El Ritual de la Muerte y su Expresión Social

Introducción

En el presente trabajo se da cuenta de la percepción que se tiene de la expresión de las emociones ante un acontecimiento como lo es la muerte. Como estas expresiones se han ido incorporando y como se manifiestan en las sociedades desde hace siglos, cómo las culturas y sus integrantes han construido las más diversas y plurales interpretaciones y manifestaciones ante el ritual de la muerte que para muchos puede ser de gran significado.

En general, cuando nos referimos a la muerte estamos hablando del fin de la existencia física de alguien o de algo en determinado lugar y tiempo, ante esta experiencia vivida por el ser humano se evidencian emociones, las cuales son parte de su dominio conductual realizado constantemente por el hombre, expresando emociones ante posibles circunstancias que en este caso están relacionadas con la muerte, en relación a esto describiremos como las culturas hacen interpretación de dicho acontecimiento, de cómo estas realizan un acto simbólico ante el duelo de quien ha partido a otra vida.

Para muchos, las emociones expresadas ante el hecho de la muerte de un semejante, pueden ser definidas de manera sencilla, así como lograr una interpretación de las mismas, pero en algunos de los casos, no suele ser fácil dar coherencia y análisis a determinado acto como suele ser las emociones expresada ante la muerte, ya que nos encontramos en un mundo contemporáneo compuesto por diferentes tipos de culturas, las cuales están arraigadas a ritos, cultos, ceremonias, creencias, prohibiciones y modos de vivir cotidianos que no son iguales a las otras culturas. En el desarrollo del presente trabajo se describirá la forma en que las diferentes culturas interpretan sus emociones ante la partida de un ser querido o de alguien no tan cercano a él, a quien de igual forma se le expresa una emoción de duelo por su partida.

Cuando nos referimos al ritual ante la muerte hay que tener muy en cuenta que las sociedades y las culturas se han encargado de realizar un ritual ante la muerte, expresando emociones de forma muy significativa a quien ha muerto, ya que en la actualidad se puede evidenciar todo un montaje ante dicho acontecimiento en el que se exponen expresiones emocionales con las que el sujeto demuestra su dolor y tristeza por quien ha partido. En el presente artículo se van a tener muy en cuenta los conceptos emoción, muerte, duelo y ritual ya que estos son la base fundamental de lo que pretendemos exponer y cada uno tiene una finalidad y está sujeto a la contemporaneidad y cotidianidad en la sociedad que se ha encargado de darle sentido y fuerza a determinados términos, con los que se ha identificado y ha hecho parte de su lenguaje y asimilación.

Se tendrá como objetivo explorar las diferentes formas en la que se expresan las emociones frente a la muerte a nivel social, se analizará la percepción y la interpretación de la muerte en diferentes ámbitos culturales, y se identificará aspectos relacionados con la simbólica corporal y los diferentes ritos y manifestaciones fúnebres ante el acto de la muerte, teniendo en cuanta los planteamientos propuestos principalmente por David Le Breton, Philipp Aries.

Las razones por las que se elabora el presente artículo, tiene como finalidad hacer descripción del ritual de la muerte y su expresión social, mostrar cómo el mundo contemporáneo ha hecho que la muerte sea algo simbólico y representativo para cada sociedad y como el hombre expresa y manifiesta sus emociones ante conmovedor acontecimiento, para ello se partió de la siguiente pregunta: ¿cómo se manifiestan la expresión social ante la muerte en el mundo contemporáneo?, con la que se pretende hacer indagación del mundo en relación a su expresión emocional y la muerte, describir como cada cultura se encarga de hacer diferentes rituales ante el duelo según sus creencias; de esta forma se pretende poner en contexto las expresiones emocionales que pueden ser vistas y presenciadas como algo no muy significativo y sin sentido para algunas persona y para otros de mucho valor. En el siguiente ensayo se iniciará con una definición de conceptos, la relación que hay entre estos y como estos son participes de la vida cotidiana de una sociedad cultural, luego se hará descripción de la expresión de las emociones ante la muerte y como se manifiesta toda esta situación en el mundo actual.

Las emociones y su relación con la muerte

La muerte, hecho inherente de la condición humana, puede llegar a provocar todo tipo de emociones en las personas como lo es ira, impotencia, dolor, culpa, miedo, placer, calma, alegría, excitación entre muchos otros. ¿Pero porque tanta variación de emociones ante la amenaza de la muerte si es una situación normal? ¿No debería ya el ser humano estar preparado para asumir la muerte con tranquilidad? Inicialmente definamos a que hacen referencia las emociones.

Las emociones se pueden definir como un estado afectivo que en la mayoría de las situaciones pueden ser de mucha complejidad, ya que estas son provenientes de reacciones que comprometen al cuerpo en su totalidad, presentándose una reacción entre el cuerpo y la mente bajo influencias de excitaciones interna y externas, las emociones serian la transformación consiente de los cambios corporales que suceden en la persona. Al presentarse un acontecimiento la persona hace asimilación de lo sucedido, de esta forma comprometiendo su estado fisiológico haciendo interpretación individual de la situación expuesta.

La emoción es una reacción psicofisiológica que representa las distintas formas de adaptación a ciertos estímulos ambientales o de uno mismo. Es un estado afectivo intenso y por lo general efímero que experimenta el ser humano. En este sentido David Le Breton (1999) nos dice:

“Los sentimientos y las emociones no son estados absolutos, sustancias susceptibles de transponerse de un individuo y un grupo a otro; no son -o no son solamente- procesos fisiológicos cuyo secreto, se supone, posee el cuerpo. Son relaciones.” (p.9).

Lo que nos manifiesta Le Breton en cuya definición es definir las emociones, no como una sustancia que pueden transferirse de una persona a otra o un grupo, sino una integración de gestualidades provenientes de algún momento, cuya función es expresar y hacerse entender frente al otro. Teniendo en cuenta estas definiciones podemos entender

Entonces porque el ser humano reaccione de diversas maneras ante la muerte. Todo depende de la cultura y el entorno social en donde se desarrolla el ser humano.

La expresión de emociones es evidenciada en cualquier tipo de circunstancias, en cualquier medio y contexto, sin importar en algunos de los casos ningún tipo de función socioeconómica, cultura, raza o sociedad. Las emociones se proyectan y se extienden de manera que van creando un vínculo con el otro, ese otro que puede ser muy allegado o desconocido que mientras transcurren los eventos se va integrando y haciendo parte de los acontecimientos. De tal manera que puede evidenciarse un hecho conmovedor en donde presenta la expresión social “las emociones son un modo de afiliación a una comunidad social, una manera de reconocerse y de poder comunicarse juntos contra el fondo de una vivencia similar.”(Le Breton,1999,p 117)

De esta manera, La muerte en un principio es abstracta, mientras que en el momento de morir es concreto, la amenaza y la forma de morir condicionan la concepción de la muerte. Es decir, el concepto de muerte no es lo mismo puesto que ya, para algunos es algo lejano, cuando este puede ser próximo en el tiempo. Este varía dependiendo la causa y cómo se desarrolle el proceso de muerte. Entonces David Le Breton nos recuerda.

“El individuo contribuye a la definición de la situación, no la sufre. La interpreta de entrada o en perspectiva a través de su sistema de valores, y la afectividad desplegada es su consecuencia” (Le Breton, 1999, p.112)

A partir de lo anterior, se puede afirmar que; El hombre con relación a la muerte son un principio estructurado dentro de la vida social, una especie de cobija y que cubre definiendo y delimitando la vida y la existencia en el más halla. De esta manera, las relaciones de los individuos con la muerte ponen en manifiesto aspectos básicos y esenciales de la vida social y el mundo, a la vez, las relaciones sociales de los individuos están destinadas a la muerte como un tato.

En la manifestación del duelo se evidencian actos protagonizados por los familiares y los más allegados del difunto, aquí se pone en escena emociones y gestos dramáticos con las gestualidades reconocible y aceptadas de una cultura, que se encargar por medio de su cuerpo demostrar al doliente su acompañamiento y demostrando signos de dolor por la perdida. En las diferentes culturas y sociedades de la actualidad se pueden evidenciar diferentes tipos de demostraciones ante el duelo, se manifiestan emociones acompañadas de cantos, gritos y lágrimas que hacen del duelo más intenso. De tal manera que.

“La expresión del dolor hace del cuerpo una especie de instrumento que los deudos interpretan produciendo las gestualidades acordes esperados por el grupo” (Le Breton, 1999, p.120)

La muerte se ha convertido en un acto doloroso para los allegados, quienes son los que promueven un ritual en el que expresan lamentaciones, demostrando así un afinamiento por el difunto, todo esto varía según la cultura que está compuesta por grupos encargados de dar festejo y un último adiós, en algunos contextos se evidencia una despedida al fallecido implementando velas y flores en lugares adecuado para cada una de las culturas, por otro lado se manifiestan los cantos y alabanzas acompañados de una danza, todo esto depende de las creencias religiosas y las costumbres de cada sociedad y cultura. por ello, es posible percibir como se realiza y se concreta una expresión social ante el hecho de la muerte, de tal manera que… “La masa potencia los sentimientos, modifica la sensibilidad de los miembros que la componen al hacer más o menos solidarias de los mismos movimientos afectivos” (Le Breton, 1999, p.151)

Ante la experiencia del duelo por la pérdida de un ser querido, el ser humano experimenta diferentes emociones, como puede ser el dolor, tristeza, impotencia, entre otras, al sentir la perdida por el ser que tanto ama y tener que aprender a resolver ese vacío que deja su partida, provocándole desolación por la perdida, algo que fue y ahora ya no es, así como es el luto, que es la respuesta social ante la pérdida y la pena. Como sabemos, las emociones son versátiles, son sentimientos que nos hacen sentir de diferentes formas como Puede ser: irritados, alegres, etcétera, o de igual manera, sentimos que nos modifican la energía para adaptarnos a cualquier situación que se presente; la emoción se puede sentir como un movimiento hacia fuera, un impulso que nace del interior de la persona y brota al exterior.

En general, hablando de la crisis y el estado de impacto que el ser humano experimenta tras la pérdida afectiva del ser querido, existe un primer momento ante dicha perdida, que tiene que ver con la duración y la profundidad del impacto, lo que suele estar en relación con lo inesperado o complicado de la perdida, pero también está relacionado con las capacidades emocionales y cognitivas del ser humano, siendo éstas de gran utilidad para la preparación de todo este sentimiento que está por llegar debido al deceso de una persona.

A menudo se combina la negación con la denegación de la pérdida; en esos momentos es cuando aparecen las manifestaciones del duelo, se viven horas, días o semanas en ese estado de shock y es cuando poco después se ve invadido por emociones complejas y alternas, tales como: la tristeza, culpa, ira, desesperanza, temores diversos, ansiedad persecutoria, resentimientos, etc.

Por su parte, Tizón, (2007) enuncia que “El sujeto puede vivir un auténtico estado de shock, con agitación o embotamiento efectivo, a menudo acompañado de incredibilidad, búsqueda o añoranza, angustia, somatización diversa”. De la misma manera se manifiesta la aflicción y la turbulencia afectiva, que es cuando comienza la añoranza e inclusive llegan a realizar los ruidos, voces, conservan la ropa, su cama intacta, las cosas que les gustaban, lo que produce las sensaciones de la persona fallecida, ocasionando momentos de ilusión y desesperanza por la perdida, siendo esto la confrontación a la negación de la pérdida. Ante todo, esto podemos ver que la pena y la tristeza, con un amplio mecanismo visceral, suelen ser las emociones predominantes, además de la ira (enfados, explosiones y cólera), que es frecuente en los duelos con personas profundamente afligidas.

Además, Veremos, desde otra perspectiva, la diferenciación entre el dolor psicológico, emocional y el sufrimiento, se puede adoptar una actitud que le permita a la persona la cual vio partir a un allegado ,vivir dignamente el proceso de duelo y enfrentar el sufrimiento resultante; por lo tanto la persona podrá controlar las emociones y llevar un adecuado proceso de duelo.

“Sufrir significa obrar y significa crecer. Pero también madurar. En efecto, el ser humano que se supera, madura para su mismidad. Si, el verdadero resultado del sufrimiento es un proceso de maduración. Pero la maduración se basa en que el ser humano alcanza la libertad interior, a pesar de la dependencia exterior” (Franki, 2003).

El hombre y su posible muerte natural

La muerte se ha convertido en algo intangible e inesperado para el ser humano, se puede describir como un fenómeno que compromete al hombre ya que en él pueden acontecer eventos variables en el momento que culmina su vida. En épocas anteriores la muerte era una situación poco esperada, era un acontecimiento propio de la naturaleza o dependiendo las condiciones de vida de cada individuo. Con el pasar de los años el concepto de muerte se ha ido modificando las causas de esta, ya no es por simple razón natural, en la actualidad se presentan alteraciones en la salud y la ciencia se ha encargado de catalogar y hacer descripción de posibles causas de muerte. Desde esta óptica, Phillips Aries sostiene lo siguiente:

“Para que la muerte fuera anunciada de ese modo, era preciso que no fuera súbita, repentina. Cuando no avisaba, dejaba de aparecer como una necesidad temible, pero esperada y aceptada, de buena o mala gana. Entonces desgarraba el orden del mundo en el que cada cual creía, instrumento absurdo de un azar disfrazado a veces como cólera de Dios. Por eso la mors repentina estaba considerada como infamante y vergonzosa.” (Aries, 1977, p. 17)

El mundo contemporáneo se ha encargado de contraer suposiciones ante cualquier acontecimiento sucedido, haciendo que el hombre realice indagaciones ante una posible muerte sea propia o ajena, no solo se indaga de la palabra muerte de su significado, sino también de lo que ocurre después de la finalidad de determinada vida, en este caso se pone en práctica el imaginario de cada sujeto haciéndolo pensar de lo que puede pasar y existir después de que ocurra determinada muerte. El pensar en la muerte puede generar duda y miedo ante posible situación natural o causado en un entorno social, se puede estar preparado para afrontar un fin vital sea previsto por una enfermedad o porque se es consciente que a determinada edad esta puede llegar, o en algunos de los casos esta puede llegar en el momento menos esperado, aquí lo menos conveniente no es estar predispuesto ni generar duda y miedo, lo más conveniente es pensar y hacernos responsables de que la muerte puede llegar en cualquier momento de nuestra vidas. Al pensar en la muerte su puede tener perspectiva de esta de dos maneras, según Phillips Aries:

“Hay dos maneras de no pensar en ella: la nuestra, la de nuestra civilización técnica que rechaza la muerte y la castiga con la prohibición; y la de las civilizaciones tradicionales, que no es rechazo, sino imposibilidad de pensar en ella fuertemente. Porque la muerte está muy cerca y forma, demasiado, parte de la vida cotidiana.” (Aries, 1977, p. 27)

Ritos funerarios en las diferentes culturas

Los primeros seres humanos que practicaron rituales funerarios con la creencia en la idea de que la muerte no era el final de la existencia, sino más bien un tránsito del mundo de los vivos hacia un reino espiritual fueron los neandertales. Según la historia, un enterramiento neandertal en la cueva de Shanidar (Irán) estuvo rodeado de flores. Otro entierro infantil se halló en la cordillera del Himalaya en una fosa rodeada de seis pares de cuernos de cabra montesa. El entierro deliberado de sus muertos es una característica que distingue al hombre de neandertal del resto de los homínidos prehistóricos. En el paleolítico medio también hay evidencias de prácticas mortuorias, pero es en el paleolítico superior cuando se hicieron más complejas. (Torres, 2006, p.8)

Podemos observar que la historia de los rituales funerarios es tan antigua como la existencia del hombre sobre la tierra. Para la civilización oriental la muerte no es un evento trágico y supone un tránsito hacia una nueva forma de ser, hacia un nuevo inicio, esto conlleva a su vez a existir de una manera más placentera y espiritual, además de representar el paso hacia la regeneración y la reafirmación de los valores ancestrales que conformaron su comunidad. Desde este punto de vista para ellos la muerte se convierte en un gran acontecimiento y durante toda su vida se preparan para esperar y aceptar este momento con emotividad. Es por esto que, en países como Egipto, India China, entre otros las celebraciones de los rituales funerarios se asemejan más a emotivas celebraciones.

En las civilizaciones conformadas por la cultura occidental, la muerte es considerada un enemigo que genera temor, a su vez, ese miedo se considera normal y necesario, sin comprender que la no aceptación es más dura que la propia muerte. La percepción de la muerte se ve altamente influenciada por la religión que ofrece una vida en el más allá y que castiga o premia las buenas o malas acciones que se realizan durante la vida terrenal. A su vez la ciencia libra una constante batalla en la que busca prolongar la vida.

La ciencia lucha a brazo partido para ganarle la mano. Aún en casos de enfermedades terminales, lo importante es sobrevivir a cualquier costo. Lo que cuenta es cuanto seguirá viviendo el paciente, no como seguirá viviendo, la calidad de vida no importa. Los profesionales de la salud la consideran como un fracaso de sus esfuerzos profesionales. Tan poco entienden este tránsito natural, que imponen restricciones sobre la presencia de los familiares al lado del enfermo, determinando así que un buen porcentaje de los mismos pasa de plano sin tener siquiera una mano amorosa que apriete la suya. El agonizante es un ser privado de sus derechos, al que se trata como a alguien que ha perdido la razón. Aquél que, a pesar del ocultamiento, adquiere conciencia de su agonía, ha de vivir su experiencia en solitario, sin posibilidad de intercambiar sus impresiones con los que le rodean. La muerte se ha convertido en algo que se combate y que sólo ocurre cuando la “ciencia” falla. Nuestra sociedad vive privada de la consciencia de su propia finitud. (Scalici, p.5)

En la cultura occidental entonces se vive con temor a morir, el dolor, la tristeza y el sufrimiento son el común denominador y la reacción más frecuente ante la muerte. Los rituales en su mayoría además de cumplir con una tradición buscan facilitar el ascenso de las almas hacia la inmortalidad y sirven también para mitigar el sufrimiento de los deudos.

Conclusión:

Para el ser humano comprender su propio mundo y con respecto al final de su vida ha sido algo muy complejo, presentándose una intriga e incertidumbre acerca de lo que más allá de su existencia. La muerte es uno de los hechos básicos de la vida, por su naturalidad puede llegar a ser algo misterioso e inevitable para el hombre, pero esta se presenta de diferentes formas sea voluntaria o involuntaria y sin ningún sentido que en alguno de los casos puede estar acompañada de sufrimiento y dolor. Hay que tener muy en cuenta que en el momento en que se nace hay sufrimiento y en cualquier momento se puede llegar a morir, situación que en la mayoría de los caso puede llevar a toda una familia y a su comunidad a un desequilibrio emocional y a su vez acompañado de un ritual y culto en el que se simboliza y trasmite un adiós a toda una existencia vivida, a quien ya no vuelve, un adiós previsto acompañado de cantos, gritos, llantos, alabanzas, música, entre otras cosas según el contexto y la cultura a la que hace parte cada grupo, todo esto acompañado de una simbólica corporal que a su vez expresa emociones según el acontecimiento y lo enseñado por la propia cultura.

Referencias bibliográficas:

  • Le Breton, D. (1999). Las pasiones ordinarias: antropología de las emociones. Buenos Aires: Nueva era.
  • Aries, P. (1977). El hombre ante la muerte (TAUROS EDICCIONES, S,A.) Recuperado 05, abril,2017. Desde www.antesdepartir.org.mx/lecturas/Libro-El-Hombre-ante-la-muerte.pdf
  • Torres, D. (2006). Los rituales funerarios como estrategias simbólicas que regulan las relaciones entre las personas y las culturas. Vol. 7, num 2, Caracas: Sapiens, pp.7-10. Disponible en http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=41070208 [Recuperado 20 abril 2017].
  • Scalici, E. La muerte en las diferentes culturas, pp 5. Disponible en : Escuela española de desarrollo transpersonal https://escuelatranspersonal.com/wp-content/uploads/2013/11/la-muerte-en-diferentes-culturas.pdf [Recuperado o5 Mayo 2017].
  • Durkheim, E. (1912). Las formas elementales de la vida religiosa. 1st ed. [libro] Mexico: Colofón, S. A., pp.568-569. Disponible en: http://www.arnaldomartinez.net/sociologia/durkheim_Las_formas.pdf [Recuperado 6 mayo 2017].