Movimientos Literarios Dominicanos

Movimientos literarios Dominicanos

El Modernismo

Lo natural era el punto clave, lo propio para resaltar las auténticas creaciones.
Figuras de renombre: Rubén Darío (Nicaragua) y José Martí (Cuba).
Obra: “Azul” Rubén Darío y “El Ismaelillo” José Martí.

Apunte destacado: Fue el primer movimiento latinoamericano en ser escogido por los españoles.
2 grandes movimientos reconocidos, anteriormente se conocían al Clasicismo, Neoclasicismo y otros.
La idea central fueron los movimientos de vanguardia, después de sucedidos los grupos de literatura, surgieron a partir de la Generación del 98 en España.

En la República Dominicana la poesía es el género más cultivado. Sus rastros se encuentran en los días de la colonia. La falta de desarrollo económico, el aislamiento impuesto por los ataques de las potencias europeas a España y el sistema de navegación, hicieron de la isla un lugar de escaso desarrollo comercial y por ende cultural. Vino a salir de su marasmo luego de la Revolución haitiana, pero las élites no pudieron desarrollar su capacidad económica en una ciudad letrada de avanzadas. Son contados los criollos dominicanos que estudiaron en Europa y que tuvieran una presencia significativa, además del clérigo Sánchez Valverde, ningún otro fue capaz de incidir con sus ideas en la vida de la región (Fornerín, 2014).

No fue sino hasta finales del siglo XIX cuando apareció la primera colección de poesía “La lira de Quisqueya” y cuando se forjan los primeros poetas de importancia. Del XIX, cabe seleccionar a Salomé Ureña Díaz, a José Joaquín Pérez y a Gastón Fernando Deligne como voces importantes, que muestran una dedicación central en la poesía, el pensamiento y la reelaboración de un sentido estético.

La poesía dominicana viene a tener cierta difusión durante el periodo del modernismo, donde se destacan una gran cantidad de poetas, entre los que sobresale de manera significativa Fabio Fiallo, quien también contribuyera con importantes cuentos. Así que, no solo en la poesía sino en la prosa, la participación dominicana en el modernismo es significativo. Al malogrado autor Federico Bermúdez cabe tener la fuerza poética para dejar atrás la escuela de Darío, con “Oro virgen” y “Los humildes”; entrada la década del treinta aparecen otros poetas de alcances mayores en las letras hispanoamericanas.

Puede ser descrita la poesía dominicana desde dos metáforas usadas por Heidegger: el suelo y la tierra. Toda la gran poesía dominicana ha tendido una relación mayor entre la tierra y el cielo y se ha separado del corazón, de los sentimientos, del amor. En el modernismo era la hiperestesia humana, en los poetas posmodernistas tenemos la tierra, como relación problemática del hombre con su entorno. Fue Domingo Moreno Jiménez quien, en la década de 1920, siendo un cronista de expresión sentimental sobre la tierra, une la poesía y a la espiritualidad. El corazón es entonces puesto en la tierra, en la poesía de Moreno Jiménez, que busca un lenguaje más coloquial y se aleja del retoricismo, de la poesía como artefacto que Darío encumbró.

Con una visión socializante, con un ritmo que pedía un escenario, llegó Pedro Mir, el más centrado en la tierra, que olvida por completo el cielo. Coloca la poesía en la boca de todos. Es el poeta social, portavoz del pueblo, continúa con ‘los humildes’ de Federico Bermúdez. Mir une la vida a la poesía, transforma el lenguaje modernista, el instrumental de Darío, con la finalidad de construir una sinfonía social. Es el poeta político por antonomasia: tierra, ágora y polísse unen en su decir. Tiene la dimensión nacional, la caribeña y la latinoamericana. Juega en la frontera de los imperios

Las Vanguardias de República Dominicana

El Vedrinismo

Tendencia literaria responsable de la introducción del verso libre a la poesía dominicana. El Vedrinismo no debe considerarse como un movimiento literario en sí, ya que los vedrinistas no elaboraron ni desarrollaron un plan de trabajo definido como lo hicieron los demás movimientos anteriores y posteriores a éste. Vigíl Díaz, su creador, se limitó a la búsqueda de una transformación formal en la poesía mediante la utilización del verso libre, olvidándose de que casi todo lo que se escribía en la Re-pública Dominicana en aquel momento estaba íntimamente ligado al modo de pensar europeo.

Tendencia literaria responsable de la introducción del verso libre a la poesía dominicana. El Vedrinismo no debe considerarse como un movimiento literario en sí, ya que los vedrinistas no elaboraron ni desarrollaron un plan de trabajo definido como lo hicieron los demás movimientos anteriores y posteriores a éste (Contín, 1983).

