Comunidad Britanica

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

El origen de la misma debe trazarse en el siglo XIX, cuando las colonias con su numerosa población blanca desarrollaron una incipiente conciencia nacional y aspiraron a un grado mayor de autonomía, como había sucedido con los Estados Unidos de América a fines del siglo XVIII.

Ante los problemas en Canadá, el Gobierno británico comenzó a conceder el autogobierno a esas provincias (1847), lo que luego Se extendió a Australia (1855-59), Nueva Zelanda (1856) y Sudáfrica (1872-93) En 1867 las provincias de la América del Norte británica se agruparon en el Dominio de Canadá, ejemplo seguido por Australia (1900) y Sudáfrica (1910). En 1907 el Gobierno de Londres reconoció a estos cuatro territorios (incluyendo a Nueva Zelanda su capacidad de autogobierno nacional.

La Primera Guerra Mundial catalizó estas transformaciones, pues la importante contribución de los dominios al esfuerzo bélico se reflejó en su capacidad de decisión en el Gabinete Imperial de Guerra, hasta el punto de que tuvieron representantes en las conferencias de paz de 1919, e incluso recibieron mandatos de la Sociedad de Naciones, como sujetos de pleno derecho internacional.

Parece que el término British Commonwealth of Natíons fue acuñado en 1917 por el general J. C. Smuts, o por L. G. Curtis, hombres que sirvieron en el ejército y a la administración imperial. Curtis fundó la revista Round Table para difundir sus ideas sobre «imperialismo liberal».

Por esta misma época surgió un problema en el mismo corazón del imperio. Desde principios del siglo XX, el movimiento independentista irlandés se había agrupado en torno al partido Sinn Fein, fundado por A. Griffith. En 1916 promoviendo levantamiento en Dublín para proclamar la República que fue duramente reprimido. Aun así, el Sinn Fein obtuvo en las elecciones de 1918 la mayor parte de los escaños reservados a Irlanda en el Parlamento británico. Sus líderes decidieron constituirse en parlamento (Dáil) independiente y formar un gobierno clandestino la tensión política se complicó por las acciones violentas del brazo armado del partido, el IRA, dirigido por M. Collins, que desencadenó el domingo sangriento (21 de noviembre de 1919). En 1921, Collins y Griffith firmaron un tratado con Gran Bretaña por el que irlanda, excepto el Ulster, se convertía en Dominio con Gobierno y Parlamento propios.

A partir de la Primera Guerra Mundial Gran Bretaña mantuvo con sus dominios una serie de reuniones periódicas (Conferencias imperiales) La de 1926 fue especialmente importante, pues en ella se abordaron dos cuestiones clave. Por un lado, se constató la imposibilidad de redactar un texto constitucional válido para todo el imperio, pues se trataba de territorios muy distintos en muchos aspectos. Por otro lado, la cuestión del estatus jurídico de los dominios en relación con la metrópoli fue resuelta con la llamada fórmula Balfour: Gran Bretaña y los Dominios Son comunidades autónomas dentro del Imperio, iguales en estatus, en modo alguno subordinadas unas a otras en cualquier aspecto de sus asuntos internos o externos aunque unidas por una fidelidad común a la Corona y libremente asociadas como miembros de la British Commonwealth of Nations.

FASES O ETAPAS

Estatuto de Westminister en 1931, que dieron origen a la Mancomunidad (en ese entonces consistente en un puñado de ex colonias aún leales a la monarquía). Hacia el interior es administrada por una Secretaría General con sede en la ciudad de Londres y que en la actualidad es ocupada por Donald C. McKinnon, ex ministro de Relaciones Exteriores de Nueva Zelanda. Otras organizaciones hermanas que colaboran con los esfuerzos de la Secretaría General son la Fundación de la Mancomunidad Británica (en inglés, Commonwealth Foundation) y la Mancomunidad del Aprendizaje (en inglés, Commonwealth of Learning) con sede la primera en Londres y la última en la ciudad de Vancuver (Canadá).

En 1997 la organización limitó la membresía sólo a aquellas naciones que posean algún vínculo constitucional con las naciones de la mancomunidad y se comprometan a respetar las normas y convenciones existentes en la misma.

Actualmente la Mancomunidad Británica carece de constitución pero sus miembros se comprometen voluntariamente a cumplir la Declaración de Principios de la Mancomunidad firmada en Singapur en 1971 y ratificada en la Declaración de Harare veinte años después. En términos generales la Declaración reconoce la importancia de la democracia y el buen gobierno, el respeto a los derechos humanos, la igualdad entre el hombre y la mujer, el respeto a las leyes y el desarrollo socioeconómico sostenible.