Quiebra de un Estado

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ESTADO: Este es un concepto jurídico-político, y puede expresarse así: Es el conjunto de instituciones que ejercen el gobierno y aplican las leyes sobre la población residente en un territorio delimitado, provistos de soberanía, interna y externa.

PREGUNTAS

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Pregunta 1
¿Puede quebrar un país?

PUEDE la ruina llegar a ser de tales dimensiones que termine devorando al conjunto de la economía? Teóricamente no, porque un país no puede desaparecer y tampoco se puede repartir en un concurso de acreedores. Además, si así fuera, lo más seguro es que algunos hubieran dejado de existir hace tiempo, aunque bien pensado, es posible que sea justamente lo que ha ocurrido en algún caso, donde los gobiernos incapaces de hacer frente a sus deudas, terminaron por poner el país en manos de capitales extranjeros sin escrúpulos. Como en el de los denominados “fondos carroñeros” (vulture funds), especializados en adquirir deuda soberana de dudosa solvencia en países con recursos naturales, que luego explotan entre la miseria de la población y la corrupción política.

Habitualmente el problema comienza a manifestarse con la “explosividad de la deuda”, es decir, cuando hay que pedir nuevos préstamos para hacer frente a los antiguos y a sus intereses. Normalmente la situación desemboca en inflación que, en última instancia, no es otra cosa que la pérdida de valor del dinero o, mejor dicho, de la moneda nacional. Para un país endeudado y con una moneda que se deprecia, hacer frente a los compromisos de pago puede resultar insoportable y terminar convirtiéndose en un país en venta y a buen precio. Es la ruina completa que evocan las imágenes de la Argentina o Rusia de hace unos años y también la imagen actual de Islandia, de la que cuentan que para hacer frente a lo que deben, tendrían que entregar a sus acreedores su renta nacional de los próximos 10 años.

Lo característico del momento actual es que la irresponsabilidad no ha sido básicamente de los gobiernos, sino de los bancos y de un sector privado cuya ambición puede terminar arrastrando a los gobiernos a unos niveles de endeudamiento en los límites de la prudencia. Antes de las medidas extraordinarias del pasado otoño, la situación de la economía española era de las mejores de la Unión. Con un volumen de deuda pública en circulación equivalente al 40% del PIB, estaba 30 puntos por debajo de la media de la Unión y 20 por debajo de la media de la Eurozona. Países como Bélgica o Italia, por encima del 100%, se encontraban mucho peor, por no hablar de Japón, donde la deuda pública equivale al 180% de su PIB. No se sabe muy bien como habrá cambiado todo esto en los últimos meses, pero no parece que el endeudamiento del sector público esté entre los principales problemas del país. Otra cosa es el endeudamiento exterior de economía, es decir, incluyendo al sector privado, y el miedo a una progresiva retirada de los capitales extranjeros que han llegado durante los últimos años. Este temor, junto a los tremendos escombros que han quedado tras el desplome de la economía del ladrillo y la tremenda evolución del empleo, es lo que seguramente ha llevado a una agencia de rating a rebajar la calificación de la deuda pública española largo plazo, es decir, la confianza en que el Estado hará frente a sus futuros compromisos de pago, y al mercado a fijar un diferencial superior a un punto en el bono a largo plazo español sobre el alemán, en concepto de prima de riesgo.

Pregunta 2
Que políticas económicas sugiere al gobierno actual para mejorar el crecimiento económico del país?

Entre los supuestos más importantes que llevan a la conclusión de que el libre mercado competitivo conducirá al resultado más eficiente se encuentran el supuesto de competencia perfecta, el supuesto de que los agentes cuentan con información perfecta, el supuesto de consistencia en los gustos y preferencias de los consumidores, entre otros.

Asimismo, el Estado debe velar por el mantenimiento de la competencia, evitando las conductas monopolísticas por parte de las firmas y regulando los monopolios naturales.

  • Los mercados son incompletos si no suministran bienes o servicios aun cuando el costo de suministrarlos es menor al precio que los consumidores están dispuestos a pagar. Los mercados de seguros y los mercados financieros poco desarrollados enfrentan este tipo de problemas. Por lo tanto, el Estado interviene para asegurar la provisión estos bienes o servicios, por ejemplo, brindando seguros de desempleo
  • Los mercados son incompletos si no suministran bienes o servicios aun cuando el costo de suministrarlos es menor al precio que los consumidores están dispuestos a pagar. Los mercados de seguros y los mercados financieros poco desarrollados enfrentan este tipo de problemas. Por lo tanto, el Estado interviene para asegurar la provisión estos bienes o servicios, por ejemplo, brindando seguros de desempleo.

