EL SATANISMO

El satanismo consiste en una serie de creencias espirituales y consecuentes rituales religiosos cuya deidad suprema es Satanás, el adversario bíblico del Dios cristiano. Esta oposición al cristianismo hace que los ritos satánicos no sean sino parodias de las celebraciones cristianas y que los valores defendidos sean opuestos a los cristianos. Así, por ejemplo, si el símbolo cristiano por excelencia es la cruz, el satánico consiste en una cruz invertida. Célebres son las palabras de Cristo en las que llamaba a “amar incluso a nuestros enemigos”. Una de las máximas de la secta La Iglesia de Satán es “mata a tus enemigos”. La contraposición no puede ser más obvia.

Al igual que los creyentes cristianos, los satanistas se agrupan en distintas sectas, defendiendo cada una de ellas una serie de principios, pero poseyendo todas como factor común la aversión hacia las enseñanzas cristianas y el desprecio hacia su forma de vida.

Concluimos así que el cristianismo es la causa única de la existencia de estas sectas, si bien de un modo indirecto y, en ninguna manera, eficiente. No debemos confundir el término satanismo con las minorías fanatizadas, donde el concepto de fe desborda los módulos netamente religiosos. En los últimos años se ha dado toda una avalancha de casos de “exorcismos”, “sesiones espiritistas” o “ritos satánicos” que han concluido con la muerte de alguna de las personas involucradas en salvajes prácticas.

Hablamos de satanismo cuando nos referimos a algún tipo de grupo o movimiento que de forma aislada o más o menos estructurada y organizada practican la adoración o exaltación del conocido por todos nosotros como Satanás, Demonio o simplemente diablo. Algunos Satanistas consideran a Satanás como un ser o fuerza metafísica o como algún tipo de elemento misterioso, innato en el ser humano, que dentro de sus prácticas es denominado Lucifer.

Las misas negras:

La misa negra es una de las praxis más comunes entre quienes dicen dar culto a Satán. Se trata, en realidad, de una parodia de la misa cristiana, en la que , junto con prácticas de las más variadas aberraciones sexuales , se profesa un satanismo de acuerdo con un ritual que quiere parecerse, de alguna manera , a una celebración eucarística .

El concepto popular de una misa negra es el siguiente: Un sacerdote renegado está ante un altar, que consiste de una mujer desnuda, sus piernas abiertas de par en par y su vagina expuesta, en cada uno de sus puños cerrados sostiene una vela negra, hecha de la grasa de un niño sin bautizar, y un cáliz lleno de la orina o sangre de una ramera, reposando en su vientre. Una cruz invertida cuelga sobre el altar, y hostias triangulares hechas de pan quemado o de nabo ahumado son bendecidas metódicamente a medida que el sacerdote las unge debidamente en los genitales de la mujer que sirve de altar. Entonces, se nos dice, se hace una invocación a Satán y a varios demonios la cual es seguida por un desfile de oraciones o salmos cantados al revés o llenos de obscenidades…todo ello realizado dentro de los confines de un pentagrama “protector” trazado en el suelo.

Si el diablo aparece lo hace invariablemente bajo la forma de un hombre bastante ansioso que lleva la cabeza de un chivo negro sobre sus hombros. Sigue a continuación un potpurri de flagelaciones, quema de libros religiosos, cunniligus, felaciones, y besuqueo de cuartos traseros; todo ello, teniendo como fondo un constante canto de letanias de la Sagrada Biblia, y constante profanaciones de la cruz.Si se puede matar un bebé durante el ritual tanto mejor; porque la muerte de seres inocentes y desvalidos, acrecienta la blasfemia hecha a Dios.

Sectas satánicas:

Las sectas implican a un gran número clandestino de personas , trayendo consigo el eterno juego del poder y la sumisión Si bien esta celebración es también llevada a cabo por las sectas satánicas , se trata de una práctica muy común llevada realizada por satanistas que no pertenecen a secta alguna o por aficionados a la magia negra.

Son precisamente estos creyentes que no pertenecen a ninguna agrupación los que practican los rituales cuyos restos son noticia en los medios de comunicación. No cumplen ninguna periodicidad y se llevan a cabo por un número escaso de personas, nunca más de una docena. Las sectas siguen unos rituales propios muy estrictos y que se repiten con una frecuencia determinada, para lo que deben contar con unos lugares de celebración privados y cerrados al profano. Pese a la mayor notoriedad de estas celebraciones, especialmente por los lugares donde se realizan (cementerios, bosques, casas deshabitadas) y los escalofriantes restos dejados, su importancia social es muy escasa comparada con la ejercida por la sectas. En estos casos se trata simplemente de unos cuantos individuos adorando al Diablo.

El estudioso francés de las sectas satánicas André Dennaux las define así: “son asociaciones pseudorreligiosas, pseudoculturales, pseudofilosóficas, de estructura piramidal, que se dedican a la captación de adeptos por métodos de coacción psicológica, siempre con el fin de colmar el ansia de poder y de lucro compartida por sus líderes”. Para demarcarlas, es preciso fijarse no tanto en las creencias como en las conductas y su repercusión en los adeptos así como en el resto de la sociedad.