La estadía de Vigil Díaz en Francia lo puso en contacto con escritores vanguardistas que abogaban por el rompimiento total de las formas poéticas europeas vigentes, de quienes absorbió los modelos poéticos que posteriormente introdujo en la literatura dominicana. Así lo expone en la introducción a su libro Galeras de Pafos: “Yo he tendido, por supervisión instintiva, a realizar la ambición de que habla Baudelaire a Arsenio Houssage a la ambición de soñar con una prosa poética, musical, sin ritmo ni rima, bastante flexible y bastante trunca para adaptarse a los movimientos líricos del alma, a las ondulaciones del sueño y a los sobresaltos de la conciencia.

Vigil Díaz, su creador, se limitó a la búsqueda de una transformación for-mal en la poesía mediante la utilización del verso libre, olvidándose de que casi todo lo que se escribía en la República Dominicana en aquel momento estaba íntimamente ligado al modo de pensar europeo. La estadía de Vigil Díaz en Francia lo puso en contacto con escritores vanguardistas que abogaban por el rompimiento total de las formas poéticas europeas vigentes, de quienes absorbió los modelos poéticos que posteriormente introdujo en la literatura dominicana.

Así lo expone en la introducción a su libro Galeras de Pafos: “Yo he tendido, por supervisión instintiva, a realizar la ambición de que habla Baudelaire a Arsenio Houssage: a la ambición de soñar con una prosa poética, musical, sin ritmo ni rima, bastante flexible y bastante trunca para adaptarse a los movimientos líricos del alma, a las ondulaciones del sueño y a los sobresaltos de la conciencia” (Lebrón, 1994).

“El origen de la palabra Vedrinismo, según Manuel Rueda, es como sigue: En 1912 ocurrió la muerte del aviador francés Jules Vedrin, cuyas hazañas aéreas conocidas como Looping the loop, más un vuelo realizado por éste entre París y Madrid, le habían dado fama en su Francia natal. Virgil Díaz, suponiendo que su recién estrenado modo de escribir poesía tenía semejanza con los actos acrobáticos de Vedrin, no vaciló en bautizar su nuevo estilo con el apellido de dicho artista, de donde se deriva la palabra Vedrinismo. Pero esa explicación no fue lo suficientemente convincente como para lograr que su proyecto ganara adeptos. En consecuencia, él mismo tuvo que asumir el rol de dirigente, miembro único y simpatizante del Vedrinismo. Con eso Vigil Díaz no estaba saliéndose de la práctica común de la Europa de aquellos días, donde era prácticamente imposible encontrar movimientos vanguardistas cuyos nombres tuvieran explicaciones lógicas y convincentes capaces de trascender las aspiraciones personales de sus creadores.

Algunos de los movimientos vanguardistas lograron proyectarse fuera de sus entornos geográficos; otros, generalmente los más localistas, quedaron sólo como patrimonios nacionales, y los más egocéntricos apenas sirvieron para satisfacer el ego de sus propulsores. A este último grupo pertenece el Vedrinismo. El siguiente juicio de Vigil Díaz así lo confirma: “Siempre me he empeñado en no perder el pensamiento y la palabra que me da con lealtad y exactitud la medida de mi sensibilidad, mi música íntima, la conservación intacta de mi yo…” Vigil Díaz no elaboró ningún tipo de proclama ni de manifiesto ni tampoco propuso un programa de grandes aspiraciones, como era propio de los vanguardistas. (Martínez, 1996).

Los ideólogos de los mismos siempre encontraron cómo justificar sus ingeniosas y audaces pirotecnias formales y verbales. Ni los cubistas(Francia, 1906), transformadores de la plástica y de la literatura por un largo período; ni los futuristas (Italia, 1909), con los revolucionarios y, ocasionalmente, crueles planteamientos de Marinetti; tampoco los expresionistas (Alemania, 1910), que trataron de llegar alcanzarla más profunda esencia humana por medio de casi todas las manifestaciones artísticas; ni mucho menos los dadaístas (Suiza, 1916), encabezados por Tristán Tzara y quien consobrada solemnidad decía que Dadá no tenía ningún significado, pudieron dar explicaciones verosímiles sobre los nombres de sus movimientos. Algunos de los movimientos vanguardistas lograron proyectarse fuera de sus entornos geográficos; otros, generalmente los más localistas, quedaron sólo como patrimonios nacionales, y los más egocéntricos apenas sirvieron para satisfacer el ego de sus propulsores. A este último grupo pertenece el Vedrinismo. El siguiente juicio de Vigil Díaz así lo confirma: “Siempre me he empeñado en no perder el pensamiento y la palabra que me da con lealtad y exactitud la medida de mi sensibilidad, mi música íntima, la conservación intacta de mi yo…” Vigil Díaz no elaboró ningún tipo de proclama ni de manifiesto ni tampoco propuso un programa de grandes aspiraciones, como era propio de los vanguardistas. El planteamiento estético o lo que podría considerarse como tal está condensado en los siete párrafos que componen el prólogo de Galeras de Pafos.