1. Promover la educación.- Incrementa el capital humano de la economía y además, contribuye a formar una sociedad más igualitaria.

2. Promover la tecnología.- La teoría de crecimiento enfatiza la importancia del cambio tecnológico y las mejoras en la productividad para el crecimiento.

3. Apoyar el sector financiero.- Este sector presenta muchas fallas de mercado y es de suma importancia para promover el desarrollo.

4. Invertir en infraestructura.- La infraestructura incluye infraestructura física como infraestructura institucional que facilite el buen funcionamiento de los mercados.

5. Prevenir la degradación ambiental.- Es necesario considerar que el desarrollo es mucho más que la expansión del PBI, implica también sostenibilidad.

6. Crear y mantener una red de seguridad social.- Mejora las condiciones de salud de la población, haciendo más productiva a la fuerza laboral, y mejora los estándares de vida de la población. (Stiglitz 1996: 13-15).

POLÍTICA MACROECONÓMICA, INSTITUCIONES Y CRECIMIENTO

La política económica influye en la tasa de crecimiento económico, acelerándola o retrasándola, a través de los canales de la tecnología y de la intensidad de capital o relación capital producto. El primer canal está relacionado con la educación, la capacitación y en general con la calidad de los recursos humanos sobre las cuales influye la política económica. Trabajadores más calificados y con condiciones laborales de calidad, facilitan la modernización del país mediante la utilización de bienes de capital más sofisticados tecnológicamente. Asimismo, las políticas económicas que promueven el desarrollo de la investigación en ciencia aplicada y tecnologías productivas, generan las condiciones para la innovación, la modernización productiva y los aumentos de la productividad.

El canal de la intensidad de capital tiene relación con el coeficiente de inversión, es decir, con el porcentaje de la inversión respecto al producto y con la orientación de las inversiones. Las políticas impactan sobre esta variable y, por lo tanto, sobre el nivel de modernización de la economía que se refleja en la intensidad de capital. Los bienes de inversión o de capital (maquinaria y equipo) ya involucran tecnologías y se supone que los más nuevos incorporan tecnologías más modernas. En este sentido, los aumentos de la intensidad de capital pueden reflejar no solo un mayor grado de modernización, sino también la importancia creciente que en el total tiene la inversión en maquinaria y equipo en relación a la inversión en construcción. Por último, importa la orientación de las inversiones. Altos porcentajes de la inversión que se dirigen sólo a una actividad, como, por ejemplo, la primaria exportadora, por los pocos encadenamientos que tienen con el resto de la economía no necesariamente conducen a una elevación sostenida la intensidad de capital.

Las políticas económicas tienen influencia sobre esta orientación y, en consecuencia, pueden generar crecimiento desequilibrado desde el punto de vista sectorial, generando, a su vez, desigualdades de ingreso que, a su turno, afectarán la sostenibilidad del crecimiento. Todo lo dicho anteriormente puede asimilarse al enfoque sobre el crecimiento del que se parta. Por ejemplo, para el enfoque neoclásico puede decirse que lo que importa es el coeficiente de ahorro porque este determina la inversión, o que las tecnologías son exógenas y que se importan. Distinto es en el caso de los enfoques no neoclásicos de crecimiento endógeno. Las políticas de demanda son las más importantes y los cambios técnicos son endógenos.

Capítulo 7: Política Económica, Crecimiento y Desarrollo 16 De otro lado, hay que señalar que la política económica incluye diversos aspectos: está la política macroeconómica, enfocada en el manejo de la política fiscal y monetaria; la política comercial; la política social; entre otras. Uno de los aspectos que resaltan tanto los teorías neoclásicas del crecimiento como la teoría de crecimiento dirigido por la demanda es la importancia de un contexto macroeconómico e institucional sólido.

En esta sección, se presenta la política macroeconómica y las instituciones y sus vínculos con el crecimiento y el desarrollo de la economía. Política macroeconómica, estabilidad y crecimiento En la teoría económica, la división entre la teoría del crecimiento y la macroeconomía se encuentra en el periodo de referencia en el que se analiza la economía. Como se mencionó en el Capítulo 1, mientras la macroeconomía se centra en el análisis de las fluctuaciones del producto (generalmente consideradas fenómenos de corto plazo), la teoría del crecimiento estudia la evolución del producto potencial, es decir, de la tendencia de largo plazo del producto. En este sentido, la política macroeconómica está dirigida a hacer frente a las fluctuaciones de corto plazo de la economía. La política orientada al crecimiento, por su parte, se centra en objetivos de largo plazo como el crecimiento de la economía y el incremento del nivel de vida de los miembros de una nación. A lo largo del texto se ha señalado que las fluctuaciones de corto plazo y las políticas llevadas a cabo para atenuar los impactos de estas fluctuaciones tienen efecto en el crecimiento de la economía en el largo plazo. En especial, en el Capítulo 6, al estudiar la teoría de crecimiento dirigido por la demanda, se desarrollaron modelos que demostraban que los shocks de demanda, considerados fenómenos temporales por los economistas neoclásicos, tenían impacto en la dinámica de la economía en el largo plazo.

La política macroeconómica altera los incentivos en la economía y por lo tanto influye en las decisiones de consumo y ahorro. De este modo, la política macroeconómica, diseñada originalmente pensando en el corto plazo, afecta a las variables económicas en el largo plazo. Esta conexión entre las políticas de corto plazo y las variables en el largo plazo ha generado una creciente preocupación por la integración de los plazos en el análisis económico. Por ejemplo, Robert Solow (1988: 311-312) señala la necesidad de analizar la economía integrando los equilibrios (y desequilibrios) de corto y largo plazo. En economía, por tanto, hace falta un modelo híbrido que permita analizar el mediano plazo integrando los enfoques de corto y largo plazo. «[…] este modelo híbrido debe ser capaz de brindar interpretaciones a las divergentes tendencias en el desempleo en Europa en los 1980 y 1990, del estancamiento de Japón en los 1990 y del record de empleo, productividad y baja inflación en EE.UU desde 1992» (Solow 2000: 158). Por su parte, Adolfo Figueroa (1989) resalta la importancia de las políticas de corto plazo para lograr la estabilización de la economía y lograr crecimiento económico con estabilidad.

Al configurar un contexto macroeconómico estable, la economía se encontrará en condiciones propicias para el proceso de acumulación de capital bajo la lógica de los inversionistas privados. Félix Jiménez / Crecimiento Económico: Enfoques y Modelos 17 El logro de estos objetivos de largo plazo solo puede obtenerse desde las políticas de corto plazo. […] Así, el logro de la estabilidad macroeconómica en el corto plazo tiene efectos para el largo plazo. Permite colocar la economía en una trayectoria de crecimiento económico. Como políticas específicas para el largo plazo, se pueden hacer más acciones, para reforzar aún más esa estabilidad macroeconómica. Esto significaría la conformación de un contexto macroeconómico para el desarrollo. […] No se trata de un Estado controlista sino promotor y creador de un contexto favorable. (Figueroa 1989: 27-28). Objetivos de la política macroeconómica Existen dos visiones con respecto a las fluctuaciones de la economía. Por un lado, se considera que la economía es inherentemente inestable, es decir, está expuesta a frecuentes shocks de oferta y demanda. Por otro lado, algunos economistas consideran que la economía es estable y son las malas políticas económicas las que ocasionan las fluctuaciones.

Desde la primera perspectiva, la política macroeconómica debe estabilizar la economía, pues los continuos shocks tienen consecuencias adversas en el nivel de actividad, los precios y el nivel de empleo. La estabilización de la economía utilizando política macroeconómica implica el diseño de un política contracíclica que impulsé la economía durante la recesión y la contraiga cuando esta se está “sobrecalentando”. Desde la segunda perspectiva, la intervención de las autoridades puede generar más daño a la economía, pues existen rezagos entre el diseño de la política y el efecto de la misma. Para este grupo de economistas, los errores de las autoridades políticas tienen peores resultados que los shocks externos. La política macroeconómica tiene tres pilares: la política monetaria, la política fiscal y la política cambiaria (Palley 2007:15). Cada una de estas políticas cuenta con sus propios instrumentos para influenciar en la economía. Sin embargo, estas políticas deben trabajar en conjunto para lograr los objetivos de la política macroeconómica. Existen distintas concepciones acerca de cuáles deberían ser los objetivos de la política macroeconómica. Desde una perspectiva amplia, entre los objetivos atribuidos a la política macroeconómica se encuentra la estabilidad de precios, la estabilidad cambiaria, la estabilidad real, el crecimiento del producto y el logro del pleno empleo. El reconocimiento de estos objetivos y la importancia asignada a cada uno varía entre los economistas de diferentes escuelas y entre las políticas diseñadas en cada país, dependiendo de las instituciones, la situación económica y la historia.

En el caso de algunos países en desarrollo que han sufrido episodios de hiperinflación, elevados déficits fiscales y desbalances externos, el buen manejo de la política macroeconómica implica una dedicación exclusiva al mantenimiento de la estabilidad de precios, la estabilidad cambiaria y la disciplina fiscal. Esta visión reducida de la política macroeconómica ha sido respaldada por los organismos multilaterales desde los años ochenta. Ha-Joon Chang (2008) sostiene que las medidas de prudencia financiera y fiscal, impulsadas por el Fondo Monetario Internacional durante las recesiones, tienen efectos nocivos en los países en desarrollo. El financiamiento que otorga el FMI a los países en desarrollo está condicionado al cumplimiento de programas macroeconómicos diseñados por él.

Estos programas Capítulo 7: Política Económica, Crecimiento y Desarrollo 18 incluyen medidas de austeridad fiscal, disciplina monetaria, liberalización comercial y desregulación. La autonomía del banco central y la implementación de la estabilidad de precios como su único objetivo (en desmedro de los objetivos sobre el empleo y la actividad económica) son recomendaciones para alcanzar la estabilidad de precios y, por lo tanto, condiciones para el otorgamiento del préstamo. Sin embargo, el autor resalta que estos programas no pueden implementarse durante una recesión sin agravarla. Si el Estado recortara su gasto, solo intensificaría la crisis; sin embargo, las recomendaciones del programa macroeconómico del FMI han ido en contra de este simple precepto a partir de la década de 1980.

Al considerar los objetivos de la política macroeconómica es importante distinguir entre los fines y los instrumentos. Según Shari Spiegel (2006), recientemente, la discusión acerca de la política macroeconómica se ha centrado en el análisis de variables intermedias como la estabilidad de precios o la estabilidad externa. Para el autor, estas variables intermedias no son importantes en sí mismas, son principalmente indicadores del desempeño económico y su importancia radica en el impacto que tienen sobre variables verdaderamente importantes como el crecimiento, el desarrollo y la equidad en la distribución. «[L]a estabilidad de precios debe ser vista como una herramienta para alcanzar importantes objetivos de largo plazo, como mayor eficiencia y crecimiento de largo plazo. El centro de atención de las políticas macroeconómicas debe estar en la “macroeconomía real” y en el uso de la capacidad productiva –el empleo de capital y trabajo en su nivel potencial- y en la mejora de la productividad» (Spiegel 2006: 6).

Desde la post guerra, según Thomas Palley (2007: 21), en Estados Unidos, el principal objetivo de la política macroeconómica era una combinación de pleno empleo y estabilidad de precios, hasta 1979. Posteriormente, la preocupación por el logro del pleno empleo fue desplazada y la estabilidad de precios se convirtió en el objetivo central de la política macroeconómica. El autor señala: El régimen de política actual responde a un nuevo tipo de ciclo económico que emergió luego de 1979 debido, en parte, a las políticas de desregulación financiera y de integración económica global. Este nuevo tipo de ciclo económico está dirigido financieramente por la inflación en el precio de los activos y el endeudamiento, con importaciones baratas ayudando a contener la inflación. Este nuevo ciclo contrasta con el ciclo económico anterior a 1979, el cual se basaba en salarios ligados al crecimiento de la productividad, el pleno empleo y altas tasas de utilización de la capacidad que crearon un incentivo para la inversión. Este nuevo ciclo económico ha, a su vez, generado un nuevo régimen de política macroeconómica. Por lo tanto, mientras el régimen de política macroeconómica anterior a 1980 puede ser visto como orientado a suavizar las fluctuaciones en el mercado laboral, el régimen posterior a 1980 implícitamente se orienta a suavizar las fluctuaciones en los mercados financieros. (Palley 2007: 20). La influencia de la política macroeconómica sobre los niveles de las variables de la economía en el largo plazo es un argumento que apoya la visión amplia de los objetivos de la política macroeconómica.

El crecimiento económico debe ser reconocido como Félix Jiménez / Crecimiento Económico: Enfoques y Modelos 19 uno de los objetivos considerados al momento de diseñar políticas macroeconómicas, pues estas tienen efectos en el largo plazo. Asimismo, el aseguramiento de la plena utilización de la capacidad productiva y el pleno empleo de la fuerza laboral no sólo contribuyen al crecimiento de la economía en el largo plazo, sino sobre todo al bienestar de los ciudadanos en el corto plazo. A continuación analizamos con mayor detalle estos objetivos y su relación con el crecimiento económico. Estabilidad de precios y estabilidad real La inflación, la elevación continua y generalizada del nivel de precios de los bienes y servicios de la economía, es identificada como uno de los principales problemas que la política macroeconómica debe enfrentar. Los efectos perjudiciales de la inflación en el corto plazo son bastante conocidos (reducción del poder adquisitivo del dinero, distorsión de los precios relativos, consecuencias negativas en la distribución del ingreso, reducción de los ingresos reales, generación de incertidumbre).

Además, desde un punto de vista político, la inflación es impopular y es considerada una señal de mal manejo de la política macroeconómica por parte de las autoridades. Por otro lado, la inflación genera incertidumbre y esta es la principal explicación de una reducción en los niveles de inversión. A través de su impacto sobre la inversión, la inflación puede afectar el crecimiento en el largo plazo. Empíricamente, los resultados no son concluyentes. Por un lado, se ha encontrado evidencia de que existe una relación inversa entre la inflación y el crecimiento (Corbo, 1996; De Gregorio, 1996; Smith, 1996). De Gregorio, (1996) señala que la inflación tiene dos efectos sobre el crecimiento al alterar la eficiencia de la inversión y la participación de la inversión en el producto. Los mecanismos por los cuales la inflación afecta a la inversión son los de la incertidumbre, la distorsión de las decisiones optimas de los agentes, y la reducción de la capacidad de eficiente intermediación financiera. El autor realiza estimaciones de corte transversal para evaluar los determinantes del crecimiento y los determinantes de la inversión. El trabajo concluye que existe una correlación negativa entre la inflación y el crecimiento, así como entre la inversión y la inflación. Asimismo, el autor señala que más de la mitad de los efectos de la inflación en el crecimiento se trasmiten por el canal de la eficiencia y de la productividad (De Gregorio 1996: 70).

Según William Eaterly (2001), la inflación es equivalente a un impuesto a la producción, pues la rápida pérdida del valor del dinero desincentiva a las familias a mantener liquidez, con lo que se reduce la eficiencia en las transacciones, y por lo tanto, la eficiencia en la producción. También se produce un desvío de recursos de la producción hacia los servicios financieros, ya que aumentan los gastos orientados a proteger activos y los ahorros. Además, en países afectados por una alta inflación y régimen de tipo de cambio fijo, la demanda por divisas aumenta, pues los consumidores buscan protegerse del riesgo de una devaluación. De este modo, el surgimiento de un mercado negro de divisa es inminente. Según Easterly (2001: 222), existe una relación negativa entre la prima del mercado negro y el crecimiento, pues la prima (o sobreprecio de la moneda extranjera que se paga en el mercado negro) actúa como un impuesto sobre las ganancias de los exportadores reduciendo los incentivos económicos. Adicionalmente, si las autoridades mantienen controles sobre la tasa de interés que se paga sobre los depósitos, los ahorros pueden ser afectados negativamente.

La tasa real Capítulo 7: Política Económica, Crecimiento y Desarrollo 20 de interés, que es igual a la tasa nominal menos la tasa de inflación, puede ser negativa cuando la inflación es muy elevada. En consecuencia, el retorno real de los ahorros de las familias puede volverse negativo. De este modo, los incentivos a ahorrar se reducen. Así se reduce también el ahorro doméstico (Easterly 2001: 228). Por otra parte, en países que mantienen grandes déficits presupuestarios a lo largo de los años, el crecimiento se ve desincentivado pues los agentes privados anticipan futuros incrementos de impuestos (en forma de tributos para financiar el déficit o en forma de una mayor tasa de inflación futura) y posponen o cancelan planes de inversión (Easterly 2001: 226). Sin embargo, Anthony Thirlwall (2007) sostiene que la evidencia empírica acerca de la relación positiva entre la estabilidad de precios y el crecimiento no es convincente. Spiegel (2006: 6) resalta que es la estabilidad real, y no solo la estabilidad de precios, la que interesa a las firmas al momento de tomar sus decisiones de inversión. Según el autor, la estabilidad de precios no lleva a la estabilidad del producto, y es la estabilidad real, no la estabilidad de precios el factor determinante para atraer la inversión y lograr el crecimiento de la economía.