Su primera característica no admite réplica: entrega total al líder. Todas suelen arrancar de un líder carismático y mesiánico, con increíble poder de seducción. Sus adeptos aceptan sin más cuanto él proclama, considerándolo como un nuevo “gurú”. Siendo el maestro (encarnación de lo divino) su palabra se torna en ley, exigiendo una obediencia tal que ni siquiera puede dudarse de sus palabras o prescripciones. Tales personajes suelen ser catalogados como enfermos mentales con delirio paranoico de carácter expansivo. Al final acaban posesionándose de los cuerpos, de las mentes y, por supuesto, de las carteras de quienes pagan con ello tributo a su ingenuidad.

La segunda característica es también muy clara: la estructura. Tienen un sistema piramidal, rígido y cerrado, con unos escalones cuyo ascenso se supone debido a los méritos, a los esfuerzos y al sacrificio. En la cúspide se halla el líder, y el resto, en la parte inferior. El líder y sus adeptos suelen creer en lo que predican, si bien tampoco faltan sectas donde el líder se erige en un oportunista integral, mientras sus adeptos se afanan con delirio por ser cada día un poco mejores.

El gran problema de esas sectas radica en sus escalones intermedios, donde se hallan personas que no creen en absoluto lo que se predica. Constituyen el “staff” del líder, cuya capacidad de seducción explotan para montar un impresionante y lucrosísimo negocio. Además, alrededor de esa pirámide, hay una serie de círculos concéntricos, que pueden ser asociaciones, grupos, personalidades con nombres conocidos y respetables. Estos, aun sin pertenecer a la organización, colaboran con ella. Vienen a ser el rostro público que la secta presenta a la sociedad.

La tercera característica es el mensaje. Presentan a la sociedad un planteamiento del todo atrayente y muy apropiado para reclutar nuevos adeptos. Se ajustan perfectamente a la ley de oferta y demanda, ofreciendo lo que en cada momento se está necesitando. Actualmente, están dando respuesta con sus mensajes a tres situaciones muy concretas:

La soledad: Vivimos en un mundo insolidario, donde nadie se preocupa por nadie, y donde los problemas personales no suelen importar a los demás.

Las sectas ofrecen el calor de un grupo cerrado y compacto, que se brinda, en un principio, a dar amor, compañía y comprensión, mientras ayuda a solucionar dudas y resolver problemas . Tanto que cada creyente se va a convertir muy rápidamente en indiscutible protagonista.

La novedad. Las sectas juegan con el ansia de ofertas novedosas que comparte un amplio sector de la humanidad. Nos encanta lo nuevo. ¿Cómo no explotar tal afán, ofreciendo teorías distintas y nuevas formas de entender cuanto desborda el ámbito de lo empírico: el esoterismo, el más allá, la ufología …? Algunas sectas llegan a trasladar toda la historia bíblica al mundo de las galaxias. Y, al hacerlo, rodean sus actividades con una parafernalia de rayos láser, de imágenes móviles y de músicas psicodélicas.

El desencanto. Éste hace estrago en un sinfín de personas que, ante la pérdida o la desestabilización de los valores tradicionales, buscan nuevos modelos de sociedad. Y, al no encontrarlos, se sumen en la desilusión. Ante tal realidad, las sectas se comprometen a brindar un total perfeccionamiento del ser en base a sus nuevas técnicas: dominio del cuerpo, de la mente, del dolor y hasta de la muerte. Por eso se aferran con tanto empeño a la doctrina de la reencarnación. Y, en torno a ella, hacen ofertas tan sorprendentes como la invitación al “mundo feliz” o a la “nueva era”, que tanto llegan a fascinar.

El satanismo tiene dos grupos sectarios: el primero está integrado por los satanistas propiamente dichos, y el segundo por los luciferinos. Son dos grupos absolutamente distintos que nada tienen en común. El peligro de las sectas simplemente satánicas quedaría conjurado con una psiquiatría de urgencia y con medidas policiales. Quienes pertenecen a ellas suelen ser personas de un nivel económico y cultural muy bajo o personas en crisis terminal de sentimientos e incluso de vida. Estas sectas de cuño satánico no acostumbran a tener banderines de enganche. No ofrecen ningún mensaje novedoso o atrayente. Entra en la secta quien desea entrar.

En cambio, las sectas luciferinas van en busca de adepto, a quienes se autopresentan como servidores de Satán, cuyo dios es, por tanto, el Diablo, teniendo como finalidad el mal y como obsesión la sangre.

El grupo de los luciferinos está formado por gente de nivel cultural y económico altísimo: “yuppies”, millonarios, intelectuales trasnochados que buscan experiencias nuevas. Lo han experimentado todo y, en su avidez de novedad, cansados de lo mundano, acuden al satanismo, denominándolo “luciferismo” porque les parece el nombre más “chic” de los empleados para designar a la figura del Diablo. En el fondo hacen lo mismo que las sectas satánicas pero de forma mucho más sofisticada: en lugar de una “misa negra”, celebran una “misa roja.

