La Obesidad

La obesidad

Estado patológico que se caracteriza por un exceso o una acumulación excesiva y general de grasa en el cuerpo.

Características de la obesidad

1. Síntomas y consecuencias

La obesidad predispone a padecer múltiples problemas de salud, que se manifiesta con síntomas específicos:

  • Respiratorios. La acumulación de grasa debajo del diafragma y en la pared torácica puede provocar dificultad para respirar y ahogo, por la presión que ejerce esa masa grasa sobre los pulmones. En ocasiones esto lleva a apneas del sueño, bronquitis crónicas, etc.
  • Osteoarticulares. Las personas obesas a menudo padecen osteoartritis, lo que implica que el cartílago desaparece y los huesos chocan directamente entre sí, causando dolor, sobre todo en las llamadas ”articulaciones de carga” (rodillas, tobillos y caderas). También agrava problemas de pie plano, hallux valgus (“juanetes”).
  • Cardiovasculares. El sujeto obeso está en mayor riesgo de desarrollar hipertensión arterial, insuficiencia cardíaca, infarto de miocardio, cardiopatía isquémica y trombosis venosa.
  • Gastrointestinales. Se ha determinado una asociación entre la obesidad y la aparición de cáncer colorrectal y reflujo gastroesofágico.
  • Metabólicos. Dentro de la gran constelación de alteraciones metabólicas que aparecen en el individuo obeso, se destacan la diabetes mellitus tipo 2 y el síndrome metabólico.

2. Tipos de obesidad

En cuanto a la distribución de la masa adiposa, la obesidad se presenta en dos modalidades:

  • Obesidad central o androide (por ser más característica de los hombres), en la que la grasa se acumula sobre todo en el tronco,
  • Obesidad periférica, imoide o ginoide, más frecuente en mujeres, en la que la grasa se acumula sobre todo de la cintura para abajo. Se considera más grave la central, ya que predispone a sufrir complicaciones metabólicas graves como diabetes tipo 2, dislipidemias y trastornos cardiovasculares. La obesidad periférica, sin embargo, también es responsable de complicaciones osteoarticulares, por la sobrecarga que conlleva.

3. Impacto mundial

Para ilustrar la gravedad de este problema, se informa que en 2014, unos 600 millones de adultos caían en la categoría de obesos; esto representaba el 13% de la población mundial (11% de los hombres y 15% de las mujeres).

También la proporción de niños con sobrepeso u obesidad es alarmante: alcanza a más de 42 millones menores de cinco años. Es por esto que la obesidad ya es considerada una epidemia a nivel mundial.

4. Prevención

La mejor forma de prevenir la obesidad es la educación alimentaria. El ser humano debe saber cuál es el rol que tiene el alimento en su vida, y que es importante adecuar la ingesta a las necesidades metabólicas de cada momento de la vida.

5. IMC

El índice de masa corporal (IMC) es un indicador simple que establece una relación entre el peso de las personas en kilos y su talla o altura en metros, elevada al cuadrado (kg/m2).

Surge así un dato numérico, que es el que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha adoptado para definir la obesidad y diferenciarla del sobrepeso: cuando este valor es igual o mayor de 30, el individuo se considera obeso; cuando este valor está entre 25 y 29, se considera que hay sobrepeso. Hoy hay una tendencia a considerar también el índice de circunferencia cintura-cadera (ICC), que es la circunferencia abdominal dividido la circunferencia glútea.

6. Niveles de gravedad

Si bien la obesidad siempre debe ser tratarse como una enfermedad importante, el abordaje terapéutico distingue a la obesidad común de la llamada obesidad mórbida, que es el caso de las personas cuyo índice de masa corporal es igual o mayor de 40, o igual o mayor de 35 pero que ya tienen asociada al menos una enfermedad o discapacidad grave derivada del exceso de peso.

En la obesidad mórbida las dietas solas no logran por lo general efecto, por lo que se suele recurrir a la cirugía, ya sea reseccionista o restrictiva (por ejemplo, by pass gástrico).

7. Desbalance calórico

El marcado desequilibrio entre la ingesta calórica y el gasto calórico es lo que más contribuye a la aparición de sobrepeso y Esto se vincula con una tendencia generalizada hacia el cambio dietético, con un notable aumento en la ingesta de alimentos hipercalóricos, demasiado ricos en grasas y azúcares, en detrimento del consumo de productos de origen vegetal, que aportan vitaminas y minerales.

Por otro lado, la disminución de la actividad física asociada a la creciente urbanización y los hábitos sedentarios agudizan esta problemática, que se ve cada vez con más frecuencia en niños y adultos.

8. Componentes psicológicos

Estudios epidemiológicos han establecido que la variable autoestima es un factor determinante en el problema de la obesidad, y que la baja autoestima es causa y a la vez consecuencia del exceso de peso, lo que marca la necesidad de un abordaje integral, atendiendo también a cuestiones psicológicas y emocionales, al encarar el tratamiento de esta afección.

9. Costos

Dada la elevada morbilidad que conlleva la obesidad, los países se ven obligados a incurrir en importantes gastos para atender a estos pacientes.

10. Vida social

A menudo la chica o el muchacho obeso siente que su imagen no responde al prototipo estético de sus pares, eso genera un círculo vicioso de aislamiento y frustración, que puede agravar la sintomatología de la obesidad.

Causas de la obesidad

En términos generales, la excesiva acumulación de triacilglicéridos en el tejido adiposo (la obesidad) se produce cuando el equilibrio calórico es netamente positivo, es decir, cuando se consume más de lo que se quema. La obesidad no es posible en otras circunstancias. Estos son los factores de riesgo para padecer obesidad:

Factores genéticos

En diversos estudios se ha observado que menos del 10% de los hijos de padres delgados son obesos, alrededor del 50% de los hijos con un progenitor obeso son obesos, y más del 80% de los hijos cuyos progenitores son obesos presentan obesidad. Así pues, se ha demostrado la existencia de una correlación significativa entre el peso de padres e hijos naturales, mientras que dicha correlación es menor o no existe al comparar padres adoptivos con hijos adoptados.

Factores nutricionales

La sobrealimentación puede tener lugar en cualquier época de la vida, pero su influencia es mayor si se inicia en edades tempranas. La nutrición durante la infancia ha adquirido gran relevancia en los últimos años, al demostrarse que un porcentaje significativo de niños obesos evolucionan a adolescentes obesos y adultos obesos. Las dietas ricas en grasas y en carbohidratos pueden favorecer la obesidad.

Los genes influyen en la predisposición a la obesidad cuando se relacionan con formas de alimentación específicas y la disponibilidad de nutrientes. Por ejemplo, la hambruna impide la obesidad, incluso en personas con mayor propensión a ella. También son importantes los factores culturales relacionados con la composición de la dieta y con el grado de actividad física. En sociedades industrializadas, la obesidad es más frecuente en mujeres pobres, mientras que en países subdesarrollados lo es en las mujeres más ricas. En los niños existe cierto grado de relación entre el sobrepeso y el tiempo que destinan a ver la televisión.

Factores neurales

Los mecanismos básicos que regulan la ingestión de alimentos (sensación de apetito/saciedad) están localizados en el sistema nervioso central. Diversos autores han demostrado que existe una relación entre las alteraciones en el metabolismo de la serotonina y la ingesta alimenticia. En la regulación de la ingesta de alimentos intervienen varias moléculas, algunas desconocidas; pero tal vez la más importante es la leptina. Esta hormona es secretada por los adipocitos y su nivel de producción constituye un índice de los depósitos energéticos adiposos. Cuando sus niveles son altos, la ingestión de alimentos disminuye, y el gasto energético aumenta. Se han descrito varias familias con obesidad mórbida de comienzo precoz debido a mutaciones que inactivan la leptina (carecen de hormona o no funciona) o a resistencia a la leptina (la hormona es correcta pero el receptor al que debe unirse está mal conformado).

Consecuencias de la obesidad

Los principales problemas de salud asociados a la obesidad y el exceso de peso son:

Diabetes de tipo 2.

