EL TURISMO URBANO

CONCEPTO DEL TURISMO URBANO.

Básicamente el turismo urbano puede considerarse como una modalidad de turismo que se despliega específicamente dentro de una ciudad (o cualquier otro espacio terrestre urbano) y abarca todas las actividades que los diversos visitantes realizan a lo interno de ella durante el desarrollo de toda su estancia: desde el simple hecho de conocer diversos puntos de interés que pueden ser plazas además de museos, monumentos, edificios históricos y públicos hasta realizar diversas actividades estrechamente relacionadas con la profesión y lo que son los negocios.

Muchos expertos recomiendan estar totalmente informados a la hora de llegar a la ciudad que se quiere visitar además que nunca debe faltar las diversas opciones que se nos ofrece. Los visitantes se pueden apoyar en el uso de guías turísticas para poder decidir a la hora de llegar, puntualizar que es lo que se desea ver y deleitarse de la ciudad. En las ciudades modernas orientadas al turismo existen lo que son centro de información turística.

En estos centros se puede solicitar información de todo aquello que se puede ver y escudriñar en la ciudad, asuntos relacionados con los horarios y el modo de transporte más conveniente. Muchas de las ciudades actualmente ofrecen lo que son Tarjetas de Visita Turística de la ciudad, aunque cabe destacar que no siempre son rentables. Una de las actividades más utilizadas en lo que respecta a los tours de ciudad es el recorrido en autobús también llamado (city tour). Ofrece diversas ventajas a aquellas ciudades grandes en las cuales los turistas no tienen muchos tiempo de visitar los atractivos centrales.

ORIGEN Y EVOLUCIÓN.

Según muestran las distintas evidencias el Turismo Urbano fue uno de los primeros tipos de Turismo efectuado en todo el mundo y sus inicios se sitúan en la antigüedad, cuando las distintas incitaciones de viaje hacia otras urbes eran de tipo como son económico, motivos políticos, motivos religiosos entre muchos otros más. Esto ocurrió en el tiempo en que los diversos visitantes poseían el privilegio de conocer las diversas maravillas de todo el mundo antiguo.

“En la época perteneciente a la edad media los diversos mercaderes viajaban a las distintas ciudades con el fin de comercializar sus frutos en las distintas ferias grandes. Mientras que, en el siglo XV, los escolares se entrevistaban en las diversas universidades de Boloni, París, Oxford, Cairo etc. para asistir a las ponencias de magníficos eruditos”. (ASCANIO, 2004: Pag. 192).

Una crónica más específica sobre el turismo urbano conformemente dicho se tiene en el siglo XVII, después del surgimiento de las diversas diligencias, cuando se produce el Gran Tour, el glorioso Viaje de Caballeros. Los descendientes de familias con grandes fortunas se daban el lujo de viajar a través de Europa con el propósito de enriquecer su acervo cultural; para lograrlo invertían mucho tiempo de viaje, hasta tres años de viaje conociendo las principales capitales como lo eran Florencia, Paris Roma, Venecia, Paris, Grecia, Londres, Atenas, etc, junto a los instructores y la servidumbre.

Por lo regular visitaban sitios arqueológicos de culturas antiguas, museos, universidades y galerías de arte y otros puntos de interés. Con todo esto unificaban su educación instruyéndose en diferentes tareas propias de sus carreras en especial la diplomacia. En ese momento ya habían tour-operadores como lo eran Vaiturim en Francia y Vetturino en Italia y a las personas que visitaban países como Francia se le conocían como turistas esto para el siglo XVII, es importante señalar que se le decía a si por la gran vuelta que daban (tour).

Para el siglo XIX, los diversos ferrocarriles impulsarían mucho más los viajes y gracias a señor Thomas Cook considerado hoy en día como el Padre del Turismo y el Primer Agente de Viajes, los viajes se forjaron como actividades masivas y se pudieron extender a todas las clases. El señor Thomas Cook inicio organizando un viaje para unas 540 personas a una importante convención antialcohólica en el año de 1841. Este siguió organizando expediciones y en el año de 1846 llevó a unas 350 personas a Escocia este incluyó una guía de viaje por primera vez. En el año de 1872 sus viajes constituidos daban la vuelta a todo el mundo.

Durante esos días se promocionaban las principales ciudades de Europa y de la Santa Tierra (Jerusalén), como destino turístico de interés, se lograban encontrar diversos paquetes de viajes en ferias y exhibiciones. Llego así la era del turismo; junto con el turismo urbano. La demanda iba en aumento y para apoyar a los turistas se empezó a publicar de forma cada vez más frecuente y mejor las guías de viajes.

Durante el siglo XX el turismo ya representaba un fenómeno social totalmente generalizado, todavía en ese tiempo la zona se recuperaba de la primera y la segunda guerra mundial y también de la depresión de E.E.U.U. debido en gran parte a la evolución de todos los sectores económicos, políticos y sociales. El medio de transporte transcontinental es el llamado marítimo, allí nacen los cruceros en rutas claves como el mediterráneo para luego dar paso al aéreo. Los controles en los distintos movimientos se hacen más complejos y tanto los barcos como los aviones mejoran sus sistemas; se hacen mucho más lujosos y mucho más rápidos, respectivamente.

LAS CIUDADES COMO ENCLAVES TURÍSTICOS.

Con el transcurrir del tiempo las grandes ciudades se han hecho mucho más atractivas en todo lo que respecta a imágenes urbanas, son un tanto más modernas y sobre todo más cosmopolitas. Los distintos entornos históricos juegan un papel fundamental en dichas renovaciones y en los esfuerzos por recuperar un mayor número de visitantes, en pocas palabras los monumentos y los bienes culturales forma parte el conjunto de la atracción turística. Todo esto tiene como fin el brindar una imagen agradable a los visitantes, con una elevada calidad de vida y en cierta medida habitable y con un ambiente con sentido hospitalario, en los distintos lugares se han habilitado áreas verdes y distintas zonas de esparcimiento y se puede notar un mayor esfuerzo por recuperar los espacios deprimidos.

Con el fin de hacer dichas áreas más útiles, los ciudades que tienen como objetivo el incrementar el turismo es sus zonas han adoptado la estrategia de diversificar las distintas ofertas de actividades y servicios, han modernizados sus distintas infraestructuras y en muchos casos mantienen un notable desarrollo económico de forma permanente en busca de siempre seguir siendo centro de negocios algo fundamental para muchas ciudades turísticas. De esta manera las ciudades han ido reafirmándose como potenciales receptoras de los diversos flujos turísticos, también como centro neurálgico de las intensas actividades propiciadas por el turismo, este es el cerebro de las diversas organizaciones de viajes y de servicios. Esto son destinos y a la misma vez emisoras fuertes de turistas, sin lugar a dudas el punto de partida hacia diversos destinos.

“A todo lo anteriormente expuesto se agrega la ampliación y la diversificación de una gran gama de actividades culturales, de ocio y de placer como por ejemplo la posibilidad de ir de compras por parte de los visitantes y es que en muchas ocasiones el verdadero atractivo reside en las diversas cosas que pueden hacer y ver los turistas, al mismo tiempo se ha ido incrementando la interacción entre los residentes y los turistas urbanos, esto ha contribuido a una mayor nivel de satisfacción de los turistas”. (CHAMBERS, 2001: Pag. 113).

No es esencial que las ciudades con estilo moderno necesiten tener un patrimonio cultural pero lo que si es necesario es que deben contar con una excelente planificación de los distintos espacios tanto públicos como privados, es por esta razón que muchas ciudades que están dedicadas única y exclusivamente dedicadas a la industria han podido sacar un gran provecho del turismo.

Esta capacidad evolutiva nos la demuestran también otras ciudades europeas (muchas veces españolas) en las que recae anualmente la declaración de Capital Europea de la Cultura, otorgada por la Unión Europea, en mérito de su calidad de vida y desarrollo cultural.
La creciente capacidad de llevar a cabo importantes ferias de turismo en grandes ciudades como Madrid (con FITUR), Valencia, Bilbao, Badajoz, entre otras, convocando periódicamente a miles de especialistas, profesionales o empresas que se desplazan hasta dichas ciudades para participar en estos eventos (nacionales o internacionales) son también una evidencia de los grandes pasos que dan las urbes en pro del éxito económico valiéndose del desarrollo turístico.

TIPOS DE TURISMO URBANO.

Turismo Urbano Cultural: Comprende la visita a diferentes monumentos, museos, exposiciones, centros culturales, o cualquier otro evento y actividad que tenga relación directa con el enriquecimiento cultural del visitante.

Dentro de esta tipología podríamos considerar dos modalidades el turismo tradicional, dedicado a la visita de monumentos, historia, cultura, universidad, y el metropolitano más visual, de tipo urbanístico, eventos, parques temáticos, servicios, entre otros destinos de los que el turista se puede informar en las Oficinas de Información Turística (con horarios, transporte). Normalmente estos recorridos se integran dentro del tour por la ciudad o City Tour.

Turismo Urbano y las Actividades Profesionales: El turismo urbano de esta modalidad está ligado al desarrollo profesional de los visitantes, quienes acuden a ferias, congresos, simposios, jornadas, certámenes, capacitaciones (darlas o recibirlas), exhibiciones, conferencias, exposiciones, reuniones, seminarios, talleres, simposios, entre otros eventos (de formación) relacionados.
Este tipo de turismo es también catalogado como Turismo de convenciones, congresos y reuniones. Comprende dos subgrupos: el Turismo de negocios asociativo, donde se incluyen los congresos, conferencias, seminarios, simposios y reuniones en general, y el corporativo, que engloba a las reuniones de carácter interno, para empleados de compañías (donde pueden resultar los viajes de incentivo para estos) y las de carácter externo, enfocadas en el mercado en el que opera la empresa, en los clientes, proveedores y grupos de interés.

Turismo urbano de Negocios (económico): Así mismo, muchos de los visitantes acuden a las ciudades como parte de su trabajo, a realizar gestiones, promover o comprar servicios y productos turísticos.

Precisamente, para atender a este sector, muchas ciudades se han convertido en importantes centros turísticos que brindan todos los servicios e infraestructura que los turistas de negocios requieren. Es así que existen instalaciones hoteleras en las que es posible encontrar centros de convenciones, salas de juntas, agencias de viajes, oficinas, internet, transporte y más. Resulta mucho más conveniente aun cuando las ciudades destino cuentan con una excelente red de comunicaciones además de un alto grado de accesibilidad.

Turismo Urbano de Ocio y Placer: Involucra todas las actividades recreativas en las que participa el visitante durante su estancia en la ciudad. Desde acudir a centros comerciales, disfrutar de parques temáticos, asistir a obras de teatro, gozar de conciertos, realizar rutas gastronómicas, actividades deportivas, hasta visitar centros de relax. Actividades generalmente combinables con el turismo cultural, profesional o el de negocios.

LAS CIUDADES COMO ENCLAVES TURÍSTICOS.

  • LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE LOS ENCLAVES TURÍSTICOS.

Hasta el surgimiento del turismo masivo en la segunda mitad del siglo XIX, las ciudades ostentaron un status espacial como destinos de los viajes. Las ciudades del Grand Tour de los siglos XV al XVIII -principalmente París, Génova, Roma, Florencia, Venecia y Nápoles- eran visitadas como un rito de pasaje por hombres jóvenes pertenecientes a las clases altas británicas, de quienes se esperaba que alcanzaran la mayoría de edad viendo “las ruinas de la Roma clásica, así como también las iglesias y sitios y colecciones de arte de las grandes capitales del Continente” (Withey, 1997: 7). Las ciudades del Grand Tour ofrecían tanto un barniz de alta cultura como diversiones mundanas, pero eran también denostadas. Como la historiadora Lynne Withey ha observado, los signos de pobreza, desorden social y deterioro físico eran evidentes por todas partes en Roma, Nápoles y Venecia, y París era un caos de calles sobrepobladas, llenas de caballos y carros tambaleantes, cubiertas de basura y recorridas por desagües y cloacas.

A pesar de los inconvenientes de las ciudades del Grand Tour, los viajeros estaban dispuestos a soportar semanas de incomodidad para franquear caminos estrechos y montañas casi intransitables a fin de llegar a ellas. Los peligros y las molestias del viaje dieron forma a un generalizado desdén por la naturaleza y por lo natural. Las montañas eran consideradas feas y desagradables, las costas generalmente inaccesibles y peligrosas. A mediados del siglo XVIII, sin embargo, tales actitudes comenzaron a cambiar. La naturaleza fue descubierta como un vasto depósito de panoramas y vistas. Los poetas románticos reinterpretaron la naturaleza como un manso telón de fondo de frondosas ramadas, árboles majestuosos y plácidos lagos. Con el surgimiento de las ciudades industriales del siglo XIX, floreció un culto por la naturaleza, ahora interpretada a través de Thoreau, Wordsworth y sus contemporáneos como el depósito del espíritu humano, opuesto a la crueldad y oscuridad de las ciudades. Las ciudades europeas renacieron como destinos turísticos transformándose en las paradas de una versión democratizada del Grand Tour. En la década de 1850, Thomas Cook inició la época del turismo masivo conduciendo paquetes turísticos al continente. Las ciudades se promovían como tales, aunque más como centros industriales que de cultura. La glorificación de la tecnología y el progreso proporcionaron un hilo conductor a través de las ferias y exhibiciones del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX: la exposición del Cristal Palace en Londres de 1851 y la Exhibición de París de 1867; y cruzando el océano, la Feria Mundial de Chicago en 1893, St. Louis en 1904 y Nueva York en 1938.

Pero tales actividades promocionales no fueron suficientes para transformar a las ciudades en destinos turísticos. Las ciudades de la época industrial eran tenidas en cuenta más a menudo por sus barriadas miserables y problemas sociales que por sus tesoros arquitectónicos y culturales (Hall, 1996). Un visitante que eligiera viajar azarosamente por las calles de la ciudad podría haber tenido muchas aventuras, pero no todas habrían sido bienvenidas. El turismo urbano se desarrolló junto con las demarcaciones de los sitios y vistas que los visitantes debían conocer. Cuando Thomas Cook comenzó a ofrecer paquetes turísticos a ciudades europeas, se hizo cargo de sitios históricos y atracciones culturales, disponiendo el alojamiento y proveyendo información y asistencia esenciales (Urry, 1990). Para 1869 condujo a los primeros turistas a Jerusalén y a Tierra Santa, un negocio que creció rápidamente (a través de Thomas Cook & Son) a cinco mil visitantes por año en una década.

  • CONTROL SOCIAL AL INTERIOR DE LOS ENCLAVES TURÍSTICOS.

El análisis de Baudrillard (1998) respecto de los lugares de consumo como campos culturales conformados por “una totalidad marcada por el consumo” es útil para entender cómo los administradores de los enclaves turísticos pueden intentar regular sus usos. Baudrillard escribe que los shopping centers son lugares en los cuales “el arte y el ocio se mezclan con la vida cotidiana” y constituyen, en efecto, subculturas que establecen por sí mismas un contexto perfecto para el consumo a través del “total condicionamiento de la acción y el tiempo” (28-29). Permiten la mezcla del deseo y la saciedad en una ardiente mixtura, en la cual todas las sensaciones se ven arrolladas por un Pandemoniun conformado por “una amplia vista del perpetuo consumo” (30). Los enclaves turísticos pueden operar de manera similar, envolviendo a los visitantes en un ambiente que inunda sus sentidos con los signos y símbolos del consumo y el juego.

Tales experiencias pueden ser concebidas como dando cuerpo a un ambiente totalizante que filtra las percepciones, experiencias y deseos de los turistas. Los turistas que habitan espacios enclávicos son animados a actuar esencialmente como obreros de una factoría sujetos a “un horario, a un controlador del tiempo, a informantes y multas” (Thompson, 1967). Por cuanto se encuentran limitados por barreras físicas y son destinados a actividades especializadas, ciertos lugares como los estadios deportivos, centros de convenciones ymalls pueden efectuar una regulación casi total del cuerpo. Los estadios deportivos y los centros de convenciones, por ejemplo, están diseñados para el solo propósito de la representación, y los usuarios que tienen otras actividades en mente son aptos sólo para ser arrojados fuera. De manera similar, los shopping malls son construidos como palacios del consumo; la vagancia sin rumbo es disuadida o prohibida. Aunque a veces se hacen pasar por espacios públicos, tales ambientes confinados proyectan un “aspecto finito o acabado” que todo lo dirige hacia su interior (Lefebvre, 1991: 147).

  • LA CIUDAD FRACTURADA COMO CIUDAD ABIERTA.

Es difícil anticipar los tipos de lugares y experiencias hacia los cuales los turistas serán atraídos. Harlem, por ejemplo, se ha transformado en un destino popular para los turistas alemanes fascinados por los servicios religiosos afroamericanos y para otros turistas atraídos por un Nueva York “étnico” (Hoffman, 2000). Una proporción de turistas y residentes locales buscan lugares como éstos como una alternativa a la atmósfera artificial de los espacios turísticos enclávicos. Feifer (1985) ha propuesto que esta gente pueda ser llamada post-turistas (después de los “post-modernos”). A diferencia de los turistas corrientes, los post-turistas no desean fijar la mirada en los sitios turísticos sancionados oficialmente, en parte porque ellos ya han sobrellevado un continuo aluvión de objetos e imágenes turísticas proyectadas por la televisión, el cine, las revistas y otros medios de comunicación. Ya están hastiados de viajar incluso antes de salir de casa. Habiendo dejado de considerar cualquier “mirada” como privilegiada, los post-turistas buscan una multitud de experiencias como un antídoto contra el aburrimiento. Incluso dentro de los enclaves, el control social de los usuarios no es absoluto. Los post-turistas, hartos de toda una vida de exposición al marketing temático están aptos para adoptar una postura irónica dentro de los confines de los “ambientes Disney”. Lo que los post-turistas buscan en los festival malls y en los complejos de entretenimiento es pura diversión y escapismo; su postura irónica les permite buscar sus propias experiencias. Un segundo modo de resistencia es el rechazo a conformarse con los usos esperados. Como ha observado De Certeau (1984), “el espacio es un lugar ejercido” cuando, por ejemplo, “la calle geométricamente definida por la planificación urbana es transformada en espacio por los caminantes” (117).

Dado que los desarrolladores de los espacios enclávicos deben responder a gustos y preferencias cambiantes, las prácticas al interior de éstos deben ser menos estáticas e invariables de lo que generalmente se supone. Incluso en ciudades astilladas en enclaves y fragmentos, Graham y Marvin (2001) identifican varios modos de resistencia: los residentes de comunidades enrejadas ignoran o desafían regularmente sus common-interest associations; los jóvenes encuentran maneras de evadir las estrictas reglas impuestas dentro de los malls, y las normas impuestas por los dueños y administradores de los enclaves son a veces enfrentadas por protestas bien organizadas. El rechazo a conformarse puede ser afirmado incluso en circunstancias de extremo confinamiento. En su estudio sobre el turismo en India, Edensor (1998) encontró que a pesar de los mejores esfuerzos por parte de los guías turísticos para proteger a los grupos bajo su cargo de encuentros imprevistos, la mezcla de espacios a menudo promovía los recorridos casuales y las caminatas y vagabundeos por calles, mercados y cafés al aire libre. Los miembros de los paquetes turísticos salían a veces a deambular libremente, ocupando la zona limítrofe del anonimato propia del flaneur (Urry, 1990).

IMPORTANCIA DEL TURISMO URBANO.

El turismo urbano requiere un proceso de gestión que transforme los activos o recursos (contextuales, intelectuales, relacionales y financieros) en riqueza, a través de su eficiente administración, orientación hacia objetivos consensuados con los actores involucrados: comunidad residente, el turista, las autoridades locales, las empresas turísticas y los inversionistas. Es prioritario definir el concepto del desarrollo turístico y el tipo de turista deseado. La estructuración del producto turístico es el segundo paso indispensable para avanzar en la gestión del turismo. Uno de los retos es generar una visión compartida entre las instituciones que permita dotar a la ciudad de los servicios y equipamientos para una experiencia turística de calidad. Un tercer paso incluye la comunicación al público objetivo y a la comunidad residente. El cuarto paso corresponde a la atención al turista cuando está en el destino, garantizando que las actividades y elementos de la experiencia del turista sean de calidad y cumplan y más aun, superen las expectativas y promesas de la etapa de promoción. Como quinto y último paso, luego de la visita turística y ya con el visitante en su lugar de origen, debe haber un proceso de seguimiento y control de las acciones ejecutadas.