Teorias del Comercio Internacional

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TEORIAS DEL COMERCIO INTERNACIONAL

El Mercantilismo

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La corriente mercantilista se desarrolló durante los siglos XV y XVI y alcanzaron su apogeo en el siglo XVII. A lo largo de este período una serie de pensadores fue elaborando un conjunto de recomendaciones para promover el bienestar de sus respectivas naciones. Esas ideas expresaban sobre todo los intereses y ambiciones de los mercaderes, que formaban parte de una nueva clase social en ascenso: la burguesía.
Su concepción hacía hincapié en la acumulación de metales preciosos que identificaban como riqueza. El mercantilismo adoptó distintas formas según las características de cada país. Si el objetivo era obtener oro y plata, hubo naciones como España y Portugal que, a través del monopolio del intercambio con sus colonias, podían conseguir esos metales preciosos.

Otros países, como Inglaterra y Francia, que no poseían colonias extensas debían apelar a otras armas para conseguirlos; de allí la intensificación del comercio. Se debía intentar adquirir las mercancías a costos mínimos y vender con un margen que le significara una ganancia. A través de un tráfico de mercaderías continuo lograban el objetivo de obtener ganancias que se expresaban en aumentos del tesoro del reino. ¿Qué significaba para un país comprar barato y vender caro? Significaba comprar materias primas y transformarlas en productos manufacturados y vender, exportar, esos productos. Significaba comprar bienes con escaso o ningún valor agregado, que tenían poco trabajo incorporado, y vender productos manufacturados, que, al haberle aplicado un mayor valor agregado a través del proceso de producción, se puedan vender más caro.

Los bienes no se producían para acumularlos sino para venderlos buscando el superávit comercial, un excedente de exportación. Si un país importaba materias primas, debía abonarlas con oro y plata, que eran las divisas internacionales (hoy estas transacciones se realizan con las denominadas divisas, como por ejemplo el dólar estadounidense, el yen o el marco alemán). Y cuando exportaba cobraba en oro y plata. El que exportaba más de lo que importaba acrecentaba sus existencias de oro y plata. Esto llevaba a un enriquecimiento relativo: lo que gana uno lo pierde el otro, coherente con la idea de obtener poder empobreciendo al vecino.

Los Estados que no podían acceder directamente a tales metales a través de sus colonias y que por ello necesitaban propiciar el comercio, acudían a medidas proteccionistas para sus industrias. Se comienza a vislumbrar la intervención del Estado, parte esencial en la doctrina para el desarrollo en esta fase comercial del capitalismo, tratando de que se importen materias primas y no productos manufacturados y, además, exportar esta clase de bienes, con el objeto de incrementar los stocks de metales. Estas ideas sobre el comercio traían aparejadas, a su vez, consecuencias políticas, ya que los Estados tomaban medidas para trabar la importación de bienes manufacturados para que sean elaborados en el país y luego se los exporte.

En la práctica de los gobiernos a fines del siglo XVII y en la mayor parte del XVIII, son manifiestos el proteccionismo total y las reglamentaciones por parte del Estado. Los métodos usados eran los embargos sobre las importaciones, prohibiciones de exportar herramientas y obreros especializados, el fomento de la importación de materias primas o de su producción en el país, la inspección sobre la calidad de los productos y los subsidios a quienes establecían industrias nuevas. España y Portugal, que comenzaron siendo países preponderantemente ricos por los metales traídos desde sus colonias, perdieron esa ubicación porque sus adquisiciones de productos manufacturados fueron excesivas, no se preocuparon en incentivar sus industrias y, por consiguiente, el oro y la plata terminaban yendo de América a España y de España a Francia, Inglaterra y Holanda. Inglaterra supo explotar el comercio mediante la protección del comercio marítimo creando compañías de navegación e instituciones financieras y por el contrabando con las colonias americanas; además, sus manufacturas eran más baratas por haber desarrollado sus industrias. Francia por su parte, basó la producción manufacturera en productos suntuarios para las cortes de Europa.

Los principales exponentes de esta corriente fueron: Oliver Cromwell (1599-1658) en Inglaterra, donde ejerció el poder desde 1649 y fue proclamado Lord Protector en 1653.

En 1651 había dictado el acta de navegación prohibiendo a las naves holandesas transportar mercaderías a Inglaterra, lo cual originó un conflicto militar (1652-1654) del que Holanda resultó derrotada. Jean Baptiste Colbert (1619-1693) en Francia, donde reorganizó la administración pública y sentó las bases de la política, después llamada Colbertismo, para la protección de la industria francesa, basada en subvenciones del Estado y la aplicación de fuertes tarifas aduaneras sobre la entrada al país de mercancías y Von Hornick (1638-1712) quien promovió un desarrollo industrial similar en Austria para reducir las importaciones de bienes suntuarios de la nobleza.

Es cierto que los metales preciosos, con los que fabricaban monedas en aquella época, contribuían a mejorar los intercambios comerciales y las oportunidades de efectuar negocios, pero la verdadera riqueza eran los bienes que producían los miembros de la comunidad.

En la actualidad, a pesar de que la noción mercantilista de la riqueza no tiene vigencia, las prácticas “proteccionistas” por parte del Estado son aún argumentadas y propuestas por teóricos del comercio internacional como medida para el desarrollo económico. El error de los metalistas fue confundir los metales preciosos, que eran solo la manifestación de la riqueza, con la riqueza misma.

Fisiócratas

Como contraposición al Mercantilismo surgió otra corriente de pensamiento económico denominada Fisiocracia, que significa el gobierno de la naturaleza. Los fisiócratas que tuvieron su preponderancia en Francia, sostuvieron que la riqueza estaba dada no por el oro y la plata, sino por el trabajo de la tierra; es este proceso el que genera riqueza, no cualquier trabajo sino el trabajo de la tierra. Los políticos del colbertismo habían relegado a la agricultura como sector improductivo fuera de la producción para el mercado. La mayor parte de la población de Francia vivía y trabajaba en el campo y vivía de lo producido allí; además, la producción del campo permitía vivir a la gente de la ciudad, por lo cual consideraban que el trabajo agropecuario generaba un excedente que era transferido al resto de la sociedad a través de impuestos y diezmos a la iglesia que pagaban los productores agrícolas.