Enfermedades cardiovasculares e hipertensión.
Enfermedades respiratorias (síndrome de apnea del sueño).

Algunos tipos de cáncer.

Osteoartritis (lesiones degenerativas e inflamatorias articulares).

Problemas psicológicos.

Baja calidad de vida “La obesidad predispone a quien la padece, a varios factores de riesgo cardiovascular, entre ellos la hipertensión, elevados niveles de colesterol en sangre y triglicéridos”.

El grado de riesgo depende entre otras cosas de la cantidad relativa de exceso de peso, la localización de la grasa corporal, cuánto se ha subido de peso durante la edad adulta y la cantidad de actividad física. La mayoría de estos problemas pueden mejorarse adelgazando un poco (entre 10 y 15%), especialmente si también se aumenta la actividad física.

Vamos a centrarnos en dos principales problemas:

Diabetes de tipo 2

De todas estas graves enfermedades es la diabetes de tipo 2 (que normalmente se desarrolla en la edad adulta y está asociada al sobrepeso) o diabetes mellitus no insulinodependiente, más ligada a la obesidad y el exceso de peso.

De hecho el riesgo de desarrollar una diabetes de tipo 2 aumenta con un IMC que esté bastante por debajo del límite de la obesidad (IMC de 30), dentro de un simple sobrepeso. La probabilidad de que las mujeres obesas desarrollen una diabetes de tipo 2 es 12 veces mayor que en mujeres con un peso saludable.
El riesgo de padecer este tipo de diabetes aumenta conforme el IMC sea más alto, especialmente en las personas con antecedentes familiares de diabetes, y disminuye si se pierde peso.

Enfermedades cardiovasculares e hipertensión

Las enfermedades cardiovasculares incluyen las enfermedades coronarias, los accidentes cerebrovasculares y la enfermedad vascular periférica, en piernas fundamentalmente.

Estas enfermedades son las responsables de una gran incidencia de muertes (una de cada tres) en los hombres y mujeres, en países industrializados y su incidencia está viéndose incrementada también en los países en vías de desarrollo.

La obesidad predispone a quien la padece, a varios factores de riesgo cardiovascular, entre ellos la hipertensión, elevados niveles de colesterol en sangre y triglicéridos. En las mujeres, la obesidad es el incidente más importante dentro de las enfermedades cardiovasculares, después de la edad y la presión sanguínea.

El riesgo de sufrir un infarto es unas tres veces mayor en una mujer obesa que en una mujer delgada de la misma edad.

Las personas obesas son más propensas a tener altos niveles de triglicéridos en sangre (grasa sanguínea), y colesterol LDL (lipoproteínas de baja densidad o “colesterol malo”) y bajos niveles de colesterol HDL (lipoproteínas de alta densidad o “colesterol bueno “.

Es típico en personas obesas con acumulación de grasa intra-abdominal (“manzanas”), asociada a un mayor riesgo de padecer enfermedades coronarias. Si se pierde peso, los niveles de grasa en sangre mejora. Si se pierden 10 kg, se puede producir un descenso del 15% en los niveles de colesterol LDL y un aumento de un 8% en los de colesterol HDL.

La relación entre la hipertensión (tensión arterial alta) y la obesidad está bien documentada, y se calcula que la proporción de hipertensión atribuible a la obesidad es del 30-65% en las poblaciones de Occidente.

De hecho, la presión arterial aumenta si se incrementa el IMC; Por cada 10 kg de aumento de peso, la presión arterial sube 2 –3 puntos (2-3mm Hg). Por el contrario, bajar de peso, disminuye la tensión arterial, y normalmente, por cada 1% de reducción de peso, la presión arterial disminuye 1-2 puntos (1-2mm Hg).

La incidencia de la hipertensión en adultos con sobrepeso es tres veces mayor que en adultos sin sobrepeso, y el riesgo de hipertensión en personas con exceso de peso entre 20-44 años es casi 6 veces mayor que en los adultos con peso normal.

Un descenso del 10% del peso inicial libera el esfuerzo cardíaco en un 30% y la sobrecarga articular y de columna en un 40%.