Al respecto, Dani Rodrik (2003) señala que lo que distingue a los países asiáticos de los latinoamericanos es la relevancia que otorgan al sector real. «Conducen las políticas monetarias, cambiarias y financieras pensando principalmente en el sector real (y no en las variables nominales). La estabilidad de precios es un objetivo importante, pero no más importante que el empleo. Cuando hay conflicto de objetivos, las variables de ajuste no son el producto y la actividad real; son el tipo de cambio y las políticas financieras consiguientes» (Rodrik 2003: 1). Spiegel sostiene que la inflación es un indicador del desempeño del manejo macroeconómico por parte de las autoridades, sin embargo, ha sido confundida como el objetivo último de la política macroeconómica. Si bien existe consenso alrededor de los efectos dañinos de la inflación en el corto plazo y de los incentivos políticos de las autoridades para mantenerla bajo control, es claro que existe un costo real para la economía al combatir la inflación. De este modo, «[u]na exclusiva o incluso excesiva concentración en la estabilidad de precios puede tener un impacto negativo sobre el crecimiento» (Spiegel 2006: 6). Por lo general, se considera que la inflación es causada por la expansión de la demanda que excede las posibilidades de producción en el corto plazo.

Se considera que los efectos nocivos de la inflación sobre la actividad económica serán peores que la contracción de la demanda generada para combatir la inflación. Sin embargo, el costo de combatir la inflación no es un costo único, depende del nivel de inflación y del nivel de producto y empleo de la economía. «Cuando la inflación es baja o moderada, los esfuerzos para reducirla aún más tienen menores beneficios y mayores costos, especialmente cuando la política monetaria contraccionista tradicional es el único instrumento utilizado para combatirla […] esto afecta el empleo en el corto plazo y el crecimiento en el largo plazo» (Spiegel 2006: 7). Ha-Joon Chang (2008) señala que la disciplina fiscal y monetaria, recomendada por el FMI, no puede aplicarse indistintamente a países desarrollados y países en desarrollo.

La aplicación de una política monetaria rígida en un país con elevados niveles de vida y que cuenta con un Estado de bienestar social no representa un problema muy grave. Sin Félix Jiménez / Crecimiento Económico: Enfoques y Modelos 21 embargo, en un país en desarrollo que necesita grandes niveles de inversión, y por ello bajas tasas de interés, e incrementos en el nivel de empleo, la aplicación de estas medidas tendrá mayores efectos negativos sobre el bienestar de la población en el corto plazo y puede tener efectos nocivos sobre el crecimiento de estas economías en desarrollo. En los países en desarrollo, el rendimiento real de invertir se hace menor al de depositar los ahorros en un banco, si es que la inflación se controla rígidamente; por lo tanto, la inversión se reduce. Otras formas de restricciones financieras también tienen un impacto negativo sobre el incipiente mercado financiero en estos países.

De este modo, Ha-Joon Chang (2008) sostiene que el programa monetarista de control estricto de la inflación, cuyo único objetivo es la estabilidad de precios, resulta inadecuado para los países en desarrollo. Evidentemente la hiperinflación es nociva para el crecimiento, como ha demostrado la experiencia de los países latinoamericanos en los años 1970-1990. «Pero existe un gran salto lógico entre reconocer el carácter destructivo de la hiperinflación y afirmar que cuanto menor sea el índice inflacionario, mejor» (Chang 2008: 175). Por ejemplo, Brasil, en la década de 1960, registra una de las tasas de crecimiento del PBI per cápita más alta de la región (4.5%) y una tasa de inflación de 42% anual. Por el contrario, entre 1995-2005, la tasa de inflación fue de 7.1%, mientras que el PBI per cápita creció a una tasa promedio anual de 1.3%. En el mismo periodo, la tasa de inflación en Corea fue de 17.4% y el PBI per cápita creció a una tasa de 7% anual en promedio. Asimismo, Bruno e Easterly (1995,1996) encuentran evidencia de que, por debajo de una tasa de inflación de 40%, no existe una correlación entre inflación y el crecimiento, mientras que, por debajo de una tasa de 20%, existe una relación positiva entre ambas.

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