Los fisiócratas junto a otros economistas, como Petty (1623-1687) y Cantillon (168?-1734), rompieron con la creencia mercantilista de que la riqueza provenía del comercio y llevaron a la economía al estudio de la producción como creadora de riqueza. La forma de ese excedente o producto neto que limitaron a la renta de la tierra y al análisis de su circulación entre las diferentes clases son los puntos clave de la doctrina.
El punto de partida de esta concepción es la división del trabajo en dos categorías, uno productivo y otro estéril. El primero consiste únicamente en el trabajo capaz de crear un excedente, es decir, algo que excede a la riqueza que se consume para poder producir. Cualquier otro trabajo es estéril. Esta, división se encuentra en todo el sistema clásico y la determinación de lo que constituía trabajo productivo fue uno de los asuntos más importantes estudiados por Smith y Ricardo.

Los fisiócratas no tenían una idea clara de la diferencia entre valor de uso y valor de cambio y pensaban en el excedente en términos de las diferencias entre los valores de uso que habían consumido y los que se habían producido. El producto neto no era un excedente de riqueza social en abstracto (valor de cambio), sino de riqueza material concreta de bienes útiles. Fue este punto de vista el que llevó a los fisiócratas a señalar una rama particular de la producción como la única realmente productiva. Sí comprendieron que el grado de productividad del trabajo que hace posible una excedente había hecho su primera aparición en la agricultura; pero, como no llevaron su análisis a otras esferas de la producción, consideraron ese excedente como un don atribuible, no a la productividad de trabajo, sino a la naturaleza.

El exponente más saliente de esta doctrina fue el economista francés François Quesnay (1694-1774) fundador de la escuela fisiocrática. Su “Tableau Economique”, editado en 1758, se basa en la existencia de una estructura social determinada que, como médico personal del rey, no pretendía cambiar. La tierra la poseen los terratenientes pero la cultivan los agricultores que la tienen en arriendo, los cuales son así la clase verdaderamente productora. El producto que ellos crean tiene que servir no sólo para la satisfacción de sus propias necesidades sino también de las necesidades de los propietarios de la tierra, incluyendo al rey, la iglesia y la clase estéril: artesanos, comerciantes, etc.

El ensayo de condensar todo el proceso de la circulación en la forma simplificada de un cuadro es uno de los primeros ejemplos de aplicación rigurosa de los métodos científicos a los fenómenos económicos. La fisiocracia fue expresión del liberalismo europeo, sostuvieron el “dejar hacer, dejar pasar”, lo que significaba dejar hacer a cada persona la profesión que prefiera y dejar pasar libremente las mercaderías (principalmente los granos) entre países. Ninguna intervención estatal a favor de la industria -que no creaba valor- era necesaria. Sostenían la existencia de un orden natural, un orden formado por el Soberano, los agricultores, los artesanos y los comerciantes. A este orden divino no había que entorpecerlo, se debía dejarlo funcionar libremente, ya que en él actuaba cada individuo buscando su interés particular y esa búsqueda implicaba que la sociedad en su conjunto obtenga el mayor bienestar posible.

Proponían la implementación de un impuesto único directo sobre la renta de la tierra dado que es el origen de toda la riqueza, dando comienzo a la diferenciación de los impuestos entre directos e indirectos. Otro economista fisiócrata fue Turgot (1727-1781), quien tuvo a su cargo el Ministerio de Finanzas bajo el reinado de Luis XVI, en los últimos años antes de la Revolución Francesa. Entre sus medidas de gobierno figura la supresión de las corporaciones de artesanos y restricciones al comercio.

LIBRECAMBISMO

Adam Smith fue el teórico más grande, y portavoz del librecambio en el siglo XVIII. Para el primer tercio del XIX, el mérito le corresponde a David Ricardo. En el L III TEORÍAS DEL LIBERALISMO Y EL MONETARISMO José de Jesús Rodríguez Vargas. La Nueva Fase de Desarrollo del Capitalismo Mundial. Página 80 mismo siglo Carlos Marx fue partidario del librecambismo. Los más importantes economistas de la época también lo fueron. De los tres mencionados, sólo Marx vio el triunfo legal del librecambismo. El 26 de junio de 1846 el Parlamento Inglés derogó las Leyes Cerealistas, que impedían la importación de granos. Esta medida se considera como la oficialización de la vigencia del librecambio y un triunfo de la ascendente burguesía industrial.

Marx se pronunció a favor del liberalismo en el Congreso de los librecambistas, celebrado en septiembre de 1847, en la ciudad de Bruselas. “Desde entonces, la campaña política a favor del librecambio, la influencia de la denominada Escuela de Manchester y de los utilitaristas benthamitas, las declaraciones de autoridades económicas secundarias y las historias educativas de la Srta. Martineau y de la Sra. Marcet fijaron el laissez-faire en la mente popular, como conclusión práctica de la economía política ortodoxa” se quejaba un economista inglés años después. En los últimos veinte años del siglo XIX, se puso a la orden del día la discusión entre librecambistas y proteccionistas en Estados Unidos.

Engels afirmaba en 1886: “Si Norteamérica introduce el librecambio, estoy seguro de que en diez años habrá alcanzado a Inglaterra en el mercado mundial”. En 1926, el economista inglés de formación liberal clásica John Maynard Keynes veía “el final del laissez-faire”: “todavía ahora, afirmaba, no bailamos otro ritmo. Pero se percibe un cambio en el ambiente”; diez años después publicaría un libro que contribuiría poderosamente a transformar la economía, al sentar las bases teóricas de un sistema intervencionista y proteccionista. En la segunda mitad del siglo XX, se reconoce en amplios círculos, académicos, políticos y sociales, a Milton Friedman, un economista liberal ya connotado, como el representante del librecambio en su versión llamada neoliberalismo; aunque es justo señalar que el más firme y empecinado liberal fue, desde mucho antes que Friedman, el austriaco Friedrich A. Hayek, quien, en la primera mitad de la década de 1940, percibía “un cambio de perspectiva”, de abandono de las ideas liberales, del individualismo, del laissez-faire y de la propiedad privada por las ideas socialistas, por la propiedad colectivista, por el proteccionismo comercial y por la intervención del Estado.

En la década de 1950, Milton Friedman, decía sentirse “como si estuviese predicando en el desierto y afanándome en vano”, porque no le hacían caso. En la mitad de los setenta Hayek también se quejaba de que “nadie me escuchó” durante cuarenta años. En las postrimerías de los años setenta Friedman percibía un cambio, “una nueva tendencia de pensamiento”: el fin de una época de proteccionismo e intervención del Estado por un liberalismo económico; también, en esos momentos una estadista, Margaret Thatcher, veía un “cambio de marea” con la elección de Ronald Reagan como presidente de Estados Unidos y de ella como Primera Ministra de Gran Bretaña. Lo anterior resume dos siglos de polémica entre dos corrientes económicas y políticas: proteccionismo y librecambismo, a los que, se les podría agregar otros dos siglos, el XVII y XVIII, en los cuales predominó en forma absoluta el proteccionismo. La lucha y la discusión de los últimos cuarenta años no es nueva, sino una reedición de los viejos debates de los distintos representantes sociales del sistema. Esto demuestra a grandes rasgos que las corrientes económicas en cuestión siempre han permanecido vigentes, ya sea dominando las esferas académicas, de los negocios, de las políticas gubernamentales o manteniéndose en pequeños círculos -normalmente académicos-, predicando en el desierto y esperando el cambio de marea.

LIBERALISMO CLÁSICO: SMITH

Es común considerar a Adam Smith como un vocero intelectual de la burguesía industrial, clase que se desarrollaría a partir de la Revolución Industrial Inglesa. Sin duda alguna, su teoría sería de gran utilidad para un sector burgués que hasta la década de 1830 se consolidaría como clase dominante. Sin embargo, en el momento de la publicación de La Riqueza de las Naciones predominaban la pequeña industria manufacturera, el taller del artesano y comenzaba la Revolución Industrial, en el último tercio del siglo XVIII, la que eliminaría a los productores, agricultores y comerciantes de la pequeña actividad mercantil. El modelo británico de la Revolución Industrial, dice el historiador Maurice Niveau, “evoca el capitalismo liberal y el predominio de la iniciativa privada”. Para Marx la “biografía moderna del capital” data del siglo XVI, pero no es sino hasta la primera mitad del siglo XIX, cuando se desarrolla y predomina el capital industrial en Inglaterra; “la gran industria salía apenas de su infancia, como lo demuestra el mero hecho de que el ciclo periódico de su vida moderna no es inaugurado sino por la crisis de 1825”.

Marx y Engels consideraban en el Manifiesto Comunista de 1848, que “la gran industria ha creado el mercado mundial […] El mercado mundial aceleró prodigiosamente el desarrollo del comercio, de la navegación y de los medios de transporte por tierra”; la burguesía moderna “ha desempeñado en la historia un papel altamente revolucionario” […] “espoleada por la necesidad de dar cada vez mayor salida a sus productos, la burguesía recorre el mundo entero. Necesita anidar en todas partes, establecerse en todas partes, crear vínculos en todas partes” […] “los bajos precios de sus mercancías constituyen la artillería pesada que derrumba todas las murallas de China y hace capitular a los bárbaros más fanáticamente hostiles a los extranjeros. Obliga a todas las naciones, si no quieren sucumbir, a adoptar el modo burgués de producción, las constriñe a introducir la llamada civilización, es decir, a hacerse burgueses. En una palabra: se forja un mundo a su imagen y semejanza”.

Era una manifiesto, también, de las hazañas de la burguesía, del librecambio, y del influjo avasallador del capitalismo industrial. Fue necesario que pasara más de medio siglo para que las ideas de Adam Smith se retomaran y se diera auge a la economía clásica. Según Niveau: “la era victoriana (1837- 1901) verá, a la vez, el desarrollo y el apogeo de la economía inglesa, arquetipo del sistema capitalista, que inspiró tanto a Marx como a Adam Smith, a Ricardo como a Malthus”. El mismo Smith era escéptico en cuanto la aplicación de sus ideas: “esperar que en la Gran Bretaña se establezca en seguida la libertad de comercio es tanto como prometerse una Oceana o una Utopía. Se oponen a ello, de una manera irresistible, no sólo los prejuicios del público, sino los intereses privados de muchos individuos”. En 1786 un ministro inglés, declarado discípulo de Smith, firmó el primer tratado liberal con Francia, el Tratado de Eden. En 1838 se formó la Liga Anticerealista, liderada por los fabricantes textiles Cobden y Bright, para luchar por la derogación de la ley que impedía la importación de productos agrícolas; también se creó, por Cobden y Bright, en la primera mitad del siglo XIX, la Escuela de Manchester, que fomentaba la doctrina del librecambio y la no-intervención del Estado y representaba a la burguesía industrial.

El 26 de junio de 1846 se derogan las Leyes Cerealistas y se asestaba un duro golpe a la aristocracia terrateniente y a los comerciantes proteccionistas. Posteriormente, en 1860, se firmaría el Tratado de Cobden donde se comprometían Inglaterra y Francia a disminuir o desaparecer los aranceles proteccionistas para fomentar el comercio. Para el historiador Eric Hobsbawm fue en Gran Bretaña más que en ningún otro país donde “el liberalismo económico (fue) aceptado con tan pocos reparos”, después de la revolución industrial, para enseguida convertirse en “el emporio del mundo”, monopolizador virtual de la industria, de la exportación de productos manufacturados y de la explotación colonial. Smith, es reconocido ampliamente como el adalid del libre comercio, el crítico de la intervención gubernamental, de sus reglamentaciones y, particularmente, se le recuerda por la memorable -reverenciada, negada, satirizada- y multicitada expresión de la “mano invisible”; en un breve párrafo de, su obra cumbre, La Riqueza de las Naciones sintetiza el comportamiento del individuo que en búsqueda de su propio interés beneficia a la sociedad, y es el prototipo del hombre económico moderno.

En cualquier manual de Economía se encuentra dicho párrafo y por su importancia también lo retomamos: “Ninguno -se refiere al inversionista- se propone, por lo general, promover el interés público, ni sabe hasta qué punto lo promueve. Cuando prefiere la actividad económica de su país a la extranjera, únicamente considera su seguridad, y cuando dirige la primera de tal forma que su producto represente el mayor valor posible, sólo piensa en sus ganancias propias; pero en éste como en otros muchos casos, es conducido por una mano invisible a promover un fin que no entraba en sus intenciones.

Mas no implica mal alguno para la sociedad que tal fin no entre a formar parte de sus propósitos, pues al perseguir su propio interés, promueve el de la sociedad de una manera más efectiva que si esto entrara en sus designios. En el capítulo II del libro primero, Smith, en otra cita conocida, también se refiere al interés, al egoísmo y a la generosidad de los hombres: “No es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero la que nos procura el alimento, sino la consideración de su propio interés.

No invocamos sus sentimientos humanitarios sino su egoísmo; ni les hablamos de nuestras necesidades, sino de sus ventajas”. Percibió en los albores del capitalismo industrial el espíritu y el verdadero interés del empresario, y, también se percató de la necesidad que tenían los individuos emprendedores de actuar sin la interferencia del viejo Estado: “El gobernante que intentase dirigir a los particulares respecto de la forma de emplear sus respectivos capitales, tomaría a su cargo una empresa imposible, y se arrogaría una autoridad que no puede confiarse prudentemente ni a una sola persona, ni a un senado o consejo, ya nunca sería más peligroso ese empeño que en manos de una persona lo suficientemente presuntuosa e insensata como para considerarse capaz de realizar tal cometido” .

De igual modo, fustigó el “maldito espíritu de monopolio” de los comerciantes y los manufactureros, los que tenían mayores ventajas del monopolio del mercado doméstico. Reconoce las “ventajas naturales o adquiridas” de un país con respecto a otro; ve absurdo y costoso producir una mercancía que se puede conseguir más barata de otro país: “Cuando un país extranjero nos puede ofrecer una mercancía en condiciones más baratas que nosotros podemos hacerla, será mejor comprarla que producirla, dando por ella parte del producto de nuestra propia actividad económica, y dejando a ésta emplearse en aquellos ramos en que saque ventaja al extranjero”; la misma idea es para los individuos: “siempre será máxima constante de cualquier prudente padre de familia no hacer en casa lo que cuesta más caro que comprarlo”, el zapatero a sus zapatos, el sastre a sus vestidos, el labrador al campo.

Son a veces tan grandes las ventajas que todo el mundo reconoce que resulta en vano luchar contra ellas, afirma. La libertad de comercio, que se cree comúnmente que Smith la define de manera ilimitada, tiene sus excepciones; define dos casos principales en donde puede ser ventajoso para la industria del país establecer algún gravamen a las importaciones: el primero, cuando cierto ramo de la industria es necesario para la defensa del territorio, y el segundo, cuando en el país exista un impuesto a la manufactura doméstica, “parece entonces razonable que se imponga otro igual sobre el artículo de la misma especie de procedencia extranjera”.

Reconoce que la libertad de comercio, sin restricciones y una rápida apertura del mercado interior, pueden hacer que algunos empresarios nacionales se vean obligados a abandonar la empresa y sufrir perjuicio, por tanto recomienda, por equidad, que no se introduzca la liberación “de una manera precipitada, sino gradualmente, poco a poco, y después de repetidas advertencias”. También tiene una respuesta en caso de ser afectados el empresario y sus obreros, una parte del capital encontraría acomodo en otros ramos de la actividad, lo mismo deberá suceder con los empleados, “aunque es innegable”, reconoce, que sufrirán algunas incomodidades y perjuicios. En el capítulo III, examina las restricciones a las importaciones con países que tienen una ventaja comercial; considera “absurda” la doctrina mercantilista que define la situación de un país a partir del equilibrio o desequilibrio de su balanza comercial, en el primer caso ningún país pierde, en el segundo uno pierde y el otro gana.

Para Smith, estos supuestos son falsos, considera que el comercio que se “desarrolla de una manera normal entre los dos pueblos es siempre ventajoso, aun cuando la ventaja no sea la misma para las dos partes”, porque la ventaja o ganancia, no la ve en el aumento de la cantidad de oro y de plata “sino en el valor anual de la tierra y del trabajo del país, o el aumento del ingreso de sus habitantes en el curso del año”. Smith le atribuye a los prejuicios nacionales y a los intereses de los comerciantes el que se impongan restricciones y trabas comerciales entre las naciones, que llevan a enemistarlas y a mirarse como enemigas, a envidiar la prosperidad de otros pueblos, y a considerar las ganancias, de los demás, como si fueran pérdidas propias, en vez de tener un comercio libre y franco que fuera un vínculo de amistad y de camaradería, ventajoso para ambos.

“La caprichosa ambición de algunos príncipes y ministros no ha sido tan fatal para la paz de Europa, en el siglo presente y en el anterior, como el impertinente celo de comerciantes y manufactureros”, sentencia. Enjuiciados y condenados los sistemas mercantil y agrícola de la época, para el autor “no queda sino el sencillo y obvio –sistema- de la libertad natural, que se establece espontáneamente y por sus propios méritos. Todo hombre, con tal que no viole las leyes de la justicia, debe quedar en perfecta libertad para perseguir su propio interés como le plazca, dirigiendo su actividad e invirtiendo sus capitales en concurrencia con cualquier otro individuo o categoría de personas”. Adam Smith es el teórico del Estado o gobierno liberal, que no interfiere en la búsqueda del interés del hombre económico. En su época el Estado de tipo feudal, representante de los intereses de la realeza, de los terratenientes y de la iglesia, se caracterizaba por obstaculizar o limitar el “cauce natural” o la “espontaneidad” de las actividades económicas, por medio de regulaciones, prohibiciones e impuestos.

Eran gobiernos “improductivos” que representaban a sectores sociales improductivos, que no aportaban a la riqueza nacional por medio del trabajo, sino que consumían y dilapidaban las finanzas públicas en perjuicio de los trabajadores “productivos”, de los artesanos, de fabricantes, de obreros manufactureros y de los comerciantes. El liberal critica los gastos gubernamentales excesivos, ve que en “casi todos los países, la totalidad o la mayor parte de los ingresos públicos se emplean en el sostenimiento de manos improductivas”, refiriéndose a las cortes reales, a los estamentos eclesiásticos y a los grandes ejércitos y flotas.

Enaltece la sobriedad y la parsimonia, como causas inmediatas del aumento del capital; señala que la laboriosidad nunca podría lograr engrandecer el capital, sin el concurso de la parsimonia. Para Smith todo hombre “pródigo es un enemigo de la sociedad, y todo hombre sobrio, un benefactor de la misma”. En ese sentido, la prodigalidad y la disipación de los gobiernos han retardado la marcha del progreso y pueden conducir a una nación a la pobreza. Pero, confía en que existe en la mayoría de la población la sobriedad y la buena conducta que compensa no sólo los dispendios excesivos de algunas personas, sino incluso los de la disipación del gobierno: “Aquel esfuerzo del hombre, constante, uniforme e ininterrumpido para mejorar de condición, que es el principio a que debe originariamente su opulencia el conjunto de una nación y en particular de sus individuos, es capaz, por regla general, de sostener la propensión natural de las cosas hacia su adelanto, a pesar de los gastos excesivos del gobierno y de los errores de la administración; al igual que el desconocido principio vital restituye casi siempre la salud y vigor, no sólo a pesar de las enfermedades, sino de las equivocadas prescripciones de los doctores”.

¿Cuál es, entonces, el papel de Estado? Para Smith el Soberano sólo tiene tres deberes muy importantes: el primero, es “defender a la sociedad contra la violencia e invasión de otras sociedades”, el segundo, “proteger en lo posible a cada uno de los miembros de la sociedad de la violencia y de la opresión […] estableciendo una recta administración de justicia”, y el tercer deber del gobernante, es “erigir y mantener ciertas obras y establecimientos públicos cuya erección y sostenimiento no pueden interesar a un individuo o a un pequeño número de ellos, porque las utilidades no compensan los gastos que pudiera haber hecho una persona o un grupo de éstas, aun cuando sean frecuentemente muy remuneradoras para un cuerpo social”. Son estas algunas de las principales ideas del pensamiento librecambista smithiano, recogidas y desarrolladas por los posteriores liberales, con la notable excepción de Malthus. Con el tiempo, en su momento de decadencia, dichas ideas fueron sintetizadas y caricaturizadas, a tal grado que mucho de lo que se dice del liberalismo económico no corresponde con las ideas básicas de Smith. Por eso creo conveniente rescatarlas, en una época en que se estima que de nuevo dominan la escena.

Marginalizmo

El marginalismo es una escuela de pensamiento económica surgida a mediados del siglo XIX, en parte, como reacción a la escuela clásica. Se centra en el “margen”, es decir, en la última unidad producida o pérdida de un bien. Su principal aporte fue la ley de la utilidad marginal decreciente según la cual el valor de un bien para su poseedor (partiendo así de la teoría subjetiva del valor) lo determina la utilidad de la última unidad producida de ese bien, decreciendo mientras más unidades posean. Los marginalistas introdujeron un lenguaje formalizado, que llevó a la asimilación de la matemática en la economía.

Desde el punto de vista marginalista, el problema central de la teoría clásica del valor es que asume que la producción es el resultado únicamente del trabajo, por lo que iguala o deriva los precios de ese valor-trabajo. En el ejemplo de Quesnay, la diferencia (plusvalía) entre la semilla utilizada y lo cosechado es atribuida directamente y únicamente al trabajo de los campesinos. Esto lleva naturalmente a percibir “el valor” de ese producto como igual al del trabajo necesario para producirlo. Pero aun aceptando eso como correcto, es obvio que los precios de los bienes en el mercado no son necesariamente iguales a esa cantidad (de trabajo).

El marginalismo propone la teoría de la utilidad marginal o teoría del valor subjetivo, de acuerdo a la cual el precio es determinado por la percepción de los individuos de la utilidad o beneficio que un bien, cosa o servicio le proporcionara en relación a sus necesidades en un momento dado. El valor de ese bien o servicio fluctuara —a diferencia de la teoría clásica que ve ese valor como constante— en relación a la necesidad específica. Por ejemplo, el primer vaso de agua para un sediento es más importante (tiene más valor, entendido como “valor de uso” o “utilidad”) que el quinto o el décimo. Ese consumo extra produce un valor menor para ese usuario que el primero. Consecuentemente, disminuye lo que ese individuo estaría dispuesto a pagar para continuar consumiendo. La utilidad marginal o la importancia de un bien o servicio para un individuo es una cuestión de circunstancias y preferencias personales. Ese mecanismo parece producir una explicación satisfactoria de cómo se forman los precios en un mercado real, cómo y por qué fluctúan, etc.

Los marginalistas, empezando con Cournot, fueron los primeros en iniciar de manera exitosa la creación de un lenguaje formalizado para la disciplina, proyecto que fue esencial para su transformación en ciencia. La formalización de la economía ha tenido lugar especialmente a través del uso de matemáticas. Permite que se propongan, estudien y generalicen relaciones de interés con claridad, rigurosidad y simplicidad que, adicionalmente, pueden ser probadas (tested) en áreas extensas y complejas, todo lo cual sería difícil utilizando términos informales. Adicionalmente, el uso de las matemáticas (incluyendo modelos matemáticos y modelos numéricos) permite a los economistas hacer y probar propuestas claras y específicas sobre áreas controvertidas y formular pronósticos o examinar los posibles resultados de propuestas políticas o sucesos con repercusiones económicas, lo que permite ya sea modificar esas propuestas o tomar algunas medidas paliativas en relación a desarrollos negativos.

El marginalismo critica el proyecto clásico por ofrecer una explicación de fenómenos económicos basada en grupos o clases de individuos. Esa crítica implica el rechazo a la percepción de que una colectividad sea un organismo autónomo, actuando por sí misma y forzando o llevando a sus integrantes a actuar de una cierta manera.

Los marginalistas asumen que los fenómenos económicos en general (estructura y cambios) son explicables por las acciones de individuos, incluyendo sus metas y creencias. Para el conjunto o sociedad, tal explicación y comprensión amplia se basa en el agregado de las decisiones de los individuos como tales.
Todo lo anterior asume que los individuos se comportan racionalmente en términos económicos. Por ejemplo, una asunción central es que las preferencias individuales son estables y transferibles. Si alguien prefiere el bien A el bien B y el B al bien C, se asume que el bien A será preferido al bien C ahora y en futuro previsible.

Esta asunción central del marginalismo reemplaza la visión clásica en la cual fuerzas económicas, percibidas o no (tales como la mano invisible o el determinismo de la economía) llevan a los individuos a actuar aun sin su conocimiento de ciertas maneras. En la percepción marginalista los individuos actúan racionalmente desde su punto de vista.

Todo lo anterior ha dejado un legado, posiblemente central, al desarrollo de las concepciones económicas posteriores. Este legado se puede percibir en general tanto en los textos de introducción a la disciplina como los cursos más avanzados. Esa percepción se puede trazar directamente a la influencia tanto de Marshall2526 como de Walras ya sea individual o conjuntamente, en el desarrollo de la economía neoclásica, que es generalmente percibida como formando el centro ideológico o teórico de la economía moderna. En las palabras de E. Roy Weintraub: “Todos somos neoclásicos ahora, incluso los keynesianos, porque lo que se enseña a los estudiantes, lo que es la economía principal (mainstream), es economía neoclásica”. Mucha de esa economía moderna se basa el estudio del equilibrio general de Walras y el equilibrio parcial de Marshall. Carl Menger-junto a Eugen von Böhm-Bawerk y Friedrich von Wieser- son considerados fundadores de la escuela austríaca. Knut Wicksell es considerado fundador de la escuela sueca o de Estocolmo que, a su vez, es considerada fundamental para la economía mixta y de gran influencia en el keynesianismo.30 Adicionalmente, Wicksell es considerado fundamental para el monetarismo.

Neoliberalismo

El neoliberalismo es la expresión ideológica de un modelo teórico económico, el modelo neoclásico, que considera la mínima casi nula intervención del Estado en la economía, ya que el mercado es el mejor instrumento para asignar eficientemente los recursos de la sociedad. A partir de aquí se deriva toda una serie de políticas económicas que favorezcan al libre mercado:

  • Privatización de empresas públicas o paraestatales.
  • Eliminación de los impuestos a mercancías y capitales extranjeros.
  • Flexibilización laboral (desaparición de sindicatos y topes salariales).
  • Recortes al gasto público (cobertura muy limitada de seguridad social, educación, poca inversión en infraestructura, eliminación de subsidios).
  • Desregulación financiera.
  • Apertura comercial de los mercados.
  • La estabilidad macroeconómica como el principal objetivo de la economía.

El neoliberalismo emerge en el mundo en la década de los setentas; es una doctrina que retoma ciertos postulados del liberalismo económico que surgió en Inglaterra en el siglo XVIII (de ahí la palabra neoliberalismo), con la finalidad de suprimir restricciones aun feudales al comercio y a la producción. Dicho sistema procuraba la existencia del intercambio de trabajo por un salario, la libre formación de la riqueza y que ésta pudiera ser convertida fácilmente en capital.

Desde el principio, pugnó por los mercados abiertos, la privatización de propiedades comunales y la limitada participación del Estado en la economía.

Conforme el capitalismo se fue desarrollando durante el siglo XIX, la doctrina liberal fue cobrando mayor relevancia; el campesinado feudal fue convirtiéndose en proletariado industrial, se dieron los procesos de acumulación y desarrollo tecnológico que posteriormente permitirían arribar al gran parteaguas de la historia: la revolución industrial, con la consiguiente formación de las dos grandes clases antagónicas -proletariado y burguesía-. Parecía que el liberalismo estaba dando resultados, al menos para la parte de la población económicamente más favorecida.

Es con la crisis del ’29 que se le pone fin a este modelo económico y se evalúan sus grandes fallas. Cabe destacar que la doctrina liberal siempre tuvo acérrimos detractores; así mismo es muy importante señalar que en los últimos países en formarse como desarrollados -Estados Unidos, Alemania, Japón, Rusia- no fue la filosofía liberal la que orientó su proceso de industrialización, sino que se favorecieron las políticas proteccionistas orientadas a que el Estado regulara la actividad económica, mismas que permitirían el arribo de estos países a un estadío de desarrollo.

Es con otra gran crisis, la del ’72, que resurgen las ideas de establecer un nuevo orden liberal en el mundo; así nace el neoliberalismo. Es importante destacar que esta nueva ideología tiene impactos muy disímiles entre el las naciones según su grado de desarrollo; esto nos debe prestar especial interés, ya que de ahí se deriva una explicación del porqué ha resultado un modelo tan devastador para la economía mexicana.
Durante el sexenio de José López Portillo (1976-1982), el gobierno mexicano apostó por el petróleo para impulsar el crecimiento económico del país y superar un problema crónico de endeudamiento gubernamental. Pero hubo un elemento que jugó en contra: la caída de los precios del petróleo. Para el sexenio de Miguel de la Madrid (1982-1988), México ya no pudo hacer frente a la deuda y es así que, a punto de declararse en moratoria de pagos, permitió la intervención del Fondo Monetario Internacional; este hecho abrió el proseso de ajuste macroeconómico en el país que implementó de lleno la serie de politicas que podriamos llamar neoliberales. Estas medidas, que a continuación enlistaremos, se recrudecerán en los sexenios siguientes.

El salario mínimo pierde su poder adquisitivo en un 44.9% sólo durante el sexenio de Miguel de la Madrid, seguido de otro 46.5% para el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, y continúa con una clara tendencia a la baja.

• Los recortes en el gasto público o, lo que es lo mismo, la inversión pública, se redujeron de 12.4% del PIB en 1981 a 4.9% en 1988 y a 2.5% en 2002. Se dejó de invertir en fomento agrícola, manufacturero y en el sector energético al reducirse la inversión pública en estos sectores de 11.9% del PIB en 1981 a 8.7% en 1988 y a 3.7% en 2002. Todo esto para dar paso al mercado y que éste, bajo el estandarte de la liberalización, se hiciera cargo de la economía mexicana.

• En 1982 había 1155 paraestatales en las siguientes actividades: petróleo, petroquímica básica, minería, electricidad, telefonía, comunicaciones, ferrocarriles, transportación aérea, química, automotores, acero, azúcar, bienes de consumo duradero, banca, comercio, entre otros. En conjunto aportaban el 18.5% al PIB y daban casi un millón de empleos (10% del empleo total del país). Al terminar el sexenio de Miguel de la Madrid ya solo quedaban 412 y actualmente suman 196, en su mayoría servicios. Según un artículo de la página “Animal Político”1, más de la mitad de los mexicanos que aparecen en la lista de los hombres más ricos del mundo en la revista Forbes, son o fueron accionistas de paraestatales (basta el ejemplo del hombre más rico del mundo, Carlos Slim, que le debe toda su fortuna a haber sido beneficiado con la concesión de TELMEX). El propio Ernesto Zedillo, quien durante su sexenio privatizó Ferrocarriles Nacionales de México, pasó a ser uno de los directivos de Union Pacific Railroad al término de su gobierno.

• La firma del TLC en 1994 ha creado en la economía mexicana el fantasma del campo que tantos migrantes expulsa año con año, y que tiene a tantas personas en pobreza alimentaria (pobreza extrema según el Banco Mundial). Entre 1993 y 1999, las importaciones de maíz crecieron 3 mil por ciento, al pasar de 152 mil toneladas a 5.4 millones de toneladas; así mismo los cultivos de frijol, soya y trigo han caído significativamente. El propio Banco Mundial ha advertido que el sector agropecuario nacional no está en condiciones de competir en el mercado debido a que, a lo largo de 20 años, ha sido objeto de políticas sin resultados positivos. México carece de soberanía alimentaria, teniendo que importar el 42% de los alimentos que se consumen en el país; se estima que dichas importaciones aumentarán al 60% al término del sexenio de Felipe Calderón.

En México, el modelo neoliberal ha significado el desmantelamiento de la economía nacional y la pauperización del nivel de vida; esto en sí mismo ya es mucho decir, ya que de aquí se derivan la mayoría de los problemas que aquejan al país. El mismo fenómeno de la economía criminal expresada en el crecimiento del narcotráfico es resultado de un campo abandonado, así como de un campesino vulnerado por la pobreza y que se encuentra en la total indefensión. Suponiendo que la estrategia para acabar con este tipo de actividad ilícita es bienintencionada, es decir, que no hay intereses de ningún otro tipo, ha resultado la decisión más equivocada, ya que nos arroja un saldo de aproximadamente 60,000 muertos y un país donde la actividad económica productiva se ve amenazada por la delincuencia organizada. El mismo país donde el libre tránsito por las carreteras nacionales se convierte en un acto verdaderamente temerario, y donde la soberanía nacional es cada vez más vulnerada por la intervención –dizfrazada de cooperación- de los Estados Unidos. Otro devastador resultado de la falta de oportunidades en nuestro país es la migración, exagerada por un mal planteamiento del TLC que jamás aprobó el capítulo de libertad de tránsito de mano de obra.

La gran paradója de la migración es que Estados Unidos y Canadá, al establecer un orden neoliberal, crean a los migrantes que buscan una mejor vida en sus territorios. El desempleo, la caída del salario real, la pérdida de condiciones de trabajo dignas, son resultado de una política laboral que desproteje a la fuerza de trabajo en favor de la competencia y la reducción de costos, esto representa un gran conflicto para la clase tranajadora ya que depende del salario como medio de vida. En conclusión, México ha experimentado el neoliberalismo como una serie de eventos que han impactado de manera negativa a la economía y a la sociedad.

Es necesario reconsiderar el papel que juega el Estado en dicha economía, un rol que en países de Europa, por ejemplo, se ha votado por una participación más amplia que ponga orden al caos que el mercado anárquico y voraz creó desde la decada de los ’80. En México tambien debe darse un cambio de rumbo, aquí hace falta instaurar un modelo que permita un desarrollo del país incluyente, que esté enfocado a crear y mejorar el empleo, que exista una mejor educación y que invierta en su propio progreso. Es momento de parar el saqueo de recursos nacionales, que pueden ser utilizados para las necesidades propias de éste país y que no vayan a parar a las cuentas bancarias de las empresas y los hombres ya enriquecidos. Es momento de que salgamos del caos en el que hemos estado sumergidos durante casi 30 años.

Cepal
Teoría de la dependencia

(Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto) reacción a la tesis de que se estaba gestando en la región una burguesía nacionalista potencialmente comprometida con un patrón de desarrollo que justificaba una alianza con la clase trabajadora y que podía conquistar hegemonía política.

Vincula: procesos de crecimiento con comportamiento de las clases sociales y la estructura de poder Mayor innovación: metodológica exige que esa vinculación se haga considerando las relaciones entre esas estructuras internas y el poder económico y político en el resto del mundo. Especificidad de la situación del subdesarrollo reside en la relación entre las sociedades del centro y la periferia es necesario analizar la forma como las economías subdesarrolladas se vinculan históricamente con el mercado mundial y la forma como se constituyeron los grupos sociales internos que definieron las relaciones internacionales intrínsecas al subdesarrollo.

Análisis económico de la dependencia

Orígenes: André Gonder Frank (marxista):Idea básica: la industrialización que ocurría en A. Latina correspondía tan sólo a una modalidad de explotación secular que el imperialismo imponía a los trabajadores de la región subdesarrollada en alianza con la elite local el proceso de acumulación era indisociable de la expansión capitalista internacional y del imperialismo y constituía parte de un proceso que sólo enriquecía a los países desarrollados y a la pequeña elite dominante local que los representaba. Los economistas cepalinos (estructuralistas) partían de una idea de dependencia siempre presente en la CEPAL donde la “condición de periférico” era interpretada como la determinante de problemas que debían superarse mediante políticas económicas y sociales bien estructuradas, a nivel nacional e internacional, no significaba una fuente de explotación insuperable que implicara la necesidad de romper con el sistema capitalista. Osvaldo Sunkel es el principal economista cepalino en el análisis de la dependencia: Su argumento central parte del postulado de que en el mundo hay una sola economía capitalista con patrones tecnológicos y de consumo totalmente integrados por la expansión mundial de las ET.

Mientras que en el centro la mayoría de los trabajadores se hallan integrados al mundo moderno, en la periferia esto ocurre sólo con una pequeña fracción dela población, más aún el avance de este modelo mundial de acumulación tenía efectos sociales disgregadores, porque tiende a marginalizar incluso a los agentes económicos con mayores potencialidades productivas y este es el principal problema del subdesarrollo. El desarrollo y el subdesarrollo deben comprenderse como estructuras parciales, pero interdependientes, que conforman un sistema único. La característica principal que diferencia ambas estructuras es que la desarrollada, en virtud de sus capacidad endógena de crecimiento, es la dominante, y la subdesarrollada, dado el carácter inducido de su dinámica, es dependiente; yeso se explica tanto entre países como dentro de un país.

El problema fundamental del desarrollo de una estructura subdesarrollada es la necesidad de superar su estado de dependencia, transformar su estructura para obtener una mayor capacidad autónoma de crecimiento y una reorientación de su sistema económico que permita satisfacer los objetivos dela respectiva sociedad. El desarrollo de una unidad política y geográfica nacional significa lograr una creciente eficacia en la manipulación creadora de su medio ambiente natural, tecnológico, cultural y social, así como sus relaciones con otras unidades políticas y geográficas. El concepto de desarrollo, concebido como un proceso de cambio social se refiere a un proceso deliberado que persigue como finalidad última la igualación de las oportunidades sociales, políticas y económicas, tanto en el plano nacional como en relación con sociedades que poseen patrones más elevados de bienestar material.

Teoría Estructuralista

La teoría centro-periferia, conocida también como teoríaestructuralista, fue desarrollada por un conjunto de economistas agrupados en la comisión Económica para América latina (CEPAL) durante la década de los 50 y del 60 bajo el liderazgo de Raul Prebich.

Es la responsable de promover el desarrollo económico y social, su sede se encuentra en Santiago de Chile Sudamérica.

El termino centro-periferia ha sido particularmente utilizado para referirse a las desigualdades sociales y económicas y su desigual distribución especial, especialmente en el ámbito mundial, hablándose en este sentido de países centrales y países periféricos, con significado similar a otras divisiones de uso habitual, como norte-sur, mundo desarrollado-subdesarrollado y primer mundo-tercer mundo.

  • Países centrales: sus sociedades ya están insertas en la revolución industrial (países desarrollados o de primer mundo).
  • Países periféricos: hay escaso ahorro interno, dependencia de la inversión extranjera, el capital está concentrado enclaves y hay economía de subsistencia (países subdesarrollados o de tercer mundo).

El centro desarrollado (industrializado) lograba aumentar sus tasas de productividad a un nivel mayor y más rápido que la periferia subdesarrollada (agropecuaria y minería), llevando ello a un deterioro de los términos de intercambio o a un sistema comercial en el cual los precios reales de los productos primarios de los países de la periferia se deterioraban frente a los de los productos países del centro este deterioro secular de los términos de intercambio se les atribuía al incremento rápido dela productividad en los países desarrollados mediante la innovación tecnológica que caracterizaba el sector industrial y la disponibilidad de productos sustitutos naturales o artificiales delos productos primarios de la periferia.

En consecuencia el desarrollo empieza a verse como una meta cada vez más lejana para los países subdesarrollados o de tercer mundo.

El tema central de la visión centro-periferia planteada por la&'(A) en los a2os cincuenta fue el de la distribución de los incrementos de productividad que derivan el cambio técnico las formas y mecanismos de esa distribución han ido cambiando a lo largo de los últimos cincuenta años pero el interrogante central sigue siendo más valido que nunca elemento central de la teoría centro-periferia o del estructuralismo como también se le conoce, fue su conceptualización del sistema internacional capitalista como un todo integrado por las relaciones asimétricas entre centro periferia.

Keynes, Max

La escuela clásica de economía apareció en el Reino Unido a finales del s. XVIII, coincidiendo con el período de la revolución industrial, que ponía fin al feudalismo y daba paso al triunfo del sistema capitalista. Su autor más representativo, el escocés Adam Smith (1723-1790), ha sido considerado como el padre de la economía política. Introdujo muchos de los temas que ocuparon después a otros economistas y ofreció por primera vez una versión íntegra y completa de los procesos económicos.

En su obra más conocida, Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, publicada en 1776, Smith argumentó que la última fuente de la riqueza se encontraba en el trabajo. Más concretamente, la riqueza de una nación es función de la productividad del trabajo, que a su vez depende básicamente de la división del trabajo, que permite la especialización del trabajador y lo hace más productivo. En sus propias palabras, “la división del trabajo es la causa principal del aumento de la opulencia pública”.

Para Smith, la división del trabajo depende de la extensión del intercambio. El comercio, en la medida que permite especializarse en una actividad productiva y provee de los bienes necesarios, –bienes que no han sido producidos por uno mismo–, es la base de la expansión de la división del trabajo y por ende de la productividad. En coherencia con este enfoque teórico, Smith defendió la eliminación de las formas mercantilistas de regulación y control estatales de la actividad económica, cuyo efecto era impedir la ampliación del mercado, y pasó a la historia como defensor del laissez faire en la economía y de la idea de que los movimientos que libremente se produjeran (“la mano invisible”) conducirían a la sociedad a una situación óptima. Su enfoque del comercio internacional se deriva de considerar la especialización como motor del incremento de la productividad.

Nacido en 1818 en Renania (Alemania), exiliado desde 1843, residente desde 1849 en Londres, donde moriría en 1883, Karl Marx se propuso llevar a cabo una crítica total de la economía clásica a la vez que una explicación del funcionamiento y de los límites del capitalismo. Marx tomó de los clásicos la teoría del valor-trabajo: el trabajo utilizado en las condiciones normales de la producción en la obtención de un bien es el determinante de su valor de cambio.

Sin embargo, a la teoría del valor de los clásicos le añadió una teoría de la explotación. Para Marx, las mercancías que el trabajador puede comprar con el salario que percibe incorporan una cantidad de trabajo menor que la efectuada a cambio por el trabajador. De hecho, el trabajo es la única mercancía cuya producción (el salario de los trabajadores es el coste de reproducción del trabajo) es menor que su rendimiento (la jornada de trabajo). Por ejemplo, por una jornada de ocho horas diarias de trabajo, el trabajador recibe un salario que le permite comprar mercancías que incorporan seis horas de trabajo.
De esta manera, la jornada de trabajo se descompone en un trabajo remunerado (las seis horas) y otro no remunerado (las dos horas restantes). Esto es así porque el trabajador ha sido desposeído de los medios de producción. El trabajo crea, pues, un excedente que Marx llama plusvalía y cuyo origen está en la parte del trabajo no retribuido.

En el período que va entre las dos guerras mundiales del s. XX, los países industrializados sufrieron una serie de crisis de gran magnitud. Con la primera guerra surgió la Unión Soviética y se acabó el sistema monetario del patrón oro. La década de 1920 contempló cómo la economía británica entró en crisis y el proteccionismo comercial fue sustituyendo al libre comercio instaurado a mediados del s. XIX.
El crack bursátil de 1929 precedió a la gran depresión de la década de 1930 y a la consolidación del proteccionismo. En este contexto, John Maynard Keynes (1883-1946) y su Teoría general del empleo, el interés y el dinero, publicada en 1936, proporcionaron una explicación del comportamiento del sistema económico acorde con las nuevas realidades (estancamiento y desempleo, mayormente) y una base teórica para las nuevas políticas económicas.

Keynes se ocupó de la determinación de los niveles de renta nacional y empleo y de la causas de las fluctuaciones económicas, problemáticas a las que las anteriores escuelas económicas habían prestado poca atención. Mientras que los economistas neoclásicos estaban persuadidos de que la plena ocupación de los factores productivos, incluido el trabajo, era la situación natural de la economía, Keynes contemplaba la posibilidad de que la economía se encontrara en una situación distinta de la plena ocupación sin que se pusieran en marcha mecanismos correctores que condujeran al pleno empleo. A esta situación la llamó equilibrio con subocupación.

La clave estaba en el equilibrio entre el ahorro (la renta no consumida) y la inversión. Rechazaba la idea neoclásica según la cual tal equilibrio se alcanzaba a través del ajuste del tipo de interés, pues, para él, el tipo de interés venía determinado por la oferta y la demanda de dinero, no por la oferta y la demanda de ahorro. De todo ello deducía Keynes que el sistema capitalista necesitaba ser regulado para asegurar la plena ocupación y la estabilidad económica. Un capitalismo no regulado era incompatible con el mantenimiento del pleno empleo y la estabilidad económica. En concreto, para alcanzar la estabilidad económica y el pleno empleo era necesario dar un papel activo a la política fiscal. Así, propuso el uso deliberado del déficit público para aumentar la demanda efectiva.

BIOGRAFIAS:

LIBRO DE COMERCIO INTERNACONAL DE RICARDO TORRES GAYTAN
Teorías del comercio internacional Lugones, Gustavo
CECILIA HUESCA RODRIGUEZ COMERCIO INTERNACIONAL
Teorías del comercio internacional Hugo Lavados

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