El modernismo afronta su primer flagelo en 1917, cuando se inicia el primer movimiento renovador de la poesía dominicana, el 10 de noviembre de 1917 con el poema “Arabesco”, se inicia en la revista “La primada de América”, el vedrinismo, comandado por Otilio Vigil Díaz, único representante (por lo menos hasta el lapso que se considera duró el vedrinismo), pues mucho tiempo después se uniría a esta tendencia Zacarías Espinal, como el único adepto del vedrinismo, quien cultivó una poesía letrista basada en sonoridades.
El vedrinismo no recibió apoyo del vulgo para trascender, pues era un movimiento atrevido para lo que el crítico estaba acostumbrado a escudriñar, y también porque fue la primera renovación en toda Latinoamérica, por lo que era algo novedoso desde toda perspectiva; hay que resaltar que en ese contexto el país estaba más atento a la situación político-social, ante una inminente ocupación norteamericana. Sin embargo, el vedrinismo tiene un mérito insoslayable en la literatura dominicana, especialmente en la poesía, es la introducción del verso libre y por tanto de la vanguardia, elementos que marcaron la modernidad poética en nuestra literatura. Los textos más representativos del vedrinismo fueron: “Galeras de pafos”, “Góndolas”, “Miserere patriótico” (Candelier, 2013).

Postulados del Vedrinismo
Yo he tendido, por supervisión instintiva, realizar la ambición de que habla el divino poeta Baudelaire a Arsenio Haussaye: a la ambición de soñar con una prosa poética, musical, sin ritmo ni rima, bastante flexible y bastante trunca para adaptarse a los movimientos líricos del alma, a las ondulaciones del sueño y a los sobresaltos de la conciencia.

Peter Altemberg aconseja: “ante todo, escúchate a ti mismo, da oídos en ti, a tu propia voz; no tengas vergüenza de ti mismo; no te dejes asustar por tus sonidos, aunque sean desacostumbrados, con tal que sean tuyos: ten valor para tus desnudeces; pinta a un hombre en una frase; un suceso del alma en una página; y un paisaje en una palabra.”

Siempre me he empeñado en no perder el pensamiento y la palabra que me da con lealtad y exactitud la medida de mi sensibilidad, mi música íntima, la conservación intacta de mi yo: y por lo demás y los demás, que derrame su veneno el crótalo y su baba el caracol.
Por lo que toca a la estética del futuro, ésta será a métrica, astringente y wagneriana, por no decir que será divina armonía del desorden.

Es pertinente advertir que mis poemas, aquellos que adoro de hinojos, venidos de profundidades misteriosas, los más complicados, los que piden la camisa de fuerza, y que conservo inéditos, para deleirlos más tarde en azul, a través de mis flautas de París, unos fueron escritos en Francia; otros, los más, hace dos lustros sin influencias ni calcomatismos.

¿Galeras de Pafos?… Afroditas, Melitas, Lesbias, Hetairas y Pallakas. Yncubos y Subsubos. Sadismos y Masoquismos. Sátiros y Bacantes coronados de pámpanos. Eurítmicos efebos deshojando rosas. Lechos de sándalo y marfil. Simiente. Palomas blancas y vasos de perfumes. Tiríbulos y crepitantes y embriagadoras sandácaras. Cráteras de Hidromiel. Liras y flautas. Anforas de vino color sangre y de topacio.
Esclavos, remos de plata, y velámenes resumando púrpura sobre las ondas azules y espumosas del ponto que arrulla y refresca la isla maldita de Chipre. Pues nada de esto; el título de este libro, nada tiene que ver con el alma de este libro, que es casi inofensiva, transparente y sencilla como una campiña; es simplemente el cumplimiento de un canon parnasiano: todo título debe ser bello, poco importa que no diga nada.

Postumismo

Movimiento literario aparecido en Santo domingo en 1921. El Postumismo cambió radicalmente el sentido del discurso poético dominicano. A partir de éste se comenzó a hablar de poesía dominicana tradicional y de poesía dominicana moderna, debido a que los postumistas pusieron en práctica una nueva forma de poetizar la realidad dominicana. El Postumismo ha sido definido por los mismos postumistas y, también, por sus detractores. Domingo Moreno Jiménez, iniciador y líder principal del grupo, lo interpreta como “una actitud del espíritu expresada por medio de un acento emocional, en oposición al acento periódico”.
A pesar de lo que se diga, la recepción del postumismo fue casi masiva en los círculos literarios de la capital, Santiago, San Pedro de Macorís y El Seibo, para no mencionar otras ciudades donde el peregrinar de un apostolado mesiánico llevó a Domingo Moreno Jiménez, a otros miembros prominentes y adeptos del grupo (Céspedes, 1985).

En Domingo Moreno Jiménez: apóstol de la poesía, José Rafael Lantigua expresa que “el Postumismo es fuente creadora, manantial de convicciones claras, quizás no muy precisas, pero sí evidentemente diáfanas. Nada de ocultamientos, ni de malabarismos. Creación hacia un fin determinado, con el que da la naturaleza misma”. Baeza Flores, por su parte, lo concibe como: “Liberación a través de la autenticidad de la expresión propia”. “El Postumismo descubre de un modo amplio, por primera vez, la tierra dominicana, el sentido racial y el sentido morfológico de nuestra realidad.
El realismo no está ahora determinado por unas normas preceptivas ni por modelos a los cuales hay que ser fiel, sino por el impulso del alma del poeta en contacto directo con la realidad nativa”.

El Postumismo apareció en marzo de 1921, cuando la revista Cuna de América, bajo el título de Postumismo, dedicó un número completo a la divulgación de un conjunto de poemas que se apartaban radicalmente de las normas y los patrones vigentes del quehacer poético dominicano. Seis años después, en 1927, apareció la revista El día estético, órgano de difusión del grupo. La reacción de los intelectuales de entonces fue inmediata pues sintieron que ese “pozo negro de la poesía dominicana”, como irreverentemente denominó Patín Maceo al Postumismo, además de cuestionar la castidad y la pureza de la poesía que se había escrito en el país, ponía en peligro el futuro de las letras nacionales.

Los poetas postumistas pertenecían, pues, a la avanzada cultural de una importante red de activistas político-ideológicos que, durante la Ocupación y después de esta, se dedicaron a realizar un intenso e intensivo trabajo de consolidación del campo nacionalista en todo el país. Desde este punto de vista, casi parece lógico que la publicación del “Manifiesto postumista” haya tenido lugar el mismo año de la fundación de la Asociación Literaria Plus-Ultra, la cual inició sus actividades, bajo la dirección de Manuel Arturo Peña Batlle, el 20 de noviembre del mismo año de 1921. Y como nos lo recuerda Paulino: Algunos de los miembros de Plus-Ultra pasaron al Paladión a partir del momento en que sus integrantes, encabezados por Peña Batlle, se integraron al Partido nacionalista de Américo Lugo (Paulino, 2010).
En el mismo año l92l, en el prólogo a su primer poemario titulado Fantaseos, Andrés Avelino dio a la publicidad el manifiesto postumista preparado por él. El documento, de unos veinte postulados, anunciaba, según los postumistas, la ruta que debía seguir la poesía dominicana a partir de ese momento. A pesar de que en el primer número de El día estético aparecieron los nombres de Vigil Díaz, Francisco Ulises Domínguez, Federico Lora, LuisMota y Tulio Pina, el Postumismo creció alrededor de tres figuras claves: Domingo Moreno Jiménez, Rafael Augusto Zorrilla y Andrés Avelino, quienes se reunían en la Colina Sacra, nombre con que fue designado el hogar de Domingo Moreno Jiménez, a discutir los planes de trabajo e intercambiar sus escritos.

Sin embargo, en su ensayo, Paulino Ramos menciona un dato que no manejan ni Céspedes ni Lantigua. Se trata de la participación de Moreno Jiménez como profesor de Literatura en la efímera Universidad Popular y Libre del Cibao, creada por iniciativa de Juan Isidro Jiménez Grullón en los salones de la Sociedad Amantes de la Luz de la cual él era presidente. Dicha universidad funcionó hasta 1933, cuando la Sociedad Amantes de la Luz de Santiago cerró sus puertas por falta de recursos, aunque, como apunta el mismo Paniagua: «la represión era la principal causa de lo que estaba aconteciendo, ya que las autoridades redujeron la ayuda que entregaban a la institución (Paulino, 2010).

Los enemigos del Postumismo fueron implacables con los postumistas y se propusieron la inmediata destrucción del grupo. Para lograrlo, alimentaron con sarcasmo e ironía soterrada, la idea de que Moreno Jiménez era el Sumo Pontífice de los postumistas, mientras que Zorrilla y Avelino eran apenas Pontífices.
Eso, como era de esperarse, causó malestar y aumentó los conflictos que ya se reflejaban en el grupo antes de cumplir el primer año.