En algunos países el luciferismo está a la vista del público: hay templos, como la “Iglesia de Satán” en San Francisco. En Nueva York la secta dispone de un templo público. En España no. Los grupos luciferinos son aquí muy reducidos, no más de veinte personas en cada uno, como medida para garantizar el secreto. Si crecen más, se escinden. En realidad, se mantienen siempre a un doble nivel. Por una parte están las asambleas locales y por otra la internacional luciferina, no exenta de pretensiones políticas.

En si lo negativo de las sectas satánicas no es que adoren a Satanás sino la desvirtualizacion de los valores, la degradación del ser humano y el nombre de dios que este se auto-otorga pisoteando así los seres con los que convive habitualmente, todo este tipo de años manifestados por medio de aberraciones sexuales y ese anhelo inescrupuloso de cosas materiales, absolutamente vanas y terrenales. En la Biblia dice que el amor nos aleja del temor y que dios es amor, acaso queremos una vida de placer y miedo en las manos de Satán.

LA JERARQUÍA DIABÓLICA

Principales Espíritus Del Reino Del Mal

  • Lucifer – Emperador
  • Belcebú – Príncipe
  • Astaroth – Grán Duque

Espíritus Superiores

  • Lucifugo – Primer Ministro
  • Satanachia – Grán General
  • Agliareth – Grán General
  • Eleuretti – Teniente General
  • Sargatanás – Brigadier
  • Nebiros – Mariscal de Campo

Espíritus Subordinados

  • Mirión
  • Beliat
  • Anagaton

Espíritus De La Maldad:

Bael, Agare, Marbas, Prusias, Arimon,Barbatos, Buer, Gustan, Botis, Bathin, Pursan, Abigar, Loray, Balefar, Foran, Ayperos, Nuberus, Glasyabolas.

Se podría continuar con la larga lista de demonios, pero estos son algunos de los principales y los que según estosgrimorios detectaban el poder y eran conjurados de manera jerárquica según se les necesitara. También se nombran diferentes diablos y legiones satánicas de los diferentes pueblos de la tierra a lo largo de la historia, pero siempre viene a salir Satanás como el diablo hebreo, adversario, contrario, acusador de Dios, señor del fuego, del infierno y del Sur.

Uno de los mayores expositores de esta religión es Anton Szandor La Vey o como lo llaman los satanistas el “Papa Negro”. Durante la secundaria, la vey dedicaba más tiempo a sus estudios fuera del colegio, a temas como la música, la metafísica y los secretos de lo oculto., la secundaria lo aburría asique la dejo y se fue de su casa y se unió a un circo (Clyde Beaty) donde cuidaba animales.

A los 18 años dejo el circo y se unió a un parque como ayudante de mago allí aprendió hipnosis y mas sobre lo oculto. Después de a ver contraído matrimonio en 1951 a los 21 años abandono el parque, y comenzó a trabajar en el City college de San Francisco como especialista en criminología, La Vey trabajo en criminología como fotógrafo de delitos, trabajo que dejo después de 3 años ya cansado de ver el lado más sangriento de la naturaleza humana.

La última noche de abril de 1966 en walpurgisnacht, la celebración más importante de la tradición de la magia y la brujería., La vey se afeito la cabeza a manera de las antiguas tradiciones y anuncio la formación de la iglesia de Satanás. En 1969 escribió La Biblia Satánica, en la que definió por primera vez la filosofía del Satanismo, declarando el comienzo de una nueva era en la que “se respetarán los deseos egoístas, egocéntricos y lúdicos de la mayoría de los humanos”.

Otro fue el Medmenham club de Sir Francis Dashwood quien fue un amigo cercano de Benjamin Franklin, quien pudo haber sido miembro de este grupo. La descripción de este club que elaboro Franklin es una de las pocas que existen. Dashwood y Franklin fueron coautores de “Franklin Prayer Book” (también llamado Book of Common Prayer). Otro integrante famoso del Medmanham club fue el Conde Sandwich.

Hay diferentes tipos de Satanistas, diferenciados por sus actividades y creencias. Por ejemplo, están los “dabblers” o aficionados, que adoptan aspectos superficiales del Satanismo por un corto período de tiempo, y generalmente como entretenimiento.

Algunos también consideran Satanistas románticos o literarios a personajes como William Blake, Charles Baudelaire, Maupertin, Lautremont y Gabriele D’Annunzio.

Los Satanistas no predican, por eso sostienen que, probablemente, la gente se sorprendería al descubrir que han estado interactuando con Satanistas por muchos años, y que son personas interesantes, confiables y agradables.

En realidad el satanismo es un sistema de pensamientos basado en el racional integrado por uno mismo. Satán es representado como una metáfora literaria de la última revelación. La filosofía de ser fuerte, creativo; lo natural siempre ha sido el principal enemigo de las religiones esclavistantes como el budismo, el islamismo y el cristianismo. Mucha gente piensa que el satanismo es el reflejo del cristianismo, solo servir a manera de blasfemia y atacar las iglesias cristianas. La verdad es que la filosofía y los rituales empleados en el satanismo son más antiguos que los utilizados en la iglesia cristiana.

Los satanistas poseen sus propias reglas y mandamientos por las cuales supuestamente se rigen, las cuales son: