de los documentos que han evolucionado con gran rapidez, como consecuencia de su combinación con cuentas bancarias disponibles a la vista. En una palabra, el cheque no tendría la importancia que tiene si los Bancos y otras entidades de crédito no hubieran empleado esta forma de orden de pago para que sus clientes dispusieran de fondos depositados o crédito concedido. Su utilización, en la misma forma que en la actual o con muy escasas diferencias, se inicia en Inglaterra hacia 1780. Sin embargo, la primera regulación como cheque se encuentra en la Ley de 14 de junio de 1865 en Francia.

Posteriormente otros países regularon esta materia (Bélgica, 1873; Suiza, 1881; Inglaterra, 1882, etc.).

Es sustentada la teoría de que el impulso del cheque proviene de la expansión bancaria que tiene lugar en el siglo XIX, por todos aquellos Bancos que no acceden al privilegio de emitir billetes o cuando éste se convierte en monopolio de un solo Banco. Los hechos parecen avalar tal teoría, pero, aun sin este estímulo, se hubiera extendido el uso del cheque por las evidentes ventajas que tiene para el pago de muchas transacciones. Si no se ha expandido más su uso es porque la regulación del cheque, muy dispar de un país a otro, no ha encontrado en ninguno una fórmula equitativa para asegurar en grado suficiente la calidad del título, pese a la Ley Uniforme.

Es en Estados Unidos donde ha tenido un uso más espectacular, y en las décadas 60 y 70 el volumen de cheques ha crecido a razón del 7 por ciento anual, si bien este crecimiento hubiera sido todavía mayor de no haber surgido otros instrumentos de pago, como consecuencia especialmente de los desarrollos tecnológicos, y así, por ejemplo, la tarjeta alcanzaba en dicho país en 1989 un volumen equivalente al 18 por ciento de los cheques.

La masificación del uso de cheques despertó bien temprano la necesidad de utilizar medios mecánicos y más tarde electrónicos para el tratamiento bancario de estas operaciones. Son numerosos los sistemas desarrollados para simplificar y acelerar los procesos sobre estos